Para mi hermano y su familia

 

Las han obligado a dejar sus casas y sus campos, no tienen nada más que la ropa que llevan puesta y sus manos y sus piernas. Van saliendo sin demasiado ruido, todas las familias.

Ya no podéis seguir viviendo aquí.

Sólo es una orden. Látigo y fuerza. Los señores de la tierra dan las órdenes y los vasallos las ejecutan sin cuestionarlas. Ni siquiera les han explicado, aunque ellos lo saben, que les expulsan porque la vida ha cambiado y ahora es mejor, más productivo, tener ovejas que siervos. La lana de las ovejas es fácil de vender y se paga con buen dinero. Así que todos los siervos fuera, a buscarse el pan y un lugar donde dormir cuando llegue la noche por los caminos de barro de Escocia e Inglaterra.

Las miran salir: a las familias enteras; los viejos y las niñas, las mujeres maduras y los chicos; las personas sanas y las personas enfermas.

Miran manteniendo el cuello erguido y alta la cabeza; pero nada cambia en sus miradas: no hay un brillo distinto en los ojos, ningún abismo en las pupilas. Nada sienten -absoluta indiferencia- hacia los humanos que abandonan las casas y las tierras para dejárselas a ellas: las ovejas.

(Si la palabra de Yanis Varoufakis es de fiar ese es el origen del trabajo asalariado, la expulsión a mediados del siglo XVIII de los siervos en la sociedad feudal para dejarles espacio a las rentables ovejas. La imagen me pareció impresionante, y al leerlo sentí la incomprensión y el desconcierto de todas aquellas personas que no conocían otra forma de vivir, que eran arrancadas de la tierra que les daba lo que necesitaban para vivir a cambio de que ellas les entregaran su vida entera. Naturalmente, en el pequeño relato de más arriba también hay implícitas otras miradas: las de los señores, pero no me he detenido en ellas porque intuyo la misma necedad bovina, la misma absoluta indiferencia)
(Aunque el Cazador de Cuentos dejó durante algunos días de enseñar al mundo sus presas, siguió capturando relatos, grabándolos en la memoria del teléfono, atándolas con palabras manuscritas en sus libretas. Hasta que llegó un día que se dijo: hoy no hago nada y nada cazo. Durante un instante fue una alegría, un descanso, pero enseguida comenzó a faltarle la nicotina de la caza; dos horas después ya se aburría, y empezó a sentir cansancio, y también como el dolor -habitual- en las manos se hacía notar y crecía.
Y él se iba, si ya no había un cuento diario El Cazador de Cuentos desaparecía. Así que cuando nuestras miradas se cruzaron en el espejo del ascensor me pidió que cumpliera mi palabra, que al menos una vez a la semana le dejara respirar cazar seguir con vida. Las ovejas, me susurró, las ovejas de Yanis Varoufakis. Accedí, arriba está la prueba. Y ahí estaba otra vez la tensión, desde que me he levantado hoy todo ha vuelto a requerir de una cantidad enorme de energía, incluso bajar a comprar el pan o hablar por teléfono con mi madre, pues cualquier cosa que no sea ir rodeando el cuento, midiendo distancias y cuerdas, decidir donde termina y donde empieza, desde qué punto de vista lo atrapo, es traición a la tarea; a la tarea del Cazador. Trabajo y tensión veinticuatro horas al día. Cansa y desgasta. Pero también: qué maravilla. Por lo tanto: que así sea).

Lo Más Difícil De Correr Es Saber Detenerse


(Javier Puebla es autor de El Año del Cazador, una suerte de novela neurológica formada por 365 cuentos escritos en 365 días. Un juego que anteriormente nunca se había hecho en la historia de la literatura. Aunque muchos de los relatos que conforman la obra han sido publicados en periódicos y revistas, han servido de soporte para guiones de películas, o han sido traducidos y hasta utilizados para enseñar español en Estados Unidos y Canadá, la novela completa, El Año del Cazador, de momento sólo puede conseguirse solicitándosela directamente al autor a través de Twitter, Instagram o Facebook, o en el correo elcazadordecuentos@javierpuebla.com

                         

Esta Suite del Cazador para Diario16, es una apuesta del periódico y del autor para mantener viva esa mirada de Cazador, capaz de convertir en cuento cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa, también la mirada indiferente de una oveja). Pieza 42.

 

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(Mecanografía: LF)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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