Ya es oficial. La extrema derecha ha tocado poder y ha conseguido hacerse con el mando de la Consejería de Educación y Cultura de la Región de Murcia. Esa es la factura que le han pasado al Partido Popular los diputados díscolos de Vox por el apoyo a Fernando López Miras en la moción de censura, una factura que, al parecer, no le ha costado mucho pagar.

Esto es lo mismo que ocurrirá en la Comunidad de Madrid si Isabel Díaz Ayuso consigue revalidar la presidencia y necesita el apoyo de los ultras: le pedirán las consejerías de Educación y de Igualdad para poder revertir los avances en estas materias e imponer, como sólo lo sabe hacer la extrema derecha, sus planteamientos puramente medievales.

No hay que ser muy inteligente para dar por hecho que una de las primeras medidas que llevarán a efecto una vez que Mabel Campuzano, la diputada díscola de extrema derecha que ha sido nombrada como nueva consejera de Educación y Cultura, será la aprobación del pin parental en los colegios e institutos murcianos.

No sería de extrañar que la siguiente medida fuese la que estaba recogida en el punto 67 del programa electoral de Vox Nacional: «Impulsar una ley de protección de la tauromaquia, como parte del patrimonio cultural español». Tampoco será descartable la creación de una legislación especial en favor de la caza porque, como afirman en Vox, se trata de una actividad necesaria y tradicional del mundo rural.

Por otro lado, y al igual que ya reclamaron en Andalucía, la extrema derecha española es favorable a la enseñanza diferenciada, esto es la separación de los alumnos en función de su género, algo que, nuevamente, demuestra su concepción medieval de lo que significa la educación. Según ese modo de ver cómo deberían ser los colegios, en Vox ya señalaron que la presencia del sexo opuesto en las aulas distrae.

Todo eso, y mucho más, puede pasar en Murcia y, sobre todo, en Madrid.

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