¡Qué preñado de sabiduría está el refranero popular en todas las culturas! Éste recoge el legado, principalmente oral, de nuestros antepasados y nos trasmite valores y verdades intemporales, que tienen vigencia en todo tiempo y lugar. Los refranes —esas píldoras de sentido común, de sabiduría y de cultura popular y tradicional— son tesoros lingüísticos, que no debemos abandonar ni arrinconar en el desván del olvido. Debemos, más bien, sacarlos a pasear y reivindicarlos, para que sean faro y brújula de nuestros comportamientos.

Hoy traigo a colación el refrán que he utilizado para titular esta reflexión: “reunión de pastores, oveja muerta”. Con esta joya de la cultura popular, se da a entender que cuando los miembros de un grupo, especialmente si son poderosos y/o influyentes,  se reúnen para analizar un problema y adoptar soluciones,  éstas nunca irán en perjuicio de ellos (que constituyen una minoría) sino en perjuicio de los demás (la mayoría de la ciudadanía). Además, con este refrán se critica el hecho de que unas personas, con intereses en un asunto concret0, sean las que tomen decisiones sobre el mismo, ya que son, a la vez, juez y parte. Y finalmente, también sirve para criticar a un pequeño grupo de personas que se reúnen para tramar, con premeditación y alevosía, algo contra algo o alguien.

Así, por ejemplo, ante la crisis sistémica (y no sólo política) que padecemos y los dramas que ha causado, causa y causará aún, se celebran periódicamente reuniones de grandes banqueros o de grandes empresarios o de las cúpulas sindicales o de los irresponsables políticos, tanto nacionales como internacionales o de los unos con los otros o de los otros con los unos. Y, ¿creen Uds. que la gente de la calle, el ciudadano corriente y moliente,  saldrá beneficiado con las decisiones que se tomen en estos contubernios? ¿O, más bien, los ciudadanos de a pie seremos los paganos, los chivos expiatorios de los desaguisados cometidos por aquellos que detentan el poder económico, financiero, político, mediático, cultural,… tanto a nivel internacional como nacional, autonómico o municipal? Sinceramente, lo que creo es que, como dice la sabiduría popular, “reunión de pastores, oveja muerta”.

Estos encuentros mono-sectoriales o poli-sectoriales son los modernos “patios de Monipodio” (reunión de pastores), en los que se programa y se planifica el desvalijamiento de las haciendas y de las economías domésticas de los simples ciudadanos (oveja muerta), que se ganan la vida con el sudor de su frente y no con el sudor del de enfrente. Por eso, la mayoría de los ciudadanos (las ovejas) son cada vez más pobres y están más desvalidos, mientras otros (los pastores) son cada vez más ricos y poderosos, ante el silencio, la mansedumbre, la placidez, la idioticia y el pasotismo lanares de los primeros.

El Movimiento del 15M y los nuevos partidos, surgidos en los últimos tiempos, parecieron reaccionar contra este estado de cosas pero, después de unos años de discursos regeneradores y transformadores, las aguas de lo políticamente incorrecto han vuelto al cauce de lo políticamente correcto. En efecto, los usos y costumbres de la casta política de los partidos tradicionales (PSOE, PP) han sido asimilados por los partidos emergentes (C’s, UPyD, Podemos y Vox), para participar en el banquete del erario público y asegurarse un lugar en el cubil y el pesebre de la política. Y para eso, han contado con la connivencia y con la ayuda de los medios de comunicación, que son, más bien y en la mayoría de los casos, medios de desinformación y de manipulación, que permiten que sea una realidad lo de “reunión de pastores, oveja muerta”.

¿Cómo salir de esta lógica infernal y perversa? ¿Cómo abandonar este lodazal, que condena a la ciudadanía al estado de subyugación y de esclavitud? ¿Quién es y dónde está el Moisés que debe conducir a la ciudadanía, de Egipto (la crisis sistémica actual) hacia la “tierra prometida” (el bienestar y la felicidad de los ciudadanos)? Desde luego, no es ni está en la casta política tradicional ni en la emergente, que ha llegado a la política para servirse de ella, pero no para servir a la “res publica”. Dicho más crudamente, como ha escrito alguien cuyo nombre no recuerdo, la casta política española actual ha llegado a la política sin haber comido y sin comer, y para poder comer.

Ante esta decepcionante y frustrante realidad, ante la incompetencia, el engaño y el fracaso de los políticos, y la desvergüenza del poder financiero y económico, ¿quién debe pilotar la gestión y la salida de la crisis sistémica que sufre España? La respuesta a esta pregunta será materia para una nueva y próxima cogitación.

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