El discurso del Felipe VI ha durado apenas 7 minutos en los que no ha dicho nada de lo que esperaban los españoles: los negocios de su padre.

El jefe del Estado ha sido absolutamente institucional, centrándose únicamente en la actual crisis sanitaria que vive España y que tiene a toda la ciudadanía recluida en sus casas para evitar contagios.

Felipe VI ha iniciado su discurso haciendo mención a su reunión con el gabinete de crisis para analizar la situación actual de España: «Todo el Estado, todas las Instituciones públicas, están volcadas en resolver esta crisis que constituye nuestra prioridad esencial y todos los españoles pueden sentirse protegidos».

El jefe del Estado ha recordado a las personas fallecidas, a las que están hospitalizadas y, sobre todo a todos los que están trabajando para frenar la pandemia: «hoy es más de justicia que nunca dar las gracias a todas las personas, entidades y servicios públicos, sin excepción, que están ayudando y se están sacrificando por los demás. Y quiero personificar esa gratitud en uno de ellos. Sabíamos que tenemos un gran sistema sanitario y unos profesionales extraordinarios; a ellos quiero dirigirme ahora: tenéis nuestra mayor admiración y respeto, nuestro total apoyo. Sois la vanguardia de España en la lucha contra esta enfermedad, sois nuestra primera línea de defensa. Los que todos los días y a todas las horas del día, estáis cuidando a los afectados, curando a los enfermos, dando consuelo y esperanza a los que lo necesitan. Vuestra profesionalidad, entrega a los demás, vuestro coraje y sacrificio personal son un ejemplo inolvidable. Nunca os podremos agradecer bastante lo que estáis haciendo por vuestro país. No os puede sorprender que desde las casas de toda España se oiga un aplauso emocionante y sentido. Un aplauso sincero y justo, que estoy seguro que os reconforta y os anima».

A partir de este punto, Felipe VI ha lanzado el mensaje del optimismo, de que esta crisis es temporal y que se le va a vencer al virus con la colaboración de todos y la unidad. «Ahora debemos dejar de lado nuestras diferencias. Debemos unirnos en torno a un mismo objetivo: superar esta grave situación. Y tenemos que hacerlo juntos; entre todos; con serenidad y confianza, pero también con decisión y energía. Ahora tenemos que resistir, que aguantar y tenemos que adaptar nuestros modos de vida y nuestros comportamientos a las indicaciones de nuestras autoridades y a las recomendaciones de nuestros expertos para ganarle al virus. Todos debemos contribuir a ese esfuerzo colectivo con nuestras actitudes y nuestras acciones, por pequeñas que sean […] Esta es una crisis temporal. Un paréntesis en nuestras vidas. Volveremos a la normalidad. Sin duda. Y lo haremos más temprano que tarde: si no bajamos la guardia, si todos unimos nuestras fuerzas y colaboramos desde nuestras respectivas responsabilidades. Recuperaremos la normalidad de nuestra convivencia, la vida en nuestras calles, en nuestros pueblos y ciudades; la economía, los puestos de trabajo, nuestras empresas, nuestros comercios, nuestros talleres… España recuperará su pulso, su vitalidad, su fuerza […] España es un gran país; un gran pueblo que no se rinde ante las dificultades. Este virus no nos vencerá. Al contrario. Nos va a hacer más fuertes como sociedad; una sociedad más comprometida, más solidaria, más unida».

Este discurso era el que esperaban los españoles y españoles que hubiera dado durante el fin de semana, cuando más confusión había tras la declaración del estado de emergencia por parte del Gobierno. Sin embargo, mientras el pueblo estaba desconcertado sin saber qué hacer, recibiendo informaciones contradictorias. La ciudadanía necesitaba que el jefe del Estado se pusiera el frente. Como dijo Víctor Hugo, «Intentar, desafiar, persistir, perseverar, ser fiel a sí mismo, pelear a brazo partido con el destino, dejar asombrada a la catástrofe cuando ve qué poco miedo nos da, ora enfrentarse al poder injusto y ora rebelarse contra la victoria ebria, resistir, plantar cara: ése es el ejemplo que necesitan los pueblos y la luz que los electriza». Eso era lo que esperaban los ciudadanos y ciudadanas de este país de Felipe VI. Sin embargo, permaneció callado y fue el presidente Pedro Sánchez, junto a todo el Gobierno, quien asumió la responsabilidad que se espera de un líder político.

Por otro lado, los españoles y españolas también esperaban que Felipe VI hiciera mención a la situación crítica que vive la Monarquía por las actividades presuntamente corruptas de su padre. Sin embargo, ni una sola mención. El país se encuentra ante una crisis institucional de dimensiones jamás vistas desde la caída de Alfonso XIII. Felipe de Borbón ha preferido callar a dar la cara ante el pueblo español, afrontar las consecuencias y pedir perdón. Nelson Mandela decía que «los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo». La Monarquía se encuentra en una crisis tan grave que es el momento de que se den pasos para devolver la voz al pueblo y que sea éste el que decida quién quiere que ocupe la la Jefatura del Estado que, al fin y al cabo, representa a todos y todas.

Es muy grave que Juan Carlos de Borbón esté siendo investigado por una fiscalía por el presunto cobro irregular de comisiones y, por extensión, por supuestamente haber escondido ese dinero del fisco español. Es muy grave que esas actividades se produjeran durante el tiempo en que ocupaba la Jefatura del Estado y es muy grave que la impunidad que da la inviolabilidad haya sido utilizada para acumular riquezas y ocultarlas en países con secreto bancario. El New York Times calculó, en base a una información de Forbes, que la fortuna de Juan Carlos de Borbón superaba los 2.000 millones de euros. ¿De dónde sacó todo ese dinero?

Ante una crisis institucional tan grave, Felipe VI ha guardado silencio, hecho que agrava aún más la situación. Cuando se supere la pandemia del coronavirus, llegará el tiempo de dar pasos adelante y quien se quiera oponer, desde el ámbito que sea, lo que estará defendiendo será un caso de presunta corrupción.

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