Tezanos cree que los problemas judiciales del rey emérito no interesan a los españoles. El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) considera que el organismo que dirige “no está para preguntar” sobre esas cosas tan peregrinas y se ha quitado el bulto de encima precisamente en la semana en la que Podemos ha llevado una moción al Parlamento para que se puedan realizar encuestas públicas sobre la forma de Gobierno que prefieren los ciudadanos (la iniciativa, por cierto, ha sido tumbada finalmente con los votos en contra de PSOE, PP, Vox y C’s).

De modo que, según Tezanos, el CIS puede interpelar a los ciudadanos sobre cualquier cosa (si se debe prohibir el tabaco en la vía pública, si aprueban el fiasco en la gestión de Díaz Ayuso en Madrid o cuántas veces por semana hacen el amor), pero cuando llega la hora de saber si están satisfechos con la conducta personal y política del jefe del Estado eso ya es intrascendente y es mejor pasar página, no vayamos a tener un problema serio.

De modo que Tezanos, que ha despachado con urgencia la cuestión durante una entrevista en el programa La hora de la 1 de TVE, es como aquellos viejos censores del franquismo que velaban por la moralidad y el bienestar de los pobres españolitos siempre tutelados y siempre convenientemente guiados por la mano del páter dictador. Al igual que en el Antiguo Régimen la Junta de Censura tenía la última palabra a la hora de vetar películas que criticaban la patria, la religión y la familia, el CIS de Tezanos ha heredado ese papel. En la entrevista, el presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas pone como excusa que la sociedad española ya fue interpelada sobre Felipe VI en 2015, poco después de que asumiese la jefatura del Estado tras la abdicación de su padre. “Entonces interesaba porque había un rey nuevo”, insiste. El problema es que hace cinco años no se sabía todo lo que se sabe ahora sobre los supuestos negocios de la Familia Real y de cualquier manera al funcionario del CIS solo le ha faltado remontarse a los tiempos de Carlos III para legitimar la dinastía borbónica.

La mordaza demoscópica de Tezanos dice muy poco en favor de nuestra democracia, donde por lo visto sigue habiendo tabúes y los españoles ni siquiera pueden valorar si les parece bien que el emérito ande entre maletines, amantes y jeques árabes; entre hoteles de lujo de 11.000 euros la noche; y de acá para allá por el mundo en un potente jet privado que a saber lo que gasta en combustible y quién costea la fiesta. A los españoles solo les queda ver, oír y callar: ver cómo sus máximos líderes políticos se dan a la dolce vita mientras el país se va al garete; oír con estupor las grabaciones de Villarejo en las que afloran los millones de dólares sin declarar, las mansiones y las cuentas suizas; y sobre todo callar, callar mucho y mirar para otro lado porque las cosas en este país siempre fueron así y seguirán siendo así. Por supuesto, tampoco se puede preguntar si esa foto de barbacoa del emérito con gorra de rapero, bermudas amarillas fluorescentes y camisa a cuadros junto a un niño inquietante que la revista Semana confirma como el hijo de Corinna Larsen es verídica o solo un fake más de nuestro tiempo de posverdad. Por descontado, el escandaloso reportaje de Paris Match en el que la examante del monarca se despacha diciendo que Juan Carlos fue víctima de “un golpe de estado interno” a manos de la reina Sofía y de Mariano Rajoy tampoco le interesa demasiado a la sociedad española. Como si el destino del país se redujera a un simple asunto de faldas.

Para el máximo responsable del CIS todo eso no importuna a los españoles y lo dice así, tal cual, como esos oscuros burócratas de las dictaduras bananeras paternalistas que se creen con derecho a pensar por el pueblo y a decidir sobre lo que le interesa y lo que no. Ahora que el Gobierno −por fin tras más de 40 años de democracia−, se ha tomado en serio aprobar una Ley de Memoria que indague hasta sus últimas consecuencias en los crímenes y genocidios del franquismo, Tezanos prefiere el silencio a la verdad, la omertá a la libertad de expresión, en un claro ejercicio de hurto de derechos constitucionales. El presidente del CIS debe saber mejor que nadie que si hay un problema histórico en España, una cuestión pendiente en este país, un mal endémico que no acaba de superar la nación, ese es precisamente el de la forma de Gobierno. Aquí llevamos quinientos años de cuitas, de guerras y revoluciones, cinco siglos enfrascados en el viejo debate sin resolver sobre Monarquía o República, y no extraña que el Financial Times haya atribuido el desastre de nuestro país en la gestión del coronavirus al modelo de Estado que nos dimos en el 78 y que se antoja fracasado. “Pasaron mucho tiempo haciendo declaraciones a la prensa y poco tiempo administrando. Ahora estamos viendo las consecuencias”, sentencia el tabloide en un reciente editorial que deja a España a la altura de Etiopía en términos de eficacia sanitaria.

Pero no preguntemos nada, callemos, despleguemos el eterno manto de silencio sobre la Casa Real y no le demos la palabra al pueblo, que el pueblo es un actor secundario que no pinta nada en todo este gran embrollo español. Que nadie se pronuncie, que los vasallos sigan amordazados, sumisos, en silencio. Tezanos está aquí para meter la tijera a la libertad de expresión y para que el rey emérito siga siendo inviolable en lo político e incuestionable en lo mediático. Él es un pararrayos que se esfuerza inútilmente por detener la tormenta mientras los españoles son unos niños inmaduros que si expresan lo que sienten sobre su jefe de Estado cometen un grave pecado de blasfemia contra el Dios intocable que no se cuestiona nunca. Una democracia jamás debería tener miedo del pueblo. Un rey siempre ha de preguntar a su gente si sigue gozando del cariño popular o se ha roto el amor. “El CIS soy yo”, debe pensar Tezanos en otro tic autoritario-monárquico. Aquí se pregunta lo que él dice y punto, no lo que interesa a los españoles. Mayormente las encuestas que dejan bien a Sánchez.

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1 Comentario

  1. Referéndum, ya. Esta monarquía fue creada por el genocida Franco y apuntalada por el clerical-fascismo español

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