Foto: Fundación Felipe González

Felipe González está siendo muy alabado últimamente por la derecha y por Vox. Pablo Casado, líder del Partido Popular, ha querido poner como ejemplo al expresidente como representante del «PSOE verdadero» como un elemento para hacer oposición e intentar quebrar la unidad de la militancia socialista respecto a Pedro Sánchez. Los ultras, por su parte, no dudaron en proponer a González como candidato a presidir su «Gobierno de concentración nacional», propuesta de la que no renegó el interpelado, por cierto.

Diario16 ya hizo público un informe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos en el que se tranquilizaba a la Administración de Ronald Reagan sobre Felipe González unos días antes de su victoria electoral en 1982. En dicho documento, al que tuvo acceso este medio, calificaban al expresidente español como un moderado alejado del comunismo y cercano a una situación más conservadora que la de los partidos socialdemócratas del centro y el norte de Europa, es decir, más próximo a la derecha que a la izquierda que tanto temían los estadounidenses: «los socialistas comenzarán aplicando políticas más moderadas que las desarrolladas por la mayoría de los partidos de centro izquierda en Europa occidental», indica el informe que, más adelante vuelve a incidir en los propósitos conservadores de Felipe González: «Si los intentos de los socialistas de acomodarse a los intereses conservadores se vuelven inútiles, podrían desarrollarse demandas sobre el liderazgo del partido para moverse hacia la izquierda».

Sin embargo, el seguimiento que de González hacía la CIA fue más allá. En plena Guerra Fría, con Reagan aumentando las tensiones con la Unión Soviética de Yuri Andrópov, en la Casa Blanca y en Langley estaban muy preocupados por un asunto concreto: la permanencia de España en la OTAN. La situación geoestratégica en el sur de Europa permanecía en equilibrio si el territorio español permanecía en la Alianza Atlántica, sobre todo por la cercanía con Argelia y Libia, países de la órbita soviética.

Por esta razón, la permanencia en la OTAN de España era un asunto de extrema importancia para Estados Unidos, que lo calificaba como un elemento clave para su seguridad nacional. La Administración Reagan tenía mucho miedo a que el gobierno del PSOE mantuviera la posición defendida en 1982 que se sustanciaba en la frase «OTAN, de entrada, NO».

No habían pasado ni dos años cuando, en febrero de 1984, a la Casa Blanca llegó un informe calificado como Alto Secreto en el que, en sus conclusiones, se decía lo siguiente: «González está decidido a permanecer a España en la OTAN».

En concreto el informe afirma lo siguiente: «González está decidido a mantener a España en la Alianza y probablemente lo consiga. En nuestra opinión, pasará el próximo año más o menos sentando las bases para persuadir al resto del país de los méritos de este curso. Creemos que González no buscará el respaldo público de la pertenencia a la OTAN hasta que crea que las probabilidades están más a su favor. Como mínimo, en nuestra opinión, González necesitará algún progreso visible en la adhesión a la CEE para seguir adelante con la OTAN. En nuestra opinión, a González le gustaría que se estableciera una fecha para la adhesión antes del congreso socialista. Eso es improbable.

» En los próximos meses, es casi seguro que González cubrirá sus apuestas políticas en la OTAN con el suficiente cuidado como para que, si se produjera el peor de los casos, no enfrentaría ningún peligro político inminente. Su mayoría en el Parlamento seguiría siendo fuerte, y sin duda habría trabajado con la asiduidad suficiente con los oficiales militares a medida que la situación se deterioraba para mantener a los militares en su esquina, consultando con líderes clave sobre estrategias alternativas para garantizar la seguridad de España. Sin duda, en lo más alto de esta lista estaría un mayor énfasis en las relaciones bilaterales con Washington. Sin embargo, a largo plazo, González tendría que defender el fracaso de su política europea en las próximas elecciones parlamentarias».

Por tanto, mientras a nivel interno del PSOE Felipe González se mantenía en la misma posición defendida en el año 1982, a nivel internacional estaba garantizando la permanencia de España en la OTAN, tranquilizando, de este modo, a los halcones de Washington porque se garantizaban el control militar absoluto de Europa Occidental frente los países orientales del Pacto de Varsovia y al norte de África.

Mientras Alfonso Guerra, entonces vicepresidente del Gobierno y secretario de Organización socialista, garantizaba a la militancia del PSOE, entonces mucho más cercana a las esencias ideológicas que en la actualidad, que el partido no iba a apoyar la permanencia en la Alianza Atlántica, su líder, Felipe González, garantizó en su viaje Washington de junio de 1983 todo lo contrario. Una de las muchas traiciones de la persona que ahora es puesta como ejemplo por la derecha frente al Gobierno de Pedro Sánchez, la persona aupada por Vox a candidato a la Moncloa, la persona que reniega de su ideología para defender lo que, en esencia, debería rechazar.

3 Comentarios

  1. No creo que tenga mayor crédito político en estos momentos pese a los esfuerzo de la derecha. Sí que es cierto que muchos mayores siguen anclados en un recuerdo de los años de González sin el menor elemento crítico, y así la derecha puede sacar rédito de los felipistas y de los carcas, todo ellos mayores de 65 años. Con otros grupos de edad lo tiene más difícil sacando a relucir a este carcamal traidor desde Suresnes.

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