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Djokovic, de héroe a villano

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Nunca he sido muy de Djokovic, pero siempre me han gustado los deportes en general, especialmente el tenis. Sin embargo, este artículo no va de eso. No va de raquetas, de torneos ni de clasificaciones. Va de algo mucho más importante. Y es que, en los últimos dos años, se nos ha bombardeado a base de mensajes propagandísticos recurrentes y constantes, de un discurso único que no admite debate y de unas restricciones de derechos fundamentales sin precedentes en las democracias contemporáneas. Todo ello con el pretexto de un virus (que evidentemente existe), sobre cuya base se ha construido una estrategia de polarización nunca vista en la sociedad: O eres de los míos o vas contra mi. O eres un buen ciudadano (vacunado y obediente ) o eres un mal ciudadano (insolidario, conspiranoico e ignorante).

Parece que este virus no solo ha terminado con las libertades y los derechos que tantos siglos de lucha costaron a nuestros antepasados, sino también con la cordura, el pensamiento crítico y la prudencia. Ya no hay términos medios. La sociedad se divide en vacunados o no vacunados, en solidarios y en insolidarios, en los que obedecen las leyes y los que las desobedecen. Se perdieron los matices. El arte de cuestionarse las cosas para poder evolucionar.

En este contexto, tenemos a un tenista llamado Djokovic. Este señor, como muchos millones más en este planeta entre los que me incluyo, ha decidido no inocularse un suero experimental contra la COVID 19, mal llamado vacuna. Sí, repito: ha decidido. Porque nadie puede imponer por la fuerza a otra persona un tratamiento si esa persona lo rechaza. Pero parece que la sociedad ha perdido la capacidad de valorar ese pequeño detalle.

Ahora algunos se quedan muy satisfechos con la deportación de Djokovic. Se sienten mejor y se vanaglorian de que la Ley se aplica todos por igual. Le cuestionan porque según ellos se pensaba superior al resto. Porque todos tenemos que pasar por el aro… ¿de verdad?   

La Ley es la Ley. Pero por ejemplo en Irán es Ley dilapidar a una mujer hasta la muerte por adúltera. Y en otros muchos países nos escandalizaríamos de lo que dice la Ley. ¿Qué sea Ley nos impide realizar un análisis sobre si es justa o no? ¿sobre si es humana o no? ¿sobre si debe ser repelida por la ciudadanía por incoherente? Para mi la respuesta es claramente no.

Si la ciudadanía no se hubiese cuestionado nada ni reaccionado a leyes injustas a lo largo de la historia, ¿podríamos las mujeres votar? ¿se habrían abolido discriminaciones raciales?… en fin…

Planteo esta cuestión, porque parece que nadie se cuestiona nada. Pocas personas protestan contra las restricciones mundiales a la movilidad de los ciudadanos basadas en si el viajero se inoculó o no el suero experimental contra la COVID-19. Y menos aún el sin sentido de dichas restricciones cuando ha quedado sobradamente demostrado a estas alturas que los vacunados no solo se infectan igualmente con dicho virus sino que lo transmiten a terceras personas. Con lo cual, yo me pregunto: ¿qué sentido tiene prohibir la libre circulación de las personas que no se han vacunado cuando las vacunadas son igualmente propagadoras del virus y se infectan igual?

Si las vacunas parece que solo protegen individualmente a quien se la inocula de la enfermedad grave y de llegar a una UCI, ¿qué más le da lo que hagan los demás? Es decir, una persona no vacunada no supone ningún riesgo adicional para el resto de la sociedad. ¿Por qué entonces se ha satanizado a quienes, en su derecho de elegir, optaron por un criterio de prudencia al rechazar inocularse una sustancia que se haya en fase de ensayo hasta 2023?

En este contexto, el Sr. Djokovic, antes héroe del tenis, personalidad admirada, deportista de élite cuya salud no puede estar más vigilada, en forma a más no poder, ahora pasa a ser un villano. Alguien a quien se le pone negro el panorama. El deporte es su trabajo. Y a alguno no les dará ninguna pena porque considerarán que como está forrado ya tampoco tiene derechos a reivindicar contra una situación injusta e inmoral. Qué mala es la envidia…

Pero como decía, a este señor, rico o no, lo han escogido como cabeza de turco, como chivo expiatorio, para que desde la plaza del pueblo podamos ver todos qué es lo que les ocurre a los insurgentes que no cumplen con las normas aberrantes y absurdas que les obligan a introducirse una sustancia en fase de ensayo en el cuerpo, de cuyos efectos adversos (la mayoría aún por determinar sobre todo a medio y largo plazo) no responde ni el fabricante, ni el Estado que te coacciona a su inoculación. Nadie responde. Nadie asume las consecuencias de este despropósito. El culpable de todo y quien paga siempre es el ciudadano. Me parece indigno.

No hace ni dos días, se pudo conocer en todos los medios de comunicación, que un Tribunal francés eximió a una compañía de seguros de cubrir la muerte de un vacunado por equiparar a un suicidio el hecho de que la víctima se hubiese inyectado un producto experimental como es la vacuna de la COVID 19. El ciudadano francés falleció dos semanas después de recibir las vacunas, pero su seguro de vida no cubrió la indemnización a sus familiares bajo el argumento de que dicha persona se había prestado voluntariamente a inyectarse un producto experimental no debidamente testado. El Tribunal considera que se trataría de “una fatalidad voluntaria” y que por tanto sería equiparable a un suicidio, de manera que no correspondería indemnizar a los familiares beneficiarios del seguro de vida. Por otra parte, en Francia, el Sr. Macron diciendo que iba a joder a todos los no vacunados… ¿en qué quedamos? Los políticos coaccionando para la vacunación y los tribunales reconociendo que se trata de un tratamiento experimental al que se sometió voluntariamente el paciente. Sea como sea, quien paga el pato siempre es el ciudadano. Si se vacuna, puede ir al cine y al teatro. Pero si la vacuna le mata, adiós a la indemnización del seguro de vida a sus familiares… ¿Dónde quedaron en Francia la Libertad, la igualdad y la fraternidad?

En la misma Francia se acaba de anunciar que han cambiado la Ley, y que Djokovic no jugará el Roland Garros si no se vacuna. ¿Quieren que se someta? ¿qué es lo que buscan? ¿Acabar con la carrera deportiva del jugador por el simple hecho de que ha optado por no vacunarse? ¿Es que acaso ya no es persona? ¿Ya no es el número uno del tenis? ¿ahora se ha convertido en un peligro para la salud público? ¿pretenden pintarlo como un criminal? Insisto… de la noche a la mañana de héroe a villano.

Se sigue la línea de estigmatizar, de dividir a la sociedad, de generar enfrentamiento. Mientras nos olvidamos de la absoluta falta de recursos sanitarios, y de la nula inversión que en los gobiernos han hecho en los centros sanitarios. No hay camas suficientes, ni UCIS, ni medios, ni personal suficiente. Sí que hay dinero para jets privados e ir de viaje en viaje cortando cintas para inaugurar cualquier chorrada. Ese es el verdadero problema. La falta de recursos. Pero es más fácil atacar a los ciudadanos, culpar a los que no se ponen una vacuna que ni impide el contagio ni la propagación del virus.

Volviendo al caso Djokovic, hay quien podrá decir que este Señor mintió en el formulario, que puso una crucecita donde se decía que no había viajado a ningún otro lugar en las dos semanas anteriores y que había viajado a España. Desde que se puso de manifiesto, Djokovic reconoció ese error humano al cumplimentarse el formulario. ¿Alguien cree que Djokovic se dedica a rellenar los papeleos de los visados cuando viaja? Esto es trabajo de sus gestores, que por cierto se equivocaron. El asunto es, que el Estado de Victoria, había aceptado la exención por haber pasado el tenista la enfermedad en fecha 16 de diciembre de 2021. Y este es el motivo por el que el Sr. Djokovic se subió al avión y voló a Australia. Después, el Estado de Victoria y el Gobierno central de Australia, entraron en pugnas internas y no debemos olvidar que pronto hay elecciones allí. Pero pongamos que Djokovic se equivocó, que lo hizo mal. Que cumplimentó mal la burocracia. Perfecto. Pudo hacerlo mal. Pero hay que ir más allá, porque para mi la pregunta es: ¿estamos verdaderamente dispuestos a que una persona pueda ser privada de ejercer su profesión y su trabajo por el hecho de haberse vacunado o no? ¿aceptamos que nos pueden quitar el pan de nuestra boca y el de nuestros hijos si no nos sometemos a la coacción de vacunarnos contra nuestra voluntad? ¿es lícito no poder salir de un país por negarse a recibir un suero experimental?

Me parece muy grave. En Italia la Ley impone sanciones de suspensión de empleo y sueldo a los trabajadores que no se vacunen. Sin embargo en EEUU los tribunales no avalan que se pueda obligar a los trabajadores de empresas de más de 100 trabajadores a vacunarse. Mientras, en el Reino Unido se habla de la supresión inminente del certificado covid por no evitar la transmisión, cosa que ya se hizo en Bosnia. Pero en Francia se endurece más que nunca el tema certificado covid apartando a los no vacunados de la vida social. El caos es absoluto.  Y cuando existen tantas incoherencias, es difícil obedecer algo que nos parece totalmente infundado, injusto y que además atenta contra normas constitucionales de los estados. Es un sinsentido.

En fin, siempre se ha dicho que cuando veas las barbas del vecino arder pongas las tuyas en remojo. Ahora algunos se regodean felices porque al Sr. Djokovic no le van a dejar practicar su deporte, el trabajo que le da de comer. Solo espero que mañana, todos los que ahora se jactan de ello, no tengan que verse en el futuro en la misma situación. Porque es una decisión diabólica la de tener que elegir entre poder conservar el puesto de trabajo que te da de comer y paga tu hipoteca o bien someterte definitivamente a la coacción de inocularte un suero experimental cuyos efectos adversos pueden llegar a matar sin que fabricante, ni estados, ni compañías aseguradoras, se responsabilicen de esa muerte. ¿De verdad la sociedad se ha vuelto tan ciega, irracional e insensible? ¿Vamos a tolerar que se nos amenace con la pérdida de nuestro trabajo, con la restricción de nuestros derechos fundamentales, con la pérdida de todas las libertades ganadas tras siglos y siglos de lucha? Y los que han decidido vacunarse, ¿de verdad van a sentirse en una categoría humana superior a la de aquellos que no se han vacunado? O por el contrario admitirán que cada uno es libre de elegir lo que considere más conveniente para su propia salud.

No nos perdamos en los matices, de si Djokovic hizo bien o hizo mal esos trámites burocráticos. Si obró bien o mal al no confinarse cuando correspondía. Porque en el día a día todo el mundo puede fallar y cometer errores. No le justifico. Y obró mal si en realidad se saltó el confinamiento sabiéndose positivo.  Pero no es ese el centro de la cuestión a la que me refiero. Lo importante aquí y la miga a sacar es que el hecho de ponerse o no una vacuna experimental puede llegar a condicionar que un ciudadano pierda su trabajo. O se le niegue la entrada a cierto lugar.

Cuando veo que otros tenistas y personas sentencian que lo tiene muy fácil, “que se vacune”, pienso que no se puede ser más irrespetuoso con la libertad de los demás. Y que no se trata de eso. ¿Quién nos creemos que somos para decirle a otra persona lo que debe o no debe hacer con su cuerpo? ¿a qué estamos jugando? El Sr. Djokovic, como millones en este planeta, tiene inmunidad natural porque ha pasado la enfermedad. Tiene igual o más inmunidad que un vacunado. Porque la infección natural hace que el organismo se enfrente a todas las proteínas del virus y no solo a la proteína S que es en la que se centran las vacunas. Por tanto, el Sr. Djokovic no era un peligro público de salud. Era un peligro para los que tienen tanto miedo a escuchar otro criterio distinto al suyo que se aparte del pensamiento único instaurado como única opción válida si quieres ser un ciudadano ejemplar.

¿Por qué ha costado tanto hablar de inmunidad natural? ¿Por qué no se inocula a quien lo decida libremente y a quien verdaderamente tenga un mayor riesgo de verse afectado gravemente por los efectos de la COVID-19? ¿Por qué se insiste en imponer la vacunación en niños e individuos sanos y sin patologías previas que prefieren asumir el riesgo de sufrir la COVID antes que el de inocularse un tratamiento experimental del que se desconocen los efectos a medio-largo plazo?

Solo sé que debe de ser muy dura la situación de este jugador y la de muchas otras personas a las que ahora se les está vetando el ejercicio de su profesión por el mero hecho de no haber recibido una vacuna que ni evita el contagio ni la transmisión de la enfermedad. Djokovic por suerte no se morirá de hambre por su evidente posición económica, pero para otras personas y trabajadores de este mundo, arriesgarse a perder su puesto de trabajo por mantener su libre decisión de no vacunarse podría resultar su ruina y la de sus hijos. Djokovic simplemente le ha dado visibilidad al tema, para que empecemos a darnos cuenta de la que se nos avecina si no reaccionamos. Esto no es ninguna broma.

Debemos despertar de este letargo que solo nos permite ver a través de las gafas distorsionadas que los medios oficiales han diseñado para nosotros y que algunos no se quitan ni para dormir. Veamos más allá. No es que se cumpla o no la Ley, el debate no está en si rellenó bien o mal los documentos o en si hizo cuarentena. El debate está en que estamos ante una coacción en toda regla y algunos todavía no se enteran. Lo triste es que cuando les toque el turno, quizás ya sea tarde para reaccionar. Pero como dicen ellos, siempre estaremos a tiempo de someternos y de permitir que nos inoculen en el cuerpo lo que les dé la gana. Espero que Djokovic aproveche su posición y recursos para resistir con dignidad firme en sus convicciones. Hoy ha sido Djokovic, pero mañana podemos ser cualquiera de nosotros. Qué duro debe de ser escoger entre vivir o sobrevivir… y es que esto no va de tenis ni de visados.  Esto va de derechos, de libertad y de dignidad.

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8 Comentarios

  1. El artículo tiene fallos muy graves. Habla de matices pero no es capaz de diferenciar entre un tratamiento curativo y uno preventivo. Los medicamentos curativos van destinados a las personas que sufren una enfermedad y si no quieren ese tratamiento sufren ellos mismos las consecuencias. Sin embargo, las vacunas funcionan como un método preventivo cuyo pilar fundamental es la inmunidad de grupo. Esto ha hecho desaparecer para siempre enfermedades tan graves como la viruela; pero para ello se necesitó vacunar a una gran parte de la población. El bien colectivo está por encima del individual, y hasta que no entendamos esto estamos condenados a la extinción como ocurrió con los dinosaurios. El día de mañana el hombre deberá abandonar la tierra que es su cuna para continuar existiendo (¡qué grande Sagan!).

    • Madre mía. Dices que el artículo tiene fallos, y lo dices tú que a estas alturas sigues afirmando que el ensayo de ARN detiene el virus. Creo que te has quedado en el discurso de hace un año, cuando nos aseguraron que la mal llamada vacuna paraba el virus con cada persona inoculada. Creo que a todo el mundo le ha quedado ya claro que no es así, incluso hay científicos que sugieren que estos experimentos están ayudando a crear nuevas mutaciones del virus. Aunque se lograse inocular a toda la población sincronizadamente el virus seguía infectando y mutando.

  2. Uno mas…Te referís a vacunas? Porque lo que están inoculando no son vacunas, ya que NO inmunizan y también podes contagiar. Entonces no repitas lo mismo y lee un poco mas y no compares ese suero con otras vacunas que tuvieron su periodo de prueba como debe ser. El bien colectivo???? jajajaja no me hagas reír!!! de la piel para adentro es exclusiva jurisdicción mía. Nadie, absolutamente Nadie puede meterme en el cuerpo nada que yo lo permita.

  3. Uno mas….(pronto uno menos) cortito: Bien colectivo? jajajajajajajaj. De la piel para adentro es pura y exclusivamente jurisdicción mía. Nadie, absolutamente NADIE puede meterme en el cuerpo algo cando yo no lo permito. Saludos

  4. Acabo de pasar el Covid-19 y gracias a estar vacunado no he tenido muchos problemas. Los casos de muerte por esta enfermedad entre las personas vacunadas son muy inferiores a los no vacunados, quien no lo quiera ver allá él; pero contra los datos poco se puede alegar…

  5. La solución para quien no quiera vacunarse es más simple que obligarlos: se le ofrece la vacuna a todo el mundo, y quien la rechace que firme para que en caso de contagiarse no se le tratará de esa enfermedad. Así se solventaría el problema y no se saturarían los servicios sanitarios…

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