La estrategia es clara como agua cristalina bajando desde un manantial desde la montaña: Alonso ya ha decidido que su estado de ánimo no va a depender de los demás, y se ha casi inventado LA TRIPLE CORONA, incluso LA CUADRUPLE CORONA, para continuar demostrando su incontestable calidad y estado de buena forma.

Y resulta que ese agüita -Fernando seguro que lo sabía: tiene un cerebro brillante, de estratega militar- mueve también el molino de Lewis Hamilton, a quien le toca las narices no ser el mejor en todo retodo y requetetodo. Y es por eso, por culpa del malvado y astuto don Fernán Alons, que Hamilton no para de acercarse, mirar y dejarse tentar. Ya se pegó una chufa -sin consecuencias, pero podría haberle costado un disgusto serio- en un test en Jerez con la “superbike”.

Y ahora el gran Hamilton no hace más que fardar diciendo que va a probar seguro una moto de GP, y parece que quiere hacerlo ¡ya! Ay como se caiga… El ingenioso hidalgo don Alonso de la Asturia podría ponerse a bailar.

Pero quien tiene los monóculos por corbata -y apretándole mucho el cuello- es el bueno de Totto Wolf, porque si su piloto estrella se estrella (perdón por el juego de palabras)… repito de otra manera: si su piloto estrella pega una galleta y se desmigaja adiós mundial de pilotos y de constructores para el jefe de la Mercedes. Cuentan que reza todos los días -Totto- por don Luis Hamilton, su talismán, pero que al mismo tiempo pone velas al diablo para que su Valteri coma bien y esté fuerte y se atreva a ganar una carrera tras otra en el presente campeonato mundial.

Ya veremos si escuchan sus peticiones las grandes fuerzas del Bien y del Mal.

Tigre tigre.

 

(He puesto el título “acongoja”, aunque la palabra está clarísima, en homenaje a los pitidos de las radios de los F1 cuando nos las dejan escuchar)

Hamilton en Australia y Alonso en América: ¡Grandes!

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