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Suaréz Illana, “¡lo que nos ha costado colocar al niño!»

Pablo Casado ficha al hijo del presidente Suárez, uno de los protagonistas indiscutibles de la Transición, sin caer en la cuenta del gafe político y aristrocrático que ha perseguido a quien “los hombres del presidente” conocen como “Adolfito”

María José Pintor
María José Pintor
Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco.
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análisis

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A primera hora de la mañana el locutor de Onda Cero Carlos Alsina sentenciaba a Adolfo Suárez Illana, tras comentar su fichaje como número dos al Congreso por Madrid con el PP, con la frase “lo que nos ha costado colocar al niño”.

Una frase que la noche anterior oí por boca de personas muy cercanas al presidente Suárez en la etapa de la Transición, pero especialmente fieles cuando llegaron las horas bajas en el Centro Democrático y Social.

Quien conoció bien a Suárez sabe también, y no olvida ni perdona, lo mal que la gente de AP, incluso de su Gobierno de UCD que luego se pasó al PP, se portó con el presidente. La traición, el cainismo, la deslealtad contra Adolfo Suárez dieron paso ya, en los últimos años, y cuando ya comenzaba sus problemas con el Alzheimer, a convertirle en el héroe de la Transición Española.

Incluso al comienzo de esta última legislatura, hemos oído en el Congreso como PP y Ciudadanos se deshacían en halagos al presidente más vapuleado y maltratado de la Democracia.

 

Por la puerta grande

Hoy su hijo, el que de joven decía que no pensaba dedicarse a la política, vuelve a la primera línea para entrar -como su amigo el torero- por la puerta grande del Congreso apadrinado por Pablo Casado. Al líder del PP se le olvida el gafe de este hombre en la vida pública con su fracaso en las elecciones autonómicas para presidir Castilla-La Mancha. Tampoco tuvo suerte el “hijísimo” con el título nobiliario que el Rey Juan Carlos concedió a su padre. A pesar de sus intentos por heredarlo, la ley apoyó a la nieta primogénita de su padre, la hija de la fallecida Mariam, a quien, por ser la mayor de los hijos de Suñarez, le correspondía este título.

 

Historia

Adolfo Suárez moría en el 2014 tras padecer una larga enfermedad de Alzheimer. La última foto en vida que pudimos ver los españoles las hizo su hijo Suárez Illana, el hoy candidato del PP, junto al Rey Juan Carlos, ambos de espaldas.

Una ironía y probablemente una forma de engañar a la historia, porque el presidente Suárez y el monarca vivieron momentos de desencuentros muy duros, en los que el hoy icono de la Transición se vio humillado y abandonado.

Suárez se pasó horas esperando a ser recibido en Zarzuela, cuando todavía esperaba el apoyo de la Casa Real para no tener que dimitir. Fue traicionado por muchos de los suyos que pronto fueron de AP y después del PP.

Suárez, ya con síntomas de Alzeimer, lo olvidó todo -nunca mejor dicho- pero también perdonó para ayudar a su hijo como candidato del PP a la Presidencia de Castilla-La Mancha. Desde entonces, para crueldad del destino, los populares han reivindicado y ensalzado la figura de Suárez.

Con luces y sombres, ocupó cargos de importancia en los últimos tiempos del largo régimen militar de Francisco Franco y en el Movimiento Nacional, la organización que lo sustentaba, pero terminó convirtiéndose en el primer presidente constitucional electo de la joven democracia española.

También fracasó en el intento de asumir el cargo aristocrático de su padre

Admirado y denostado, sorprendió a los demócratas que pensaron que sería una continuación del franquismo y traicionó a sus antiguos compañeros del régimen militar.

Fue considerado hostil para todos a quienes perjudicó con las reformas que comenzaban a desarmar el franquismo, sobre todo el ejército y la iglesia.

No prestó la atención debida a su partido, la Unión de Centro Democrático, una formación fundada con prisa con ideologías del espectro político del centro y la derecha, y al final no pudo manejar las contradicciones internas y su desmembramiento.

Fueron los suyos, sus diputados, los que pensaban votar a favor de la moción de censura que había puesto en marcha el PSOE de Felipe González. Y el propio secretario general de los socialistas quien le avisó de lo que podía ocurrir si no dimitía. En un último intento por salvar su Presidencia, Suárez pidió audiencia y ayuda al Rey Juan Carlos. No tuvo ninguna de las dos cosas cuando todavía era presidente.

Suárez legalizó el Partido Comunista y convivió con su militancia, pero el PSOE presentó una moción de censura en su contra que, si bien no prosperó, consiguió su deterioro.

Y hoy, con todo el agua que ha corrido, es uno de los iconos mejor comprendidos y casi pontificado cuando se habla de la Transición en España.

Su hijo entrará en el Congreso, pero no se espera que Suárez Illana aporte mucho más a la historia de España que ocupar su escaño.

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