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Reflexión sobre la imputación a la Diputación de Bizkaia por arrancar con violencia una niña a su madre

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Me gustaría decir que leo con asombro en Diario16.com que la Diputación Foral de Bizkaia ha sido imputada, pero no sería cierto que me sorprende.

LLevo muchos años de activista contra esta forma de proceder de la Administración (Justicia, Menores, Servicios Sociales), en concreto llamándole por su nombre, contra el maltrato institucional a la infancia y a las mujeres.

Fui víctima del arrancamiento de un hijo, del dolor que supone, de cómo se parte el útero en mil pedazos, de la sensación de no ser posible estar viviendo un dolor tan indescriptible y que nadie entiende, «le quitan un hijo, algo habrá hecho».

En mi caso, como en muchísimos de ellos, se llevó a cabo en nombre de un falso síndrome que se creó y sufragó por un pedófilo confeso que defendía causas de militares estadounidenses destinados en Vietnam. Esos horrores que justificaba para salvar a esos militares le hizo idear este inexistente síndrome al que llamó (sap), cuyo fin no es otro que invisibilizar el maltrato, abuso y/o violencia que se ejerce por un pater familias sobre la mujer y los hijos. Se autopublicó sus libros, sus estudios no están avalados científicamente ni han sido sometidos a «peer review». Refutado por la comunidad científica, rechazado por la OMS, por la Asociación de Neuropsiquiatría Española.

Instando el Consejo General del Poder Judicial a su no utilización, este artefacto diseñado «para matar» ha mutado su denominaciones, colándose en informes, causas judiciales y auspiciado desde los departamentos de Infancia, los puntos de encuentro familiar y los equipos psicosociales.

No es necesario que las madres interpongan denuncias, el simple hecho de iniciarse un protocolo de malos tratos desde cualquier Servicio de la Administración, pone en marcha la maquinaria con la finalidad de invisibilizar los hechos recogidos, anulando toda posibilidad de protección de la madre a los hijos al ser tildada de perversa, falsa, manipuladora y a los hijos como elementos que utiliza para saciar su sed de venganza hacia un padre amantísimo y derrotado.

Deberíamos pensar en el retroceso que está sufriendo la mujer en el siglo XXI, da la sensación de habernos remontado al pasado, donde los hijos se arrancaban en el paritorio por no cumplir el perfil de buena madre. Ahora nos los arrancan por no callar, por no someternos, por no aguantar que maltraten a nuestros hijos. Ahora, en 2019, nos estigmatizan por ser víctimas de violencia machista, por denunciarla, arrancándonos a nuestros hijos de cuajo, aislándonos sine die de ellos, con el tremendo dolor que se les está infringiendo, todo ello en nombre del tan traído y llevado bienestar del menor.

El bienestar del menor no es arrancarle de su madre, no es enviarle directamente a brazos de quien le maltrata o mal cuida, el interés superior del menor no es arrancarle de su familia materna extensa y de su hábitat natural, el interés superior del menor no significa que el cuidado y atención recaiga en la nueva pareja paterna o en su abuela paterna.

Infringir ese castigo, ese dolo injustificado e irreparable no puede ser avalado por ningún organismo ni profesional que se precie. Vigilar los tiempos de estancia de la madre con sus hijos no podría ser ni siquiera contemplado, mucho menos informar sobre ello. Los profesionales con criterio y con ética deberían negarse.

Un país que convierte a la víctima en verdugo y al verdugo en víctima debería revisar protocolos, funcionariado y reprender a todo aquel que, en nombre de un acientífico síndrome, cause semejantes atropellos, insisto, de IMPOSIBLE REPARACIÓN.

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5 Comentarios

  1. Solo de pensarlo ya duele
    Que sera lo que nos pasa por la cabeza para castigar de esta forma a las mujeres que tienen la osadía de ser madres

  2. Por eso, porque el miedo tiene que cambiar de bando.
    ¿No será que se oculta en el anonimato por su » valentía» ?

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