La democracia se construye desde abajo, en el colegio. Y a la inversa, la forma más fácil y eficaz de destruir la democracia es anular en los niños y niñas, desde bien temprano, todos los valores humanistas, éticos y políticos que defiende. En España tuvimos un buen ejemplo durante los cuarenta años de dictadura, cuando a los escolares se les adoctrinaba en los principios del dogma religioso y del Movimiento Nacional, entre rosario y padrenuestro, y se les obligaba a cantar el Cara al Sol, en pie y brazo en alto. Las noticias de esa forma totalitaria de educar al margen del pensamiento libre y de la razón han llegado hasta nosotros no solo por los libros y las hemerotecas: muchos mayores, auténticos portadores de la memoria histórica, aún viven para contarlo y explican a sus nietos las duras “lecciones” que recibieron del Régimen, la inútil lista de los Reyes Godos que aprendieron a fuerza de guantazos, el catecismo adoctrinador y la vida y milagros de José Antonio Primo de Rivera, una biografía que todo pupilo debía conocer y recitar “de pe a pa”.

Hoy Vox pretende volver a aquella educación represora y fascista. De hecho, ya ha empezado a introducir en las aulas de Murcia el “pin parental”, un terrible eufemismo que esconde la posibilidad de que los padres puedan sacar a los niños de aquellas clases donde se enseña, entre otras cosas, educación en igualdad de sexos. “Los padres saben mucho mejor que los profesores lo que es mejor para sus hijos”, ha asegurado el portavoz de la formación ultraderechista Iván Espinosa de los Monteros en una de las afirmaciones más disparatadas que se le recuerdan (lo cual ya es decir). Según el envarado y flemático diputado, hay que concluir que los padres lo saben todo y mucho mejor que los maestros, desde las técnicas pedagógicas más adecuadas y eficaces para transmitir conocimientos hasta cómo explicar la teoría de la relatividad a los alumnos. Bien por el señor Espinosa, en un momento se ha cargado la carrera de Magisterio.

En su inmadurez intelectual y sectarismo ideológico, el señor Espinosa de los Monteros ha llegado a la errónea conclusión de que el padre y la madre no solo son oráculos sabios, infalibles y todopoderosos capaces de enseñar todo el saber del universo a los chiquillos, sino una especie de tedioso policía, un Gran Hermano orwelliano y sobreprotector siempre vigilante y atento para que las ideas feminazis y la filosofía del “consenso progre” no calen en las mentes puras e inocentes de los niños y niñas, contaminándolas sin remedio. En el fondo, de lo que estamos hablando aquí es de un hombre con miedo, miedo a las ideas humanistas, miedo a la ciencia, miedo a la verdad. Espinosa de los Monteros es como uno de esos frailunos amish norteamericanos con levita negra y sombrero de paja que sueñan con recluir a los niños en un apartado poblado en el desierto para que no entren en contacto con el mundo exterior, con una sociedad depravada llena de pobres, negros, homosexuales y mujeres liberadas, con una realidad siempre dura y difícil de digerir.

El portavoz de Vox, en su delirio freudiano neototalitario y ultrarreligioso, es como uno de aquellos monjes medievales e inquietantes de El nombre de la rosa que andaban todo el rato escondiendo los libros considerados peligrosos o pecaminosos, no fueran a corromper el alma de los fieles cristianos. O como uno de aquellos personajes de El Bosque, la magnífica película de M. Night Shyamalan en la que los miembros de una hermética comunidad aislada de la civilización viven como en el siglo XIII, aterrorizados por unos seres extraños que supuestamente habitan al otro lado de la valla (la ultraderecha siempre con sus muros) y que para salvarse deben cumplir escrupulosamente ciertas reglas estrictas, entre ellas no salir al mundo real, evitar el contacto con “los otros” y repudiar el color rojo porque atrae a las bestias. Como se sabe, al final de la película (y perdón por el necesario spoiler) no había monstruos feroces acechando, salvo aquellos que eran capaces de inventarse en sus mentes retorcidas los líderes de la secta, que es lo que a fin de cuentas es Vox, más que un partido político.

El miedo es el combustible más potente con que cuenta la ultraderecha de nuevo cuño. Un partido ultra será más eficaz y exitoso en sus fines políticos cuanto más y mejor sepa agitar el fantasma del miedo y propagarlo entre sus acólitos y en general entre la sociedad. Miedo a los libros perniciosos escritos por rojos descreídos que van contra la fe de Dios; miedo a las ideas democráticas que nacieron en la Ilustración, en el Siglo de las Luces, y que hablan de libertad, igualdad y fraternidad; miedo a esos maestros comunistas con rabo y cuernos (otra vez el inventado espantajo) que son capaces de todo, incluso de arrojar un poco de luz en las tinieblas de la superchería, la ignorancia y la barbarie; y miedo, en definitiva, a que los inocentes niños y niñas puedan salir de esa granja rodeada de alambre de espino y aislada de todo, tal como ocurría con los enigmáticos y atormentados personajes de El Bosque.

Espinosa de los Monteros, como la mayoría de sus compañeros de partido, no es un político al uso. Es un moralista estricto y prusiano, un mojigato que puede hacer mucho daño a la democracia porque se empieza por esa estupidez del pin parental contra las clases de igualdad y se termina enseñando que el ser humano desciende de Adán y Eva y no de una australopiteco peluda y con las mamas al aire de nombre Lucy. En Espinosa de los Monteros, como en el resto de sus compañeros de partido, no hay que buscar solo a un diputado, sino a un atrabiliario censor de la educación pública y democrática, a un inquisidor temeroso de que los escolares conozcan las verdades del mundo sin tapujos, verdades como que la mujer no está sometida al poder del macho, verdades como que los seres humanos no practican una única sexualidad hetero, verdades incómodas como que en el principio no fue el Verbo (¡cómo iba a ser el verbo si no había sustantivo!) sino un estallido fugaz de materia y tiempo que puso en hora el reloj de este enloquecido Universo en el que andamos metidos. Hoy es el pin parental, mañana el creacionismo como asignatura obligatoria. Y así es como se forjan generaciones enteras de niños estúpidos, pacatos, ciegos e ignorantes sometidos al oscurantismo religioso que, tal como ocurría en el Edad Media, vivirán engañados en una burbuja repleta de fanatismos, dogmas absurdos y falsas creencias. Sobreprotegidos, adoctrinados y programados, carentes de toda libertad. Como en la peli del indio genial.

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5 Comentarios

  1. Esta medida no es para evitar contenidos obligatorios, sino charlas extracurriculares que dicho sea de paso son un negociete, y que se intentan imponer como obligatorias. Su argumento del miedo se le revuelve. Infórmese, hombre.

  2. Esto ya se ha hecho en Estados Unidos y Canada. Son talleres en los que se les enseña a los niños que pueden estar con un hombre o una mujer, sin importar su sexo.
    Dado que a día de hoy se puede optar por religion o no en las aulas, no sé por qué elegir que no quieres que les digan a tus hijos que su sexualidad no está basada para nada en su biologia, sino en algo cultural que la sociedad se ha inventado, sí está mejor visto y es admisible.
    Lo del respeto y la tolerancia para los demás no? En mi caso que se haga lo que yo digo por que yo sí que tengo razón.
    Por Dios, un paso más y como en Estados Unidos, los padres que se llevaron a sus hijos de esos talleres fueron encarcelados por no promover la “igualdad”. Igualdad del que piense como yo bien, y el que no lo envío al campo de exterminio.
    Pero hombre, en serio vais de ovejas blancas? Qué poca vergüenza exponer todos esos hechos con tanto odio.

  3. Si en un país se premian-ayudan a las irracionalidades, ¡ya todo es agonía para el que lucha por lo equilibrado!, ¡ya todo es agonía por seguro para una persona buena!
    En España, TODO LO HAN CONSEGUIDO A TRAVÉS DE VETAR A LA VERDAD de alguna manera. ¡Da asco!, a mí me han vetado millones de veces (!hasta las lágrimas me las han vetado!), a la Luz la han vetado objetivamente millones de veces, a Miguel Hernández, a Jesucristo o en verdad a todo a lo que huele a demostración de decencia. Matan al Bien, y se ríen de matarlo. ¿Cuándo pararán?, !por Dios!
    Siempre premian a alguna maldad, ¡siempre!, ya sea protegiendo a la irresponsabilidad del «porque sí», o del NO SABER VALORAR éticamente, o del ayudar a la telebasura o a los inmorales sobreproteccionismos contra el esfuerzo-verdad, o ya sea apuntándose todos a algún poder en un abandono total al correspondiente DEBER ÉTICO, ¡y el bueno que se siga humillándose!! José Repiso Moyano

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