Fraga en el famoso baño de Palomares que nunca fue realmente en la playa con radiación.

La Justicia de EEUU ha sentenciado sin proponérselo a Manuel Fraga Iribarme, el ministro franquista -el de la Ley de Prensa que cerró medios y censuró a periodistas como Miguel Delibes- que en los 60 se bañó en una playa de Almería, como si fuera la de Palomares, para evitar los riesgos reales que había de sufrir los efectos de la radiación.

La imagen del titular de Información y Turismo corrió como la pólvora gracias al NODO y fue lo más parecido hoy a un trending topic.

Ayer, 52 años después, el Alto Tribunal de USA pone las cosas en su sitio, demuestra que Fraga mintió -también lo hizo el embajador norteamericano- y concede a los soldados que trataron de limpiar aquella playa maldita su derecho a que los veteranos que han desarrollado enfermedades tras estar expuestos a la radiación ionizante mientras limpiaban el desastres tras la caída de cuatro bombas nucleares en Palomares (Cuevas de Almanzora, 1966) tienen todo el derecho que les otorga su estado para demandar por beneficios por discapacidad por sus enfermedades.

Líder caído

El ministro franquista, uno de los líderes de la Transición, el padre de todos los populares, queda así expuesto con un pasado basado en la mentira, el marketing y demostrando que dejó parte de la costa Almeriense con grave riesgo para la salud pública, pese a negarlo una y otra vez.

Así, sin ni siquiera pretenderlo, es la justicia de EEUU quien empuja al abismo a Fraga, quien todavía hoy hay quien quiere ver en él un héroe y un grande de la política.

Añoranza equivocada

Cuando ante la crisis soberanista y las dificultades que existen para formar Gobierno ante un parlamento fragmentado -por eso del fin del bipartidismo- se añora a los protagonistas de la Transición -en exceso idealizados- quizá fuera bueno recordar el verdadero pasado de algunos de estos héroes, algunos ya caídos, como lo es, sin duda, Manuel Fraga Iribarne.

Fraga ni siquiera se bañó en la playa de Palomares, junto al embajador de EEUU, para dar la imagen del No-Do. Pero sí se apresuró a callar la boca de quienes se manifestaron públicamente para exigir que se eliminara la radiactividad de esa parte de la costa de Almería. Y una de las personas que entró en prisión por no creer la versión oficial fue la duquesa Roja: Luisa Isabel Álvarez de Toledo.

Tan sólo un año después Fraga empezó a cargar a Franco y lo mandó al Reino Unido, desde donde el gallego ya soñaba con entrar en la historia posfranquista.

Pero la realidad es que ni Fraga consiguió imponer su criterio para esa Transición, que llevaba trabajando desde que Franco lo exiliara a Londres como embajador, ni tampoco que el Rey Juan Carlos le otorgara su ambición de nombrarle presidente del Gobierno. De ahí paso a crear AP, partido con el que se presentaría como líder en las primeras elecciones Democráticas, que ganó UCD.

La creación de AP responde al intento —de acuerdo con su análisis— de dar verdadero cuerpo político al franquismo sociológico como garantía futura de una gran fuerza conservadora.

La escenificación pública de AP, dando entrada a nombres de todas las tendencias franquistas, tuvo el efecto contrario: si Fraga quería conectar con la opinión, se equivocó al concentrar alrededor suyo todo el antiguo sistema de representaciones colectiva.

Aunque haya quien se empeñe en lo contrario, Fraga perdió sus grandes envites políticos -jamás consiguió ser presidente del Gobierno de España- y todavía quedan serias dudas de su gestión durante su etapa como presidente de Galicia, cuando siempre se mostró contrario a las comunidades autónomas.

Los héroes con pies de barro no suelen sobrevivir a la historia.

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