Mónica García, portavoz regional de Más Madrid en la Asamblea

La figura política de Mónica García crece a medida que avanza la campaña electoral. La candidata de Más Madrid, que va camino de convertirse en la gran revelación de estos comicios, se está destacando como una eficaz comunicadora (su capacidad para inventar eslóganes y brillantes metáforas políticas parece inagotable) y en poco tiempo se ha convertido en un referente de la izquierda madrileña. Su madera de activista y su conocimiento de los entresijos de la maltrecha Sanidad pública (ha desarrollado su carrera profesional como anestesista en el Hospital 12 de Octubre y fue una pieza clave en las protestas convocadas contra los recortes por las mareas blancas) le han ayudado a conectar con el votante progresista, que anda como loco buscando un antídoto contra el efecto Ayuso. Esa kryptonita de la lideresa castiza podría ser perfectamente Mónica García, que plantea un discurso beligerante, inteligente y elevado frente a la ramplonería cursi/populista de IDA. Sin duda, Errejón ha encontrado un filón, casi un diamante en bruto por pulir que promete dar mucho juego en el futuro.

Los enemigos políticos de la candidata de Más Madrid ya se han percatado de la grave amenaza que esta mujer supone para el ayusismo y han iniciado una cruenta campaña de desprestigio personal. Su paso por una emisora de radio, en la que se lanzó a bailar un reguetón sin complejos con los periodistas, ha removido la bilis de los vejestorios patriarcas de la caverna mediática, que la acusan de frívola y hasta de querer inventar el “voto por perreo”. A los políticos de las derechas y gurús de la prensa ultraderechista les molesta que García baile y se muestre como una mujer que disfruta de su trabajo y de la vida, demostrando que son unos carcas, unos tristes y unos machistas. Como si bailar al más puro estilo latino fuese motivo de vergüenza o pecado político. Sus señorías no se rasgaron tanto las vestiduras cuando Soraya Sáenz de Santamaría se desmelenó en el hormiguero televisivo de Pablo Motos. Y eso que a la jefa del CNI se la vio mucho más oxidada y forzada, o sea un tronco para la danza moderna. A García la música le fluye de dentro con espontaneidad porque la vive de verdad y no sobreactúa, eso se nota a la legua.

Pero esta gente reaccionaria y rijosa es así. Tienen la mente enferma, turbia, lúbrica de tanta misa de doce que no sirve para nada porque al final acaban robando a manos llenas sin tener en cuenta los sermones dominicales del cura. No soportan ver a una mujer liberada, feminista y de izquierdas ejecutando un twerking como dios manda y mostrándose tal como es, de una forma natural y dando rienda a su expresividad corporal, de modo que al instante les aflora el inquisidor reprimido que llevan dentro. A Mónica García la caverna la ha llegado a acusar incluso de bailar el “machista perreo sin mascarilla”, lo cual ya es el colmo. Lógicamente, tal reacción exacerbada de las derechas y la prensa ultra solo tiene una explicación: sienten miedo ante la proyección mediática de una mujer que viene pisando fuerte en la política española y por eso la lapidan en las redes sociales con insultos de todo tipo.

Ninguna campaña de desprestigio va a poder con el talento de una candidata que atesora ingenio por arrobas. García sale a cita antológica por día, como cuando dice que “Madrid no es una serie de Netflix” o como cuando sentencia que la capital del país se ha convertido en el “cien montaditos de Europa” (a propósito del turismo de borrachera que impulsa Ayuso). También ha dejado para la historia esa reflexión que advierte de que las mujeres están cansadas de hacer el trabajo sucio para que en los momentos históricos les pidan que se aparten ante un macho alfa (un toque de atención a Pablo Iglesias cuando este anunció su candidatura a las elecciones autonómicas).

Pero García no solo posee la prosa afilada y la destreza del estilete retórico (cosa que Ayuso no, porque lo lee todo y no se atreve a acudir a los debates de Telemadrid sin las chuletas que MAR le prepara la noche anterior), sino que también aporta soluciones imaginativas y concretas para el bienestar de los madrileños. Hoy mismo, la candidata de Más Madrid ha anunciado su intención de reconvertir el Isabel Zendal (el polémico hospital de la presidenta criticado por médicos y enfermeras por su inversión excesiva y escasa utilidad) en una especie de gran centro de investigación científica, un Silicon Valley de la medicina española donde desentrañar los secretos del coronavirus.

El proyecto requeriría de una inversión de 50 millones de euros y contempla la contratación de 900 profesionales. Una magnífica idea que permitiría relanzar la maltrecha y denostada ciencia española y darle al Zendal una utilidad que hoy por hoy no tiene, ya que el gran emblema de Ayuso fue pensado más como un salón de convenciones sin material ni personal adecuado que como un centro sanitario funcional contra la pandemia. A fecha de hoy los enfermos graves de covid siguen siendo trasladados a otros centros sanitarios, demostrándose así que el Zendal es cualquier cosa menos un hospital.

Conviene no perder de vista a Mónica García, una mujer combativa, sarcástica y perspicaz, savia nueva para la izquierda española tan necesitada de referentes políticos e intelectuales.

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