La mayoría de estos jóvenes han vivido una situación de desamparo o abuso. Foto: Flickr.

Los datos presentados por Cruz Roja permiten hacer una radiografía de cuál es la situación de los jóvenes que empiezan a caminar solos después de haber estado bajo la tutela de los servicios sociales. El dato más alarmante es que el 10,3% de los jóvenes extutelados atendidos por Cruz Roja no tiene tarjeta sanitaria. Esto deja a los jóvenes en una delicada situación al tener que pagar para recibir la debida atención médica. Pero no es este el único dato preocupante, ya que un 7% de estos jóvenes padece algún tipo de enfermedad grave o discapacidad.

Felices a pesar de todo

Pero la vulnerabilidad de estas personas no se demuestra sólo en aspectos físicos o materiales. En el terreno emocional, muestran carencias de afecto, puesto que el 55% de estos chicos y chicas no tienen a nadie que les exprese cariño. Un aporte clave para desarrollar confianza en uno mismo, algo que confiesan haber perdido el 30% de ellos. Pero a pesar de esta carencia los chicos y chicas muestran un gran aplomo, tal y como refleja que el 53% indica no estar ansioso ni deprimido y el 65% se siente razonablemente feliz dadas las circunstancias.

Sin la compañía de adultos

Estos jóvenes emprendieron un proceso migratorio sin la compañía de ningún adulto y acabaron en una Europa que no sabe o no quiere proponerles cobijo y reinserción. La mayoría de ellos han vivido situaciones que generan una extrema vulnerabilidad, como el desamparo y abandono familiar, el sinhogarismo, la violencia psicológica o el abuso sexual. A pesar de estos atenuantes para el desarrollo de la madurez emocional, el proceso de emancipación de estos jóvenes se inicia once años antes que la media de los jóvenes españoles. La situación se ve agravada con la llegada de la Covid-19. Como ejemplo, la situación irregular, y la franja de edad de 18 años, de la mayoría de ellos les impide ser beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital. Una medida solidaria destinada a las personas mayores de 23 años, y con una vivienda fija. Así que, la crisis sanitaria amenaza aún más la situación de unos jóvenes de los que casi nadie quiere oír hablar.

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