Para José de la Sota

 

La tentación es seguir, lo fácil para León Salgado El Cazador de Cuentos es seguir. “Podría” se dice “volver a aguantar un año entero un cuento diario”. Podría, pero no debe: ya lo hizo una vez y los 365 relatos que conforman El Año del Cazador son un magma vivo, en permanente transformación pues se continúan publicando constantemente, a veces con pequeños cambios y otros sin ellos, en libros, revistas y periódicos. Así que va a parar, hoy va a parar o pausar esta Suite. Seguirá enviando al periódico que le cuida y acoge, el mítico Diario16, al menos una pieza a la semana, pero a partir de ahora se deshace de la obligación de publicar un relato diario (aunque quizá, y para sí mismo, sí lo siga escribiendo).

Abre el Año del Cazador para mirar cual fue la primera vez el relato 41, el escrito el día 41.

Se había ido a Londres a cazar cuentos; qué vida genial: poderse ir a Londres un par de semanas únicamente para cazar cuentos. En aquel momento no le preocupaba que aún le faltasen 324 relatos para completar el año, sólo sintió miedo al llegar al número 100 y advertir que aún tendría que escalar 265 más: ese fue el día en el que soñó con un accidente que le librase de la obligación autoimpuesta, y como es natural y para vencer al miedo convirtió ese sueño en cuento.

Hoy para, hoy se detiene. La primera parte del nuevo desafío, escribir y publicar un cuento diario ha terminado con éste, el 41. Pero él va a continuar existiendo: tranquilamente existiendo. Un cuentecito a la semana para que el mundo no olvide, y sobre todo para no olvidarlo él mismo, que existe un personaje imaginario que se llama a sí mismo León Salgado El Cazador de Cuentos.

Mira hacia atrás. Hacia el día 41 del proyecto original, el que nunca se había hecho aunque él no sabía de la originalidad del proyecto. El día 41 de El Año del Cazador. Un cuento inglés: El Fabuloso Hombre-Bala. Es un placer para él recordar y volver a publicarlo en este momento.

 

(41)
El Fabuloso Hombre-Bala
Es hermoso verle. Pedaleando por Oxford Street. Rápido como el viento. Esquivando automóviles. Desafiando el ritmo pesado de la circulación. El Fabuloso Hombre-Bala.
            Los ojos brillantes. Quince años. Encorvado sobre la bicicleta barata. Henchida la camisa de seda color marrón. Tiene una cita en Sloane. Con una chica. En la puerta del Royal Court Theatre. Y está dispuesto a batir todos los records. El Hombre-Bala no conoce rival en toda la ciudad. Menos de veinticinco minutos va a tardar en cubrir la distancia que separa la plaza de la casa dónde vive en St. John´s Wood. La semana pasada necesitó más de media hora. Hoy no. Hoy va como si le hubiesen disparado desde el interior de un cañón.
            El Lotus Elite se le echa encima. Le sobra al Hombre-Bala tiempo para verle venir. No quiere frenar. No va a frenar. Tampoco la conductora del deportivo gris plata. Apártate, tú. En el límite escapa el Hombre-Bala de los neumáticos voraces. Pero pierde el equilibrio. Patina sobre el asfalto. Nada ni nadie va a impedir que le pase por encima el autobús rojo de dos pisos. Nada ni nadie. Aunque lo intenta el conductor. Ni un solo accidente en catorce años de servicio.
            Se oye un chasquido pavoroso. La ciudad se congela. Durante un instante se congela. Luego comienzan a volar las bocas. Asustadas. Sorprendidas.
            -¿Has visto eso?
            -Era sólo un chico.
            -No llevaba casco.
            -¡Qué horror!
            La bicicleta destrozada. Los gritos. El autobús atravesado en el centro de la calzada. Debajo está el chico. Que rueda. Sobre sí mismo. Hasta chocar con el borde de la acera. Se pone en pie. Desconcertado. Se mira en las miradas de la multitud. Sonríe. Admirado de estar vivo. Hace una reverencia. En honor de los presentes. Aplausos. Aplausos, por favor.
            Pero nadie aplaude.
            -Menuda suerte ha tenido el muy imbécil.
            -Tendría que haberse matado.
            Sólo las verdaderas tragedias merecen, los lunes por la tarde, alguna atención. En apenas un instante la ciudad recupera su ritmo apretado y tenso.)

 

Nunca Perseguí La Gloria Ni Dejar En La Memoria


(Javier Puebla es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El Año del Cazador, una suerte de novela neurológica que sólo puede conseguirse completa y editada en papel solicitándosela directamente al autor a través de Twitter, Instagram o Facebook, o en el correo elcazadordecuentos@javierpuebla.com

                         

Esta Suite continuará creciendo en Diario16, pero ya no a razón de un relato diario, sino a un ritmo más relajado. El nuevo compromiso es que no pase nunca más de una semana completa sin que León Salgado cace y enjaule entre palabras un cuento. Pieza 41.

 

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(Mecanografía: LF)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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