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Menores, guarda y custodia y violencia

Un hijo no es solo una planta a la que regar cada día y echarle abono de vez en cuando. Un hijo debe ser educado, corregido cuando es necesario, enseñado en un modelo de respeto y tolerancia, debe ser amado y protegido y ser alejado de modelos en los que todo vale

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análisis

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Si una ley no sirve para proteger y hacer que los niños vivan y se desarrollen en un entorno seguro, algo funciona mal. Si la aplicación automática de la guarda y custodia compartida prescinde de las causas de la ruptura de sus padres, la decisión judicial es probable que yerre y no proteja adecuadamente a los menores.

Desde la descausalizacion del divorcio y la conformación de una doctrina jurisprudencial que desde el Tribunal Supremo ha ido “imponiendo” como norma la guarda y custodia compartida de los menores implicados en el procedimiento de ruptura de sus progenitores, se ha producido una censurable práctica judicial: como la custodia compartida es la “norma”, no se admite con facilidad ahondar en las causas de la ruptura de los progenitores, en cómo era la convivencia real entre ellos, en sus perfiles, o en saber el entorno donde los niños se tendrán que desarrollar. Cuando esto ocurre, no se imparte justicia en letras grandes, dando a cada uno suyo como sostenía Ulpiano.

Un hijo no es solo una planta a la que regar cada día y echarle abono de vez en cuando. Un hijo debe ser educado, corregido cuando es necesario, enseñado en un modelo de respeto y tolerancia, debe ser amado y protegido y ser alejado de modelos en los que todo vale.

Indefensión para las partes

En la jurisdicción de familia tan especial  -que no asistida todo lo que debe por jueces verdaderamente especializados y sensibles- existe una clara situación de indefensión para las partes, y a la postre para los hijos, cuando parece que no importa, ni se admiten pruebas en el procedimiento, sobre cuestiones tales como si los padres se hablan con respeto, si se profieren insultos, qué tipo de prácticas tienen en su vida, si consumen sustancias tóxicas, si sus hábitos son saludables, qué modelo educativo han practicado, o si ejercen entre sí chantajes o cualquier violencia.

Un hijo no es solo una planta a la que regar cada día y echarle abono de vez en cuando

Un injusto cambio de paradigma

Con demasiada frecuencia llegamos a esos juicios los abogados y nos encontramos con que lo ocurrido hasta entonces no sirve. “Señora letrada, eso ahora no nos interesa, porque es ahora cuando tenemos que decidir si el señor X puede cuidar de sus dos hijas” … ¿Cuidarlas como si fueran plantas?

Da igual que el señor X no haya jamás estado con ellas, o que lo más bonito que le haya dicho a la madre sea “gilipollas “, “gorda” o “eres una inútil”. Su Señoría te espeta “Señora letrada, ¿hay denuncia por malos tratos?”. “No señoría, mi clienta nunca quiso ponerla, porque nunca se sintió lo suficientemente fuerte”. “Pues entonces todo eso aquí no importa”.

Y acuerda sin más la custodia compartida porque es la norma. Hemos pasado de injustas custodias maternas por norma, a compartidas con igual criterio de injusticia.

En la práctica de mi profesión, como especialista en derecho de familia, y lo digo sin rubor, podría poner cientos de ejemplos en los que la impotencia me ha embargado cuando he visto que en el juicio se pasaba de puntillas sobre cuestiones que yo hubiera querido que se analizaran si de mis hijos se hubiera tratado. Siempre cabe contra una mala sentencia, un buen recurso, pero en esta jurisdicción, en donde la sentencia entra en vigor de inmediato, el daño puede ser irrecuperable.

Hemos pasado de injustas custodias maternas por norma, a compartidas con igual criterio de injusticia

La Ley de Protección a la Infancia

El Congreso aprobó este jueves la Ley de Protección a la Infancia con un amplio consenso (297 votos a favor y solo 52 en contra) que señala una vez más a VOX con una postura que nuevamente les delata.

Ojalá este sea el principio de la obligación de tener que oír más a los niños, de proteger su imagen, de que los jueces no puedan aplicar con automatismo la guarda y custodia compartida cuando haya en el proceso de familia indicios de machismo, de cualquier violencia, incluida la verbal, tan habitual y “consentida”; cuando haya intereses espurios, o chantajismo. Ojalá empecemos a analizar las causas y los porqués de las rupturas en beneficio de los que no pidieron nacer y que siempre son los que sufren sus consecuencias. La infancia, los menores, nuestro futuro, necesitan no ser testigos de ninguna violencia, mucho menos ser víctimas de ella.

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