Portada de El Caso donde el crimen machista se entendía crimen pasional.

Volvemos a celebrar un #25N contra la Violencia de Género, con un gran avance histórico en la lucha contra el crimen machista, pero cuando la sombra de Vox se hace más alargada que nunca. En el retroceso de las ideas de la ultraderecha contra la igualdad nos desayunamos cada mañana con la no condena contra la violencia de género, y lo que es peor, la puesta en duda de la existencia de los crímenes machistas.

Millones de personas sabrán en toda España en manifestaciones del 25N

Nunca como ahora, desde las leyes de Igualdad y contra la Violencia de Genero , ha sido más necesaria la defensa de la legalidad vigente ante las dudas que se siembran desde la ultraderecha de la realidad de las denuncias por violencia machista.

Así, los datos oficiales confirman, desde la propia Fiscalía y la Judicatura, que tan sólo un porcentaje de 0,078% de condenas por denuncia falsa frente a las 1.222.172 denuncias interpuestas desde 2009.

Pese a todo, la leyenda urbana, creada por grupos como Vox o cercanos a su ideología, hacen dudar de una realidad incuestionable.

Manifestaciones

Millones de mujeres, y cientos de miles de hombres, saldrán hoy de nuevo a la calle para manifestarse en todos los municipios de España en contra de la Violencia machista contra las mujeres.

Una ciudad como Madrid, sin embargo, no podrá tener una declaración institucional e incuestionable contra la violencia de género ante la negativa de Vox. El partido necesario para que la derecha gobierne, pese a haber perdido las elecciones, en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, respectivamente, se niega a apoyar esa postura unánime contra la violencia machista.

La extrema derecha vuelve a poner en valor la lucha diaria contra esa violencia contra las mujeres. Desde 2003, ya hay registro y análisis de cada crimen machista, hasta esa fecha, no se hablaba de violencia machista, ni se informaba de los asesinatos de mujeres a manos de sus maridos o exparejas, sino más bien de “crímenes pasionales”.

Sólo desde 2003 se contabilizan estos asesinatos como violencia de género, pero todavía no entran en la cuenta los que son consecuencia de agresiones sexuales por varones no relacionados sentimentalmente con la víctima.

Esfera privada

En la mentalidad de muchas personas, los malos tratos sobre las mujeres siguen perteneciendo a la esfera privada de la pareja y rechazan que sea un problema estructural por la obligada sumisión histórica de la mujer.

La tradición machista de muchos países, entre ellos España, hunde sus raíces en una normativa legal que legitimaba la discriminación de las mujeres y que ha pervivido durante décadas. El Código Civil de 1889 trataba a las mujeres como menores de edad, seres dependientes, primero de su padre y después de su esposo, y les impedía obrar como personas libres prácticamente en cualquier aspecto de la vida.

Esas normas pervivieron hasta los albores de la Democracia y fueron causa de que las mujeres víctimas de violencia de género se encontrasen casi totalmente desprotegidas.

“Las leyes discriminaban a las mujeres”

La vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, Altamira Gonzalo Valgañón, asegura en RTVE que “las leyes discriminaban a las mujeres por el mero hecho de serlo y el matrimonio era causa de una discriminación mayor”. Así, el Código Civil establecía que “la mujer debía obediencia al marido y estaba supeditada a él en todos los ámbitos: en las relaciones personales, las relaciones económicas y las relativas a los hijos”, añade Altamira Gonzalo.

En términos concretos, era el marido el que establecía el hogar conyugal, tenía en exclusiva la patria potestad de los hijos, la esposa necesitaba su permiso explícito para trabajar, vender sus propios bienes o comprar otros con su propio dinero; tampoco podía comparecer en juicio o aceptar una herencia sin permiso del marido. Visto todo ello, resultaba prácticamente imposible escapar de un

Esto se llevaba al límite en caso de asesinato, porque también existía la tendencia a exculpar al varón que asesinaba su esposa y aquí entran en juego las tan conocidas disculpas de los celos y la pasión. La discriminación alcanzaba de lleno al Código Penal, que hasta 1978 castigaba con cárcel la infidelidad en el caso de la mujer; mientras tanto, el marido infiel sólo era sancionado si convivía en el hogar familiar con su amante.

El asesinato de la esposa infiel constituía delito de uxoricidio y normalmente el marido era exculpado o condenado a destierro, que no tenía por qué ser muy lejano a su domicilio habitual. “Se trata de una dejación de la potestad punitiva del Estado a favor del marido- aclara Altamira Gonzalo-. Él se tomaba la venganza por su mano y prácticamente no lo pasaba nada”.

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