Desde Cruz Roja se traza un itinerario para que el proceso de independizarse sea lo más seguro posible para los jóvenes. Foto: Flickr.

El 84% de los jóvenes extutelados atendidos por Cruz Roja se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión. Son los datos que revela un informe de la ONG presentado esta semana. Jóvenes que se convierten en mayores de edad y que tienen que empezar a caminar solos. Los datos son estremecedores. Uno de los principales problemas que se encuentran es el mismo con el que se encuentran el resto de chavales de su edad: el paro. Solo que a ellos les deja en una situación de mayor vulnerabilidad al no tener familiares que les apoyen. El 81,5% de estos jóvenes está desempleado y el 84% no recibe ninguna prestación o subsidio. Esto provoca que algunos de ellos acaben deambulando por las calles. Concretamente, el 10% se encuentra sin hogar de ningún tipo.

Aprendiendo a nadar

“Ahora estoy aprendiendo a nadar”, explica Thierno Mamadou. Que Mamadou no supiese nadar hasta ahora no parece algo demasiado trascendente. Pero si se tiene en cuenta que este joven de 19 años embarcó en una patera a mar abierto, sin seguridad, y sin saber nadar la cosa toma más relevancia.

Rumbo a Europa

Mamadou dejó su Guinea natal después de interrumpir sus estudios porque sus padres no podían seguir pagando la escuela. “Mis padres enfermaron y dejó de entrar dinero. Como no pudimos seguir pagando la escuela me quedé en casa. Tres meses después un amigo me propuso ir a Europa”, explica. El joven tenía entonces 14 años y un futuro marcado por la escasez. Lo que le empujó a embarcarse en un itinerario que le llevó a recorrer el norte de África: Argelia, Malí, Libia y Marruecos; y no en hoteles, sino durmiendo en la calle por no tener dinero o en la cárcel por no tener papeles. “En Malí estuvimos durmiendo un mes en la calle. Hasta que mi amigo consiguió dinero para cruzar a Argelia”. El sueño de Europa parecía estar más cerca que nunca: “Nos enteramos que en Libia estaba  pasando mucha gente para Italia y nos fuimos para allá”, explica Mamadou. Pero las cosas no salieron como esperaban: “La policía en Libia nos mete siete meses en la cárcel. Si nos quedamos allí hubiésemos muerto. Escapamos de la cárcel y volvimos a Argelia a trabajar”, continúa Mamadou. Una vez en Argelia juntan algo de dinero y se van a Marruecos con la intención de cruzar el mar hasta Europa.

Tres días en el mar

 “Nos metimos 62 personas en una patera, subimos el jueves por la noche y hasta el domingo a las cinco de la tarde no vimos tierra. Estábamos sin gasolina y sin saber dónde estábamos”, cuenta Mamadou. La Guardia Civil les rescató y una vez en tierra comenzó otro itinerario. Ahora, bajo el amparo de Cruz Roja, Mamadou está en una fase de reinserción avanzada: “Practico mucho deporte y he acabado la formación de cocinero. Mi sueño es trabajar, tener permiso de residencia y formar una familia”, explica.

Fakes

Cuando se piensa en estos jóvenes la palabra delincuencia resulta recurrente. En gran medida, esta asociación viene provocada por algunos medios de comunicación y partidos políticos que no dudan en estigmatizar a un colectivo que juega más un papel de víctima que de agresor. Tal y como demuestra que sólo el 10% de estos jóvenes ha tenido problemas con la justicia antes de los 18 años.

Juzgar a los demás

Una de las costumbres que tiene el ser humano es la de juzgar a los demás apresuradamente. Casi siempre a partir de una foto que no busca mostrar mucho más allá de un estereotipo. Sin tener en cuenta ni el pasado ni el contexto de la vida de aquellas personas que por vivir en la marginalidad están más en contacto con la delincuencia. En este caso, jóvenes que han vivido situaciones que generan una extrema vulnerabilidad como son: el abandono familiar, la violencia física o psicológica y el abuso sexual llegan a nuestro país y acaban, en el mejor de los casos, en un proceso de tutela a cargo de unas instituciones que no pueden velar por ellos eternamente.

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