Por primera vez, desde hace más de 150 años el reloj de la Puerta del Sol dará dos veces las campanadas el día de Nochevieja, una al compás del horario peninsular y la segunda adaptada al horario canario. De este modo, el reloj que nos acompaña cada año hará doblete y así los más despistados tienen una segunda oportunidad para intentar no atragantarse con las doce uvas.

El reloj de la Puerta del Sol corona el casco antiguo de la ciudad de Madrid desde que lo inaugurara la reina Isabel II en 1866. Desde entonces, la tradición de las doce uvas la han dirigido las agujas de este reloj que fue un regalo de Losada, el relojero José Rodríguez Conejero. Sin embargo, antes de que Losada dedicara tres años para dar vida al actual reloj de la Puerta del Sol, hubo otras dos versiones anteriores que intentaron ganarse la confianza del público con una manecillas que resultaron ser imprecisas.

La radio fue la primera en adueñarse de la retransmisión de las campanadas de fin de año y, desde 1962 saltaron a la fama de la mano de Televisión Española. Este avance afianzó la tradición de comer doce uvas cuyo origen se supone data de 1909 cuando unos viticultores levantinos tras un excedente de uvas decidieron repartirla gratuitamente entre los ciudadanos, aludiendo que les traería fortuna para cada uno de los meses del año.

Fortuna o no, las doce uvas forman parte ya de nuestra historia y cultura. El reloj de la Puerta del sol ha sido testigo de numerosos acontecimientos como, por ejemplo, el impacto de un obús durante la Guerra Civil en una de sus esferas. Su antecesor, presidió en la segunda mitad del siglo XVII la plaza desde el lado este, en la fachada de la iglesia del Buen Suceso, donde ahora gobierna la tienda Apple.

Otros dos grandes relojes intentaron hacerse un hueco en el epicentro de la ciudad de Madrid. En 1854, se derribó la iglesia del Buen Suceso y se levantó el Hotel de París y esta vez, un nuevo reloj, con tres esferas y dos manecillas, prometía estar a la altura de la Puerta del Sol. Sin embargo, no fue así, cada una de las esferas ofrecía una hora diferente y aunque se llevaron a cabo diversas reformas, continuó haciendo gala de la imprecisión.

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