Felipe VI llegó a la Jefatura del Estado a través de un procedimiento contrario a lo que se exige de una democracia plena, es decir, por medio de la sucesión dinástica y no por el voto de la ciudadanía, como hacen los jefes de Estado de las democracias más poderosas del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, se ha votado ya en dos ocasiones para que el pueblo eligiera a su presidente durante el tiempo en que Felipe de Borbón ocupa su puesto.

En la última semana han sucedido dos hechos que hubieran obligado a Felipe VI a dar explicaciones o un paso al frente de cara a la ciudadanía: en primer lugar, los mensajes de los militares retirados en los que se habló de un pronunciamiento militar. En segundo término, el reconocimiento implícito por parte de su padre, Juan Carlos I, de haber utilizado tarjetas de crédito con fondos que no estaban declarados a Hacienda.

El actual Jefe del Estado se ha caracterizado por, precisamente, ponerse de perfil cuando el pueblo más le necesitaba. Lo de esta semana no es la primera vez y, al parecer, no será la última.

España es un país muy dado a colocar un apelativo o apodo a los reyes: Carlos II, «el Hechizado», Felipe V, «el Animoso», Fernando VII, «el Felón», José I, «Pepe Botella» o Isabel II, «la Castiza». A Juan Carlos I, antes de conocerse sus escándalos financieros, se le solía llamar «el Campechano» y a Felipe VI, por su preparación académica, «el Preparado». Sin embargo, el actual Jefe de Estado se está ganando el apelativo de «el Mudo» por, precisamente, ese ponerse de perfil ante los verdaderos problemas que afectan al país, a la Monarquía o a la ciudadanía.

En sus discursos de Nochebuena, por ejemplo, pasa muy por encima, u obvia, asuntos tan serios como los abusos de los poderes económicos, financieros y empresariales, la corrupción de la Justicia, las víctimas del franquismo o las de la violencia machista. Normalmente, suele iniciar esos discursos afirmando que se iba a referir a los principales problemas de los ciudadanos, pero suele olvidarse de todas las mujeres que han sufrido, que están sufriendo y que sufrirán situaciones de maltrato grave y que, por desgracia, en algunos casos terminarán en un asesinato.

Felipe VI, «el Mudo», tampoco dedica espacio en su discurso de Nochebuena a las víctimas del franquismo, lo que sorprende cuando, haciendo referencia a Cataluña, utiliza tanto expresiones como   reconciliación, convivencia y de cerrar heridas.

Sin embargo, lo que ha ocurrido esta semana precisaba de que el Jefe del Estado diera un paso adelante para frenar cualquier movimiento golpista que se esté produciendo entre los militares retirados y el posible contagio en los altos mandos en activo. El silencio, en un caso como este, ¿se convierte en complicidad?

Es evidente que Felipe VI no está cómodo con una parte de un Gobierno que cuestiona su legitimidad en el cargo que ocupa, sobre todo porque en una democracia nadie le ha votado. Tampoco le debe gustar que el número de ciudadanos y ciudadanas de este país que reclama insistentemente la celebración de un referéndum para decidir lo que no se permitió en 1978: que el pueblo soberano determine el modelo de Estado, y, sobre todo, que los votantes de la parte del Gobierno que defiende su figura sean claramente republicanos.

Sin embargo, el famoso chat de militares retirados franquistas iba más allá de una mera opinión, puesto que se hablaba de fusilar a 26 millones de personas, es decir, a todo el pueblo con ideología progresista, y la puesta en marcha de un procedimiento militar para terminar con el gobierno social-comunista.

El silencio de Felipe VI ante un hecho tan grave es inaceptable porque no se puede esconder en su neutralidad política. Un pronunciamiento o un golpe de Estado es, precisamente, un asunto que le compete directamente, además de como responsable de la Jefatura del Estado, por su condición de Capitán General de los Ejércitos, el único título que tiene mando real. Por tanto, cuanto menos, se esperaba un mensaje o una orden a los generales en activo para frenar cualquier tentación golpista. Sin embargo, el silencio de Felipe VI es absolutamente estruendoso.

Sobre todo, cuando en el mes de junio, una web vinculada a la extrema derecha, preguntó a sus lectores si Felipe VI debe disolver las Cortes, convocar al Ejército y tomar el mando. Es decir, un golpe de Estado en toda regla. O cuando Fulgencio Coll, portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Mallorca, afirmó que «los poderes del Estado deben impedir la investidura». Esto ya era una llamada a subvertir el orden democrático de manera violenta y el propio Santiago Abascal, para defender a Coll, afirmó en redes sociales que «España se va a defender».

Por otro lado, al igual que ocurrió durante el confinamiento con las noticias sobre la investigación de la Fiscalía de Suiza sobre Juan Carlos I, la Casa Real ha mantenido un silencio elocuente respecto al reconocimiento por parte del rey emérito de que utilizó tarjetas de crédito que se nutrían de fondos opacos procedentes del empresario mexicano Allen Sanginés-Krause que están siendo investigados por la Fiscalía del Tribunal Supremo. El reconocimiento de los hechos se halla en la presentación a la Agencia Tributaria una declaración para regularizar su situación fiscal.

Que un exjefe del Estado haya utilizado dinero que se ocultaba a Hacienda es un hecho tan grave que requería una declaración institucional de Felipe VI. Sin embargo, nada. Sólo silencio. El rey se quedó mudo.

Sin embargo, durante los días más duros de la pandemia del Covid19, Felipe VI tardó semanas en dirigirse al pueblo español. Un Jefe del Estado está obligado a ponerse al frente de las crisis que azoten el país y, en el caso del coronavirus, España se encontraba en una situación en la que se conjugaban lo social, lo político, lo económico y lo empresarial. Es decir, una crisis en toda regla y, sin embargo, Felipe de Borbón permaneció callado, como permanece en la actualidad, totalmente mudo.

2 Comentarios

  1. a este rey le a dicho su papi el canpechano tu calladito y asi tendras a los militares a tu lado y al pueblo que le den vergonzoso y perdonar que sea tan cafre pero veo otra intentona golpita cualquier dia de esto mes de febrero por ejemplo

  2. El silencio del rey es de una complicidad sospechosa con lo que está pasando delante de sus narices…para qué coño está este tipo?
    Para cobrar? Para vivir a cuerpo de rey? Para qué quiero yo un rey? Su actitud es escandalosa y miserable con el pueblo… que no le votó desde luego.

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