Hace unos cuantos años un programa de TV preguntaba a adolescentes, por las calles de España, quién había sido Franco. Se comentó un poco en la prensa la desconcertante ignorancia juvenil. Tal vez el programa hizo una criba y mostró las respuestas más ignorantes en aras de crear polémica (el fruto del preciado jugo de la audiencia), pero no importa mucho y permítanme hacer un salto con voltereta: la memoria histórica no es solamente saber qué sucedió en el pasado, cómo y con qué protagonistas, sino tener suficiente conocimiento para forjarse una opinión del “porqué”.

Los defensores de la idea de “Nación España”, nos hablan siempre de la Constitución. De hecho, a los catalanes contrarios a la independencia no se les llama “unionistas” o “españolistas”, sino “constitucionalistas”. Y ello no es, simplemente, porque la Constitución sea la responsable de la unión (garantía que recae en manos del ejército y no del pueblo) sino porque la Constitución se ha convertido en la única justificación cuando, ante una pregunta, no hay argumentos o no se quiere argumentar una respuesta. Así ocurre ante la pregunta del independentismo catalán o ante la del republicanismo.

La cuestión no es cuánta gente participó en el referéndum del 78, ni cuántos votaron a favor o en contra de la Constitución. La cuestión es cuál era el momento presente en 1978 y cuál era su pasado reciente (Guerra Civil y 40 años de dictadura fascista). La cuestión es si había alternativas a esa Constitución, si se debatió democráticamente, si la gente que votaba realmente decidía alguna cosa o solamente se lo parecía, o si hubieran votado cualquier cosa con tal de salir del franquismo. La cuestión también es si se propiciaba una democracia como la alemana para que el gobierno español se responsabilizase de lo que se hizo en dictadura (como el gobierno alemán indemnizó a judíos admitiendo su responsabilidad estatal); si, como en esa democracia alemana, se prohibía el proselitismo del fascismo (franquismo).

En España, tras la muerte natural del dictador y apartado previamente su posible sucesor (Carrero Blanco), un partido político fue el heredero de los políticos fascistas, que pasaron a ser demócratas de un día para otro como si nada. Jueces, policías, continuaron siendo los mismos, con el mismo poder. El nepotismo (¡comprobable! y no hay espacio aquí, pero pone los pelos de punta) en la judicatura y altas esferas del Estado permite ver que, aun con las alternancias propias de estos 40 años de democracia, parte de las estructuras continúan en manos de los mismos.

La Transición fue el gran engaño al pueblo para que una parte del poder no cambiase de manos al pasar de la dictadura fascista a la democracia. ¿Durante cuántos años, absolutamente todos los medios mayoritarios han insistido en que la Transición era un ejemplo para el mundo? ¿Tal vez la intención era que nadie del pueblo la pusiera en duda? ¿Son los mismos medios que siempre cierran filas alrededor de la Casa Real?

Bajo este “constitucionalismo” se esconde un pueblo sumiso y aletargado. Un pueblo que permite que, en aras de defender una constitución (que en nuestro caso es defender el establishment de un sistema), se vulneren Derechos Humanos o se robe tranquilamente. ¿Creen que desde otros países se ve normal la vulneración de derechos a Otegui y que la sociedad española le sea igual por una cuestión ideológica? ¿Creen que toda esta corrupción del rey, su huida con el respaldo y apoyo de medios y partidos y del mismísimo gobierno, no la contemplan con estupefacción?

Bastantes piensan que las consecuencias las padecen aquellos que disienten o que desobedecen, como los presos políticos catalanes (al fin y al cabo, poco más han hecho aparte de disentir y desobedecer), pero eso no es del todo cierto. Las consecuencias las sufre toda la sociedad española, su economía corrupta, el bajo nivel educativo, la irresponsabilidad de los altos cargos (empezando por la Casa Real), pero, sobre todo, lo que esta Transición o continuación causó, es que la sociedad del Régimen del 78 continúe siendo lacaya y súbdita, aletargada y poco democrática, dando la espalda, incluso, a aquellos que se atreven a alzarse de una manera pacífica, pues no se puede pretender que la sociedad no tenga nada que ver con aquel sistema donde está inmersa.

El hecho de vivir en un Sistema (en este caso, “Régimen 78”) debería implicar reconocer que, dentro de este, todo está relacionado. No hay hechos o sucesos sociales que estén aislados los unos de los otros, pues la definición de Sistema implica algún tipo de vínculo o unión de los constituyentes (¡!) del mismo. Por ejemplo, no hay que pensar que la monarquía o la Casa Real son un ente aparte sin causas o consecuencias en el resto del sistema social, y tampoco son hechos aislados las sentencias de cáliz político del Tribunal Superior o del Tribunal Constitucional. Pretender, tal como hacen los políticos de los partidos constitucionalistas, que se puede desligar una cosa de la otra es contra natura. Y eso es lo que ocurre cuando Pedro Sánchez asegura que el exilio o fuga de Juan Carlos I refuerza a Felipe VI, o el PP da las gracias a Juan Carlos I por “defender” la democracia durante tantos años. No solamente es ridículo en un momento que todos sabemos que es un presunto ladrón, sino que es ofensivo la consideración que tienen sobre la talla intelectual del pueblo, sea afín a su partido o no. Lo mismo referente a no considerar todas las sentencias políticas del Tribunal Supremo y no escandalizarse cuando un tribunal internacional te dice que no se han respetado los Derechos Humanos, como si las sentencias de Tribunal Supremo fueran en Madagascar.

Estos meses estamos viendo como bastantes países europeos son reticentes a ayudar económicamente a España. Los medios y políticos españoles transmiten la opinión que esos países son insolidarios, egoístas, incluso supremacistas (¿les suena?). No vamos a considerar si esto es cierto o no, pues me parecería una hipocresía hacerlo sin tomar en cuenta nuestra posición respecto a nuestra solidaridad con los migrantes sirios o las necesidades de Senegal, por ejemplo, pues la moral no se circunscribe solamente a aquello que nos interesa. Lo que es un engaño es extraer esas reticencias de ayudar a España del lugar donde se producen: el sistema europeo, donde los hechos también se relacionan los unos con los otros. Me explico: dentro del sistema europeo existe el conocimiento del derroche de fondos en líneas del AVE y aeropuertos innecesarios, existe el conocimiento que PP y PSOE (por ende, la estructura del Estado) son dos de los partidos más corruptos de Europa sin prácticamente consecuencias, existe el conocimiento que el exjefe de Estado (Juan Carlos I) robaba y era corrupto y evasor fiscal y que casi se le aplaude y se le facilita una huida. Todo esto (y mucho más) es parte de los vínculos existentes entre España y el resto de Europa, y no pueden ignorarse, porque los otros países no lo ignorarán a la hora de valorar si se ayuda a este país con su dinero.

Me he referido al “Sistema Régimen del 78”, pero esto no es exactamente cierto: con Régimen del 78, más bien me refiero a la estructura del sistema, que no es lo mismo. Por ello, a veces se puede tener una visión moderna, demócrata, liberal y culta de España, sin que tal visión sea falsa y contradiga todo lo anterior. La estructura es algo que queda más oculto, tras esta piel que a veces es moderna y a veces tradicional, a veces liberal a veces reaccionaria, como en tantos otros países con una sociedad diversa… pero que no tienen los restos de 40 años de dictadura fascista inseridos en su estructura. La Transición pretendió cambiar el sistema dictatorial por el sistema democrático, pero manteniendo una gran parte de su estructura (el poder judicial, gran parte del policial y ejército, gran parte de la élite económica y funcionarial). Pretender que esto no afecte a la sociedad, es de ilusos.

A ustedes les puede caer mal o bien Otegui, pero que el Tribunal Supremo tenga que anular su condena a instancias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, no puede ser que se asuma como algo normal. De hecho, no se asume como algo normal o anormal, simplemente no se tiene en consideración, igual que todas las asociaciones internacionales que condenan la prisión de los presos políticos catalanes (en especial la de los Jordis). Pero en España no pasa nada. ¿Por qué? Porque todo el país sabe que estas sentencias del TS poco tienen que ver con impartir justicia o no, sino que son decisiones políticas. Y a la mayoría, ya les está bien. En el fondo, el TS decide (políticamente) por ellos, algo muy parecido al sistema monárquico que decide por ellos quién es el jefe del estado. Díganme si no creen que todo esto está relacionado con 40 años de dictadura, díganme si no creen que esto no se cambia si no es rompiendo con el régimen del 78 y cambiando y renovando sus estructuras (y, espero, los catalanes intentándolo por nuestro lado, sin reyes ni princesas ni dragones, pero con Jordis rosas y libros).

Hay una serie de estructuras del Estado que impiden la evolución social del Sistema. De nuevo, no me refiero a algo teórico o abstracto: véase las innumerables leyes de protección social del gobierno de Cataluña (aprobadas por su parlamento) que han sido anuladas por el Tribunal Constitucional (desconozco hasta qué punto, en el resto de España, es sabido este dato y la gran cantidad de leyes sociales anuladas). Las estructuras del Estado funcionan mediante mecanismos, los cuales no interfieren de la misma manera en el Sistema. Por ejemplo, la policía como mecanismo para aplicar la ley, puede funcionar mal (el ejemplo de los policías racistas en USA) y eso afecta el sistema social, pero lo hace de una manera superficial (por ello las revueltas antirracistas en USA contra estas actitudes policiales nunca acaban de tener consecuencias profundas). En cambio, el mal funcionamiento del mecanismo judicial sí tiene consecuencias profundas: desde tantos años permitiendo el proselitismo de la Fundación Franco a destituir un gobierno legítimo como el de Puigdemont y evitar que tantos candidatos puedan presentarse. Fíjense que Puigdemont sí pudo presentarse a las europeas porque la estructura judicial europea (Alemania, Bélgica, Suiza, Escocia) no tiene un mal funcionamiento (utilizar el mecanismo judicial como defensor de una idea política).

Un pueblo que no tiene acceso a la supervisión de tales mecanismos sufre un distanciamiento democrático, cosa que comporta un desinterés y, a la larga, un deterioro de la democracia. Se aplica la transparencia a la vida privada (por ejemplo, un reportaje filmando una cena de Felipe VI con su familia) y se mantiene la opacidad de lo que debería tener una visión pública (por ejemplo, las cuentas de la Casa Real a todos los niveles). Es decir, se entretiene con la superficie para que no se vea el fondo. Otro ejemplo sería que se precipitó la dimisión de Cifuentes centrando toda la atención pública en que robó dos cremas en el súper…

Referente a la huida, viaje, exilio o lo que deseen del anterior Jefe de Estado, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, soltó: <<no se juzga instituciones, se juzga personas>>, en aras de proteger la Casa Real y a Felipe VI. No obstante, la persona Juan Carlos ha realizado supuestos delitos no solamente al amparo de la institución, sino gracias a esta, condición indispensable de cobertura y privilegios. Añadiendo que tal persona no ha accedido al cargo institucional mediante concurso meritorio o el voto, sino por ser quién es, así que “la persona es la institución y la institución es la persona”. Y aquí quedan desnudos los que se han pasado años diciendo “yo no soy monárquico, soy Juancarlista” y que ahora pretenden defender la monarquía evitando al tal Juan Carlos. Todo es lo mismo: el problema es que te represente alguien que no ha votado nadie y que, encima, tenga enormes privilegios por encima de los demás. El problema es que el comportamiento corrupto está inserido en gran parte de las estructuras del Estado y, los que se nutren de ello, la mejor manera de continuar haciéndolo es protegiendo este régimen.

En el fondo, son (somos) todos rehenes del Régimen del 78. Casi toda la clase dirigente política, funcionarial, policial y judicial viven de y por este Régimen. Por ello no van a mover ni un dedo por cambiarlo si no se ven obligados por el pueblo. Pero este pueblo, aletargado y sumiso, acostumbrado a que decidan por él, difícilmente hará nada. Como catalán, pues, apenas queda la esperanza que el movimiento independentista se sacuda algunos vividores y, abrazando el máximo de sociedad, se atreva a la revuelta (condición, hoy por hoy, indispensable, y a tratar en el siguiente artículo).

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Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."

8 Comentarios

  1. El pacto por la «La paz y la convivencia en libertad» o «Constitución de 1978» firmada por todos los partidos relevantes del momento y refrendada por la abrumadora mayoría de españoles inauguró una época de paz, prosperidad y libertad sin precedentes en la historia de España.

    Hoy España es la 19 democracia del mundo por delante de naciones como EEUU, Francia, Italia o Bélgica que ocupa el puesto 31.

    Somos la segunda nación más descentralizadas. Las lenguas regionales, (a diferencia de Francia) están protegidas y los niños de lengua; catalana, vasca, o gallega son escolarizados en sus lengua maternas.

    España, (como casi todas las naciones), tiene muchos problemas, pero estos no son consecuencia de tener una mala constitución, ni la reforma de esta va a ser el Bálsamo de Fierabrás que los resuelva. Cansados estamos de ver países que cambian y cambian sus constituciones sin que nada cambie en ellos. O «primaveras» (árabes) que han terminado en carnicerías y la destrucción.

    Nuestra sociedad como todas está dividida entre los que piensan una cosa y lo que creen otra, y unos y otros estamos condenados a vivir junto o a aniquilarnos mutuamente; como hicimos en el pasado.

    Poner la realización de un referendo, el modificar la constitución, o abolir la monarquía como el principal problema, es una frivolidad de fanáticos o un capricho de ricos ociosos.

    Nuestros grandes problema son económico y de gestión, de creación de riqueza, de reparto de riqueza, y de atajar una corrupción de la que no se libra nadie.

    Cambiar de constitución, abolir la monarquía, o fraccionar España en 20 reinos de taifa puede ser una actividad muy interesante para políticos ambiciosos, revolucionarios de salón y mártires de las patrias, pero en poco o en nada contribuiría a mejorar los problemas reales que padece al gente.

    No son los pueblos que hacen más revoluciones quienes más prosperan, sino los que se dedican a poner remedio a los problemas reales de cada día.

    Señalar los problemas «reales» es lo que deberían hacer los periodistas y resolverlos lo que deberían hacer nuestros políticos. No dedicarse unos y otros a crear unos nuevos.

    No hagamos bueno aquello de «como somos incapaces para resolver los problemas con solución creamos unos sin solución y así no tenemos que preocuparnos»

    • Si por usted fuera estaríamos con la Constitución de 1812. Y de no ser así, estaríamos con la de 1978 hasta 2078.

      Menos mal en España hay personas democráticas y no antidemócratas como usted.

      Una Constitución no es estática (dictadura) o fija, para nada, es dinámica, flexible.

      La Constitución de 1978 ya no sirve pues ya es una arma política y no funcional, pues su función ya no es capaz de articular la sociedad del siglo XXI, pues los símbolos de esa Constitución, y sus códigos, están totalmente desacreditados y refutados.

      España es un país de fascistas que usan unas estadísticas amañadas por sus socios económicos internacionales, pues las estadísticas, no de parte, ponen a España a la altura del Congo, por ejemplo, en su independencia judicial.

      Sólo un indocumentado, e ingenuo, puede escribir un comentario como el suyo.

      • un_Suevo, España es miembro de la UE, y la Unión Europea solo acepta naciones democráticas. Esto es concluyente y cierra el debate sobre si España es un democracia.

        Sobre el famoso índice recogido por algunos medios «imparciales» que nos sitúa a la altura del Congo en —percepción—- sobre la independencia judicial decirle que en ese famosos índice aparece Egipto en el puesto 31, China en el 48, España en el 58, ¿Italia en el 65? y ¿Grecia en el 71?. Datos estos últimos que los diarios «independientes» se han cuidado mucho de no reproducir, no fueran a estropear el cuento.

        ¿De verdad usted cree que Egipto en el 31, o China en el 48 tienen sistemas judiciales más independientes que Italia en el 65 o Grecia en el 71. o que España?

        Además de ser contradictorio con el «Rule of Law Index 2019» (la principal fuente mundial de datos originales e independientes sobre el estado de derecho) que sitúa e España en el puesto 21 en cumplimiento del estado de derecho.

  2. Sr.Ortiz,no vuelva con la misma cantinela.España es un estado fascista,porque lo son todos y cada uno de los miembros que componen todas y cada una de las instituciones de ese estado,salvo honrosas excepciones.

    • Sr. Reig, por mucho que le pese la realidad es que España es una «democracia plena» la 19 del mundo, reconocida como tal por la comunidad internacional.

      Los tierraplanistas contra toda evidencia niegan la redondez de la tierra. Usted contra toda evidencia niega lo que la comunidad internacional reconoce.

      Consulte el índice de «The Economist» o la Wikipedia y comprobará que España es la 19 democracia, y la tierra redonda.

  3. Sr.Ortiz,no niego evidencias puesto que en ese caso seria un necio.Para afirmar con toda rotundidad que España es un estado fascista,me baso en pruebas irrefutables,facilmente comprobables para alguien que sea un poco observador.

    • Sr. Reig, la UE no admite en su seno «estados fascistas», y España es miembro de pleno derecho de la UE.

      Lo que demuestra sin lugar a más discusión que España es una democracia, y usted un tierraplanista que niega lo evidente.

  4. Releyendo el «Archipiélago Gulag», (la edición 84-01-33066-1 citada en la Wiki), he encontrado un par de tesis que tienen un claro paralelismo con la Ñ actual.
    https://es.wikipedia.org/wiki/Archipi%C3%A9lago_Gulag
    PRIMERO) Todo el capítulo IV es un tratado sobre lo que se conoce como «banalidad del mal» desde que Hannah Arendt la definió en los 60s. Sobre ella y cómo la practica el régimen espanyol dejé éste comentario:
    https://diario16.com/fueros-e-inmunidades/#comment-62354
    Transcribiré a continuación el final de dicho capítulo, todo el texto situado entre los guiones es obra de Solzhenitsyn, salvo mis notas aclaratorias entre corchetes:
    ——————————————————————————–
    «Tenemos la dicha de haber llegado a una época en la que no es que el bien triunfe, [Nota: se refiere a los años 60 en la URSS, cuando la represión había disminuido mucho], pero en la que no siempre se le persigue con perros. Al apaleado, al enclenque, ahora le está permitido entrar con sus andrajos, sentarse en un rincón, aunque sin abrir la boca.
    Y nadie se atreve a nombrar el mal. Sí, estuvieron abusando del bien, pero no hubo mal. Sí, unos cuantos millones rodaron por el talud, pero no hay culpables. Y si alguien se atreve a piar: «entonces, qué pasa con los que…», [Nota: «con los que», en cursiva], desde todas partes surge en son de reproche, y al principio en tono amistoso: «Bueno, camaradas. ¡¿Dejemos de hurgar en las viejas heridas?! Pero después, con una estaca: «¡A callar supervivientes, con lo bien que estabais presos!».
    Pues bien. En Alemania Occidental, en 1966, fueron condenados OCHENTA Y SEIS MIL criminales nazis. [Nota: 1) todas la palabras en mayúsculas son del autor 2) supongo que se refiere a que hasta 1966 la RFA había condenado a 86.000 antiguos nazis, no que condenara a ese número sólo en ese año; no lo especifica]. Nos empapuzamos, no escatimamos páginas ni horas de emisión para eso, y después del trabajo aún nos quedamos a un mitin para votar: ¡ES POCO! ¡86.000 es poco! ¡Y 20 años también son pocos! ¡Que sigan!
    Y en nuestro país condenaron (según afirma el Colegio Militar del Tribunal Supremo) a unas DIEZ PERSONAS.
    Lo que ocurre más allá del Oder y del Rin, eso nos duele. Pero lo que ocurre en los alrededores de Moscú y de Sochi tras unas vallas verdes, o que los asesinos de nuestros maridos y nuestros padres caminen por nuestras calles y les cedamos el paso, eso no nos duele, no nos preocupa, eso es «remover lo pasado».
    Pero si traducimos a nuestra escala esos 86.000 alemanes occidentales ¡para nuestro país resultaría un CUARTO DE MILLÓN!
    Pero en un cuarto de siglo no hemos dado con ninguno de ellos, [Nota: desde las grandes purgas de los años 30], no les hemos citado a ninguno a juicio, nos da miedo hurgar en sus heridas. [Nota: «sus» en cursiva]. Y como símbolo de todos ellos, en la calle de Granovski, número 3, vive Molotov, engreído, obtuso, que hasta hoy no ha cambiado de opinión, todo él empapado de nuestra sangre; atraviesa noblemente la acera para meterse en un automóvil largo y ancho.
    Es un acertijo que los contemporáneos no lograremos adivinar: ¿POR QUÉ a Alemania le es dado castigar a sus malvados y a Rusia no le es dado? ¿Qué camino funesto nos espera si no podemos sacudirnos esa inmundicia que se pudre en nuestro cuerpo? ¿Qué puede enseñar Rusia al mundo?
    En los procesos judiciales alemanes se observa, acá y allá, un fenómeno asombroso: el condenado se echa las manos a la cabeza, renuncia a la defensa y no pide nada más al Tribunal. Dice que la lista de sus crímenes, revivida y proyectada ante él de nuevo, le llena de asco y no quiere seguir viviendo.
    Ésta es la mayor victoria de un Tribunal: cuando el delito está tan condenado, que hasta el propio delincuente se asusta.
    Un país que ochenta y seis mil veces condenó el mal desde la mesa del juez (y lo condenó irrevocablemente en los libros y entre la juventud), año tras año, peldaño tras peldaño, se depura de él.
    ¿Qué hemos de hacer nosotros…? Llegará un día en que nuestros descendientes darán a algunas de nuestras generaciones el nombre de «generaciones de los calzonazos»: primero, millones de nosotros permitimos dócilmente que nos azotaran y luego mimamos a los asesinos en su vejez feliz.
    ¿Qué hacer si la gran tradición de la penitencia rusa se les antoja incomprensible y ridícula? ¿Qué hacer si su miedo cerval a soportar la centésima parte de lo que hicieron a otros es más fuerte en ellos que el afán de justicia? ¿Si, en codicioso manojo, se aferran a una cosecha de bienes abonada con la sangre de los muertos?
    Cierto que los que movían la picadora de carne en 1937 ya no son jóvenes, pues estarán entre los cincuenta y los ochenta, o sea, que la mejor parte de su vida la pasaron sin escasez, en la abundancia, con todo confort, por lo cual ha pasado mucho tiempo y ya no se les puede aplicar una vengaza EQUIVALENTE. [Nota: sobre 1937, véase el artículo «Gran purga» de la Wiki].
    Pero aunque seamos generosos, no los fusilemos; no los atiborremos de agua salada; no los «encerremos» con miles de chinches; no los sometamos al tormento del potro; no los mantegamos firmes sin dormir durante semanas, no les asestemos patadas, ni porrazos, ni les apretemos la cabeza con aros de hierro, ni los empotremos en la celda como si fuesen maletas, poniéndolos a unos encima de otros, aunque no hagamos nada de lo que ellos han hecho. ¡Pero ante nuestro país y ante nuestros hijos estamos obligados a BUSCARLOS A TODOS y A JUZGARLOS A TODOS! Juzgarlos no tanto a ellos como sus crímenes. Lograr que cada uno de ellos diga por lo menos una vez en voz alta:
    -Sí, soy un verdugo y un asesino.
    Y si eso se pronunciara en nuestro país SÓLO un cuarto de millón de veces (en proporción, para no ser menos que Alemania Occidental), ¿no habría sido bastante?
    En el siglo XX ya no se puede, durante decenios, hacer como que no se distingue entre la bestialidad condenable y lo «viejo» que es mejor «no menearlo».
    Debemos condenar públicamente la IDEA misma de que unos hombres puedan castigar cruelmente a otros. Cuando callamos el mal, lo metemos en el cuerpo para que no asome: lo estamos SEMBRANDO, y mil veces volverá a brotar en el futuro. Si no castigamos y ni siquiera censuramos a los malvados, estamos haciendo algo más que cuidar su miserable vejez: estamos socavando por debajo de las generaciones futuras todas las bases de su Justicia. Por eso crecen «indiferentes», no por «la débil labor educacional». Los jóvenes asimilan que la vileza jamás se castiga en la tierra, que ayuda a prosperar.
    ¡Qué incómodo y qué terrible será vivir en un país así!
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    Sinceramente, (ahora escribe un servidor)… las correlaciones con la farsa de la Transición, con el pasado y el presente de Espanya, son tan obvias y exageradas que sólo citaré un nombre: Billy el Niño.
    ¿Cómo ha llegado Espanya al grado de putrefacción que exhibe de manera presuntuosa? Respuesta: negándose a juzgar la Maldad franquista. Relean, por favor, el último párrafo y la frase final. ¿No está describiendo la Espanya actual de manera sangrante?
    En este punto, podría añadir comentarios sin fin, pero confío en la dignidad de los lectores y les conmino a volver a leer el texto y extraer de él sus propias conclusiones.
    No me resisto a añadir una analogía sobre otro país que se ha negado a juzgar la Maldad, en este caso, la soviética: Rusia. ¿Cómo es posible que Rusia no haya aprendido la lección y viva feliz bajo el yugo de un zar de nuevo cuño? Lo explica Solzhenitsyn maravillosamente: si la Maldad no se juzga, vuelve a surgir. La Espanya actual de arriba a abajo. (China es otro país que no ha juzgado su Maldad).
    SEGUNDO) Al final de la IIGM Solzhenitsyn ya estaba preso. Las siguientes líneas se refieren a la necesaria y conveniente amnistía que el régimen podría y debería otorgar como celebración de la victoria y que los condenados esperaban. (Por cierto, no hubo amnistía).
    Todo el texto situado entre guiones pertenece al capítulo VI de el «Archipiélago Gulag», con notas mías entre corchetes:
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    «[…] ¡La amnistía! ¡Una amnistía magnánima y amplia era lo que ansiábamos! ¡Dicen que en Inglaterra, hasta en los aniversarios de la coronación, cada año, hay amnistías!
    Hubo amnistías de muchos políticos con motivo del tricentenario de la dinastía Romanov. [Nota: en 1913]. ¿Acaso es posible que ahora, después de una victoria de importancia secular, o quizá superior, el Gobierno estaliniano recurra a una mezquina venganza, tenga en cuenta cada tropezón y resbalón de cada uno de sus pequeños súbditos…?
    Era una simple verdad, pero también había que sufrirla: ¡en las guerras son benditas no las victorias, sino las derrotas! ¡De las victorias necesitan los Gobiernos, de las derrotas están necesitados los pueblos! Después de los triunfos se quieren más triunfos, después de una derrota se quiere la libertad, y casi siempre se logra. Los pueblos necesitan de las derrotas igual que las personas necesitan de los sufrimientos y desdichas, que obligan a concentrarse en la vida interna, que elevan espiritualmente.
    La victoria de Poltava fue una desdicha para Rusia: dio ocasión a dos centenios de grandes tensiones, ruinas, pérdidas de libertad y más y más guerras. [Nota: en 1709, Pedro el Grande venció a la gran expedición invasora sueca de Carlos XII]. La derrota de Poltava fue salvadora para los suecos: los suecos, perdido el deseo de batallar, se convirtieron en el pueblo más próspero y libre de Europa.
    A tal punto nos hemos acostumbrado a enorgullecernos de nuestra victoria sobre Napoleón, que nos olvidamos de que: gracias precisamente a ella, la emancipación de los siervos no se produjo medio siglo antes, [Nota: fue en 1861], de que: precisamente gracias a ella, el trono robustecido derrotó a los decembristas. [Nota: véase el artículo «Revuelta decembrista», de 1825, en la Wiki]. (La ocupación francesa no era real para Rusia). Por otra parte, la guerra de Crimea, la japonesa, la alemana, todas nos trajeron libertades y revoluciones. [Nota: enumera conflictos en los que Rusia resultó derrotada].
    —————————————————————————————–
    Si bien la correlación del texto anterior con la historia de Espanya era obvia, admito que la tesis que desarrollaré a continuación puede no serlo.
    La batalla de Poltava, según la Wiki: «Terminó con la victoria rusa, iniciando el fin del Reino de Suecia como superpotencia en Europa». Para hacer «obvia» la correlación que encuentro con el texto de Solzhenitsyn, el término adecuado es «varapalo». La Suecia con pretensiones imperiales, con ambiciones territoriales que habían propiciado su participación en la guerra de los Treinta Años, por ejemplo, recibió tal varapalo en Poltava que, como dice Solzhenitsyn: «perdido el deseo de batallar, se convirtieron en el pueblo más próspero y libre de Europa». Y lo siguen siendo. Por eso es conveniente recibir un buen varapalo a tiempo, recuerden: «Los pueblos necesitan de las derrotas igual que las personas necesitan de los sufrimientos y desdichas, que obligan a concentrarse en la vida interna, que elevan espiritualmente».
    Por decirlo en otras palabras: una derrota obliga al pueblo a recapitular, a hacer examen de conciencia. Japón no había sido derrotado hasta que recibió un varapalo mayúsculo y realizó dicho «examen de conciencia», convirtiéndose en otro pueblo «próspero y libre». Alemania, para la que el varapalo de la IGM no fue suficiente, el varapalo que supuso la IIGM sí que lo fue, convirtiéndose en otro pueblo «próspero y digno».
    Espanya, en cambio, todavía no ha recibido el varapalo de marras. Está al caer. Por suerte, no será bélico, será económico y territorial, con la pérdida de Catalunya y su intervención total por parte de la Unión Europea o bien, su expulsión.
    Para explicarme mejor citaré un par de párrafos que empleé como preámbulo en un comentario en el que describía fielmente qué narices pasa en Espanya. (Leído ahora, tras la fuga del Campechano con los espanyolitos «callando y otorgando», se ve corroborado por enésima vez).
    https://diario16.com/sentencia-secesionismo-y-seguridad-nacional/
    En primer lugar, un texto de Ortega y Gasset:
    «Es la española una raza que se ha negado a realizar en sí misma aquella serie de transformaciones sociales, morales e intelectuales que llamamos Edad Moderna. La civilización ha avanzado, ha construido nuevas formas de vida, ha impuesto nuevas condiciones a la existencia, demanda nuevas virtudes y repele como vicios y miserias y flaquezas algunas que antaño lo fueron. Los pueblos que se han sometido a ese cambio de medio histórico han renunciado a perseverar en su ser, han aceptado las reformas de su carácter y han comprado el bienestar, el poderío, la moralidad y el saber, a cambio de esa renuncia. Como Fausto, han vendido su alma o porciones de ella para mejorar su fortuna. Nuestro pueblo, por el contrario, ha resistido; la historia moderna de España se reduce, probablemente, a la historia de su resistencia a la cultura moderna. China o Marruecos han resistido también, se dirá. Pero la cultura moderna es genuinamente la cultura europea, y España es la única raza europea que ha resistido a Europa. Ése es su gesto, su genialidad, su condición, su sino, ¡un ansia indomable de permanecer, de no cambiar, de perpetuarse en idéntica sustancia! Durante siglos sólo nuestro pueblo no ha querido ser otro de lo que es, no ha deseado ser como otro.»
    En segundo lugar, mi definición de «incompatible»:
    «Símil informático que, a estas alturas, todo el mundo puede comprender: cuando el sistema operativo y el hardware que administra un sistema informático quedan obsoletos no puede comunicarse y trabajar con el resto de equipos. Es decir, se hace «incompatible». Un informático digno de tal nombre tiene muy en cuenta dicha circunstancia y la previene. ¿Cómo? Actualizándose periodícamente. Un informático acomodado, en cambio, se acostumbra a usar el mismo sistema operativo y el mismo hardware y rechaza actualizarlos. Cuando tal incompatibilidad es absoluta, el informático comodón se ve obligado a cambiar por completo su equipo, adquiriendo un nuevo sistema operativo y nuevo hardware. Además del coste económico, debe aprender a utilizarlos cuando el resto de la comunidad, sus competidores o colaboradores, ya dominan desde hace tiempo los nuevos entornos, lo que le hace pagar un alto coste en competitividad. En este contexto, el informático comodón puede aprender de la experiencia actualizándose periodícamente o puede elegir el camino fácil y, con el tiempo, se verá obligado a repetir la jugada. «Incompatible» es uno de los términos que todo informático evita.»
    ¿Qué está pasando en Espanya? Que su economía es incompatible con la economía del resto de países de su entorno. ¿Qué está pasando en Espanya? Que su Justicia es incompatible con la Justicia del resto de países de su entorno. ¿Qué está pasando en Espanya? Que su régimen político es incompatible con los regímenes políticos de los países de su entorno. ¿Qué está pasando en Espanya? Que su sociedad, tolerando los continuos desmanes de su régimen maligno, con la fuga del Campechano como guinda del pastel, mientras repiten lo demócratas, republicanos y progresistas que son todos y fomentando la xenofobia descarada contra Catalunya deshumanizandose a mansalva para poder deshumanizar a los independentistas y no actuar cabalmente como Canadá y UK, celebrando un referéndum… su sociedad, decía, ha devenido incompatible con las sociedades del resto de países de su entorno.
    Espanya, de nuevo, por tercera o cuarta vez en su Historia, es incompatible con Europa. Espanya está orgullosamente obsoleta y se niega a actualizarse, por eso está a punto de caer el varapalo mencionado. ¿Cómo ha salido de este brete Espanya en anteriores ocasiones? Con dos «remedios»: involución y dictadura. Ahora, sin embargo, sólo puede recurrir a ellos tras renunciar a Catalunya y abandonar la Unión Europea.
    El mundo occidental va a sentar a la orgullosamente obsoleta Espanya en una «mesa de diálogo» en la que les va a ofrecer dos papeles y deberá firmar uno de ellos: un «tratado de Versalles» que suponga el desmembramiento del Imperio Espanyol, (Castilla y sus colonias), o bien firmar su inscripción en la Unión de Estados Africanos. No hay alternativa. Y, por supuesto, con Catalunya lejos de sus garras.
    Éste el varapalo que se aproxima, el que hará que el pueblo espanyol decida «qué quiere ser de mayor»; si continuar siendo el feliz cortijo de sus castas extractivas o ser una sociedad moderna y occidental.
    Me despido recurriendo, de nuevo, a Solzhenitsyn: «Después de los triunfos se quieren más triunfos, después de una derrota se quiere la libertad, y casi siempre se logra». Por eso el pueblo català, después de una derrota lucha por su libertad y la conseguirá. El pueblo espanyol, después de su varapalo, de su derrota, si es lo suficientemente maduro y digno, luchará por su libertad y la conseguirá. Y si no es lo suficientemente maduro y digno y le da la razón a Ortega y Gasset… ¡a seguir disfrutando de la feliz cloaca franquista!, como disfrutan los rusos y los chinos sus respectivas cloacas: son pueblos que también se niegan a actualizarse. Les queda el consuelo de ser «una potencia», pero a los espanyoles no les va a quedar ni eso.

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