Me niego a hacerme responsable de lo que está padeciendo la hostelería española, ni el turismo que es el sector que más ha sufrido esta pandemia y con menos ayudas, lo que ha hecho que esté en la ruina, casi la totalidad del sector turístico minorista (pequeñas agencias de viajes, guías turísticos, pequeñas empresas de transporte) y todos los proveedores que dependen económicamente de estos dos sectores.

Mientras en gran parte de las ciudades españolas, existen grandes empresarios relacionados generalmente con el mundo de la noche y de los hoteles, que llevan practicando una competencia desleal con sus compañeros, abaratando precios de las copas, y haciendo ofertas a grupos de despedidas de solteros, que sólo han conseguido tirar los precios y hundir al resto de pequeños hosteleros.

Son los mismos empresarios que suelen pasearse con coches deportivos, los relojes más vistosos, ropa de marca y poseen grandes casas. Han ganado muchísimo dinero antes de la pandemia y se han enriquecido este verano, a pesar de la pandemia, haciendo la vista gorda en sus negocios, donde todo ha estado permitido: no usar las mascarillas, no mantener la distancia de seguridad, y han pasado de desinfectar sillas, mesas y barras.  

Muy al contrario que el resto de compañeros del gremio, que han cumplido escrupulosamente las normas, y en sus establecimientos no ha habido posibilidad de contagio, desinfectando constantemente, respetando la distancia entre mesas de las terrazas, poniendo al servicio del cliente geles para su desinfección.

 Lo mismo podemos decir de los trabajadores del sector turístico, cumpliendo rigurosamente la normativa, a pesar de que con ello, han visto reducido sustancialmente su trabajo y sus ingresos, hasta entrar en una situación ¡tan delicada!, que en muchas ocasiones se han visto obligados a cerrar definitivamente, porque no les llegaba para cubrir sus necesidades básicas. Viendo como los principales culpables de su situación, eran los principales favorecidos con las ayudas.

Yo no puedo entender que no se unan y los denuncien, que los expulsen de la Asociación de Hosteleros, que los desenmascaren de una vez, y defiendan su bienestar por encima del egoísmo de cuatro mafiosos, con los que además cooperan los políticos de sus respectivas ciudades, haciendo la vista gorda ante una situación que a nadie le pasa desapercibida.

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