Rocío Carrasco, en uno de los episodios televisivos donde ha ofrecido su testimonio como presunta víctima de violencia machista. Foto: Telecinco.

El pasado 29 de junio de 2020 se cumplieron 15 años de la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. En este periodo de tiempo, los juzgados españoles condenaron a un total de 224.820 personas por delitos relacionados con la violencia ejercida contra la mujer por el simple hecho de serlo. Apenas suponía un 52,9 % del total de las personas enjuiciadas, la amplísima mayoría de ellas (219.891 concretamente) eran hombres. El caso de Rocío Carrasco hecho público estos días ha vuelto a traer a colación el fenómeno psicológico denominado luz de gas, uno de los problemas más recurrentes de la violencia estructural contra las mujeres y que el sistema judicial aún no logra detectar pese a los numerosos mecanismos de verificación con que cuenta a su disposición tras la aprobación de la citada ley. ¿En cuántas de las 204.055 absoluciones en 15 años, como la que obtuvo el presunto maltratador de Rocío Carrasco en su día, no apreciaron sus señorías la luz de gas?

La pregunta es estremecedora y recurrente. La respuesta será ya para siempre un enigma. En la mano de sus señorías y de los dirigentes políticos está que una incuestionable realidad larvada, como es la de la violencia psicológica sobre las víctimas de la violencia machista, no se repita de nuevo día a día en pleno 2021 en estos juzgados especializados. Imposible resolver este misterio a día de hoy pese a los crecientes recursos con que está dotado el sistema judicial español para detectarlo.

Bajo el recurrente latiguillo de “versiones contradictorias” los archivos de las denuncias equiparan a denunciante y presunto maltratado por falta de perspectiva de género

Expertos en esta materia certifican que es posible apreciar y probar la violencia psicológica sobre las mujeres. La magistrada y fundadora de la Asociación de Mujeres Juezas Lucía Avilés asegura que “es difícil pero no imposible de probar, requiere derribar el estereotipo que nos hace creer que la violencia de género siempre deja marcas físicas, exige exprimir las herramientas jurídicas que nos da el sistema”. Esta magistrada experta en violencia sobre la mujer subraya que, probablemente, lo más importante que deben tener en cuenta los jueces para saber detectar y enjuiciar la violencia psicológica sobre las mujeres es “escuchar el relato libre de las víctimas”.

Equidistancia judicial

No se trata ya solo de que el denominado Síndrome de Alienación Parental (SAP) no tiene ninguna base ni rigor científicos, sino de que la violencia psicológica aún suena a chino a muchas de sus señorías supuestamente expertas en la materia al estar al frente de juzgados específicos de violencia sobre la mujer. La evidencia del día a día, reconocen a Diario16 distintos expertos consultados, certifica que muchas mujeres se tienen que volver a casa con un sobreseimiento de su denuncia porque los motivos esgrimidos por los jueces en la mayoría de las ocasiones son las “versiones contradictorias” entre denunciante y denunciado.

Incluso los peritajes que realizan los equipos psicosociales de los juzgados actúan en numerosas ocasiones en contra de las denunciantes al extender el manto de la duda sobre sus versiones con las más variadas argumentaciones. Tampoco el papel del Ministerio Fiscal destaca por su protagonismo en estos casos y con demasiada frecuencia no muestra el más mínimo afán en querer ir más allá y averiguar qué se oculta detrás de cada denuncia de estas mujeres. En no pocas ocasiones, actúa más como representante legal del denunciado que como acusador.

Esta equidistancia judicial que se pone en práctica en los casos de denuncias de violencia de género no se aplica del mismo modo en absoluto en otros tipos de delitos y sí se esgrimen con demasiada cotidianidad en estos casos relacionados con la violencia ejercida contra las mujeres, apuntan a Diario16 las fuentes consultadas.

La importancia de los medios de comunicación

El fenómeno conocido como ‘luz de gas’ toma el nombre homónimo de una obra de teatro inglesa de los años 30 del pasado siglo, llevada al cine en 1944 por George Cukor con el título de Luz que agoniza. En ella, el protagonista se vuelca en hacer creer a su esposa que está loca porque los ruidos que supuestamente oye en el ático de la vivienda sólo existen en su imaginación. Para ello, el maltratador psicológico utiliza todo tipo de artimañas, objetos y utensilios para sugestionar a su víctima hasta el punto de hacerle dudar de qué es realidad y qué ficción.

Fotograma de la película de George Cukor Luz que agoniza, del año 1944 y protagonizada por Ingrid Bergman y Charles Boyer.

La periodista y experta en violencia de género Ana Bernal-Triviño, que estos días ha participado en programas de Telecinco para arrojar luz al testimonio televisivo de Rocío Carrasco, subraya la importancia en este sentido que tienen los medios de comunicación y el cometido de los periodistas que tratan los asuntos relacionados con la violencia de género. “La ley de violencia de género dice que los medios de comunicación tienen el deber de sensibilizar y prevenir y, ojalá ahora mismo, quien nos esté escuchando sepa adivinar si puede estar padeciendo una luz de gas”, señaló Bernal-Triviño mientras añadía que la violencia psicológica es un tipo de maltrato machista que se suele desarrollar a lo largo del tiempo y de forma gradual, por lo que no es nada fácil de detectar.

“Es un tipo de maltrato psicológico que se rechaza mucho en los tribunales. Es muy perverso porque es muy sutil, no te das cuenta, va muy poco a poco. Te pone en tela de juicio todo lo que digas, todo lo que pienses. Te hace dudar de ti de forma constante y el resultado que al final tiene, porque va acompañado de muestras de afecto intermitentes para que precisamente se produzca ese comportamiento, que terminas sin autoestima, completamente, agotada, vacía, y como no lo cortes a tiempo terminas por perder tu propia voz”, explicó la periodista y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Como el testimonio de la hija de Rocío Jurado ha evidenciado, la luz de gas provoca que la víctima de esta violencia soterrada ni siquiera es consciente en muchos casos de estar siendo maltratada puesto que no existe una agresión clara de tipo físico. Pese ello, la violencia psicológica no sólo es tan frecuente como invisible y peligrosa, sino que también se añade su incomprensión por parte de los tribunales de justicia que deberían tener las herramientas adecuadas para saber detectarlo y valorarlo en sus fallos judiciales. Porque, en definitiva, esta violencia silenciosa busca invalidar la percepción de víctima de la propia mujer damnificada cuando expresa sus sentimientos. Y ni siquiera el propio entorno de la denunciante es capaz de interpretar esta realidad porque lo reduce a una interpretación simplista bajo el manto de “problemas de pareja”.

Y un último detalle en este sentido que han recordado Bernal-Triviño y también la fiscal Inés Herreros, vocal del Consejo Fiscal, cuando subrayan que la ley actual obliga a los medios de comunicación a “velar por la transmisión de una imagen igualitaria y no estereotipada de mujeres en la sociedad”. (Ley 3/2007).

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