El anciano bajaba las escaleras del metro del Puente de Vallecas, apoyándose con la mano izquierda en el tubo niquelado que sirve para sostener el cuerpo y no caerse. Llevaba un bastón en la mano derecha.   Se notaba que usaba el metro a menudo, tardó unos diez minutos para llegar al fondo de ese primer tramo de escaleras. Aun le quedaban dos tramos, pero eran más cortos.

Iba a coger la línea uno para ir a la plaza de Castilla. Sacó la tarjeta de transporte que llevaba en su cartera en el bolsillo trasero derecho del pantalón. Aproximó la tarjeta de transportes sobre el contactles de una de las puertas de acceso. No había visto a nadie mientras bajaba desde la calle. Descendió al andén a esperar el tren que lo iba a llevar cerca de su casa. Solo había una señora esperando. Era bastante tarde. Él se sentó en el banco más cercano a la entrada. Jadeaba un poco.

De súbito llegaron tres individuos jóvenes, altos y fuertes, con zapatillas de deporte sucias y mucho uso. Iban mal vestidos, con pantalones raídos y camisetas con algún agujero. El marcador decía que el próximo tren llegaría en seis minutos. Los tres hombres rodearon al anciano y le pidieron dinero. Él no hizo caso.

“¡Venga viejo, saca la cartera y danos unos billetes.”

Uno de ellos lo agarró por los hombros y lo sacudió.

“Dejadme en paz” les gritó el anciano con voz de miedo.

La señora que estaba en el andén les espetó:

“¡No hacedle daño, por favor!”

Uno de ellos le respondió: “¡Cállate puta, que ahora vamos por ti!”

La señora, nerviosa, se alejó al fondo del andén apretando su bolso contra el pecho.

“¡Venga viejo, danos tu dinero o te lo sacamos a patadas hasta que revientes!”

Se oyó el estruendo del hablar alto de los estudiantes de medicina del hospital comarcal que terminaban sus prácticas y volvían a casa en la línea uno.

Los tres cobardes acosadores se alejaron corriendo, hacia la boca del metro, despejaron la escena, mientras una docena de chicos sanos y fuertes saludaban al anciano y a la señora aterrada que les bendecía. Ayudaron al viejo a erguirse y le ayudaron para tomar el metro que estaba entrando a la estación.

Javier Arzola es autor del libro DÍ, MEMORIA que se presentará el próximo día 18 de diciembre, miércoles, a las 7 de la tarde en Libertad8.

https://libros.cc/Di-Memoria–2%C2%AA-Edic.htm

Javier Arzola y Di, memoria; su libro espléndido

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1 Comentario

  1. Sólo le faltó poner dónde llevaba la cabeza el viejo, si encima del cuello y a la izquierda o a la derecha y si los pantalones lo tenía puestos en ambas piernas o en una sola… sé puede escribir narrativa mal, esto es un ejemplo, lo que no se puede es que periódicos serios como éste la publiquen.

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