Nunca se le había visto tan contento y relajado a Fernando Alonso en un circuito del Gran Circo, como este año en Bahréin. Pero es comprensible. Su situación es deliciosa. Está allí esperando, viéndolas venir; aunque cada vez parece más claro que la temporada que viene volverá a ocupar un asiento… aunque sea con McLaren y sólo pueda aspirar -sería lo mínimo- a podiums y resultados dignos.

El viernes, tras las dos primeras tandas de prácticas con el aplastante dominio de los Ferrari, nadie se preocupaba demasiado de Fernando Alonso. Pero allí estaba él, ¡allí está él, y se va a subir a un monoplaza durante los test!; parece que en las dos sesiones, tanto la del martes como la del miércoles.

Está Fernando Alonso cargado de energía tras regresar del desierto -un desierto siempre está cargado de magia y de poder- y cómo le sucedía a Peter Pan con su sombra, que tenía personalidad propia y quería llegar a lugares que no llegaba Peter Pan, la sombra de Fernando Alonso es también traviesa y burlona:

se sube a los hombros de Vettel, le sopla en la oreja, se cruza en el camino de Hamilton y le hace trastabillar: cáete Luisito, rómpete una pierna o algo más y deja un espacio abierto para que el mejor piloto de todos los tiempos -con el permiso de los otros pilotos mejores pilotos de todos los tiempos- pueda demostrar su grandeza una vez más.

Aunque la grandeza de Alonso ya está más que demostrada: lo del Dakar es para quedarse boquiabierto (que lo intente; si lo gana va a dejar mudo al personal). Y por eso se le veía tan relajado y contento en Bahréin. Claro que su sombra es mucho más oscura que él, y es una sombra llena de vida y con enormes ganas de bailar. Música, por favor, estamos deseando ver de qué nuevas hazañas son capaces Alonso y su sombra inquieta; seguro que nos sorprenderán.

Otro burbon, por favor.

 

Tigre tigre.

 

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