Desde finales del siglo XX y en diferentes países occidentales, el terrorismo se ha manifestado reiteradamente de forma sangrienta. Sin ánimo de ser exhaustivo, debemos citar el terrorismo secular de ETA que sembró el dolor en numerosas familias españolas de todo tipo y condición. También, se debe hacer referencia a los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Además, no se deben olvidar los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004, así como los del metro de Londres del 7 de julio de 2005. A esta lista inconclusa de atentados terroristas indiscriminados habría que añadir los numerosos atentados en el Próximo Oriente, que ponen en entredicho la Alianza de Civilizaciones tan del gusto de ZP y que denotan claramente un Enfrentamiento de Civilizaciones.

Todos estos atentados han producido miles de muertos, miles de heridos y sufrimientos sin cuento. Además, han generado también un temor generalizado en todo el mundo y, en particular, en los países occidentales, lo que ha propiciado la adopción de obsesivas medidas de seguridad y la declaración de la “guerra contra el terrorismo” por parte de EE. UU. y de sus aliados. Ahora bien, estas medidas han alterado, en general, las tradicionales políticas internacionales y domésticas de seguridad y, en particular, de la seguridad aérea. En efecto, viajar en avión es hoy un calvario para los viajeros, que deben llegar al aeropuerto con mucho tiempo de antelación para pasar bajo las horcas caudinas de los arcos de seguridad, para permitir escanear sus equipajes, para ser cacheados, ellos y sus equipajes, y para dejarse incautar cualquier objeto (cortaúñas, pinzas de depilación, etc.), que pudiera ser utilizado como arma asesina, o cualquier recipiente (botella de agua, gel de afeitar, frascos de perfume, after-shave, cremas, dentífricos, etc.), que pudiera contener alguna sustancia explosiva.

Ahora bien, ¿todo esto son medidas y precauciones que velan por la seguridad de los pasajeros o hay gato encerrado y es una coartada para, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, conseguir objetivos inconfesables, que no tienen nada que ver con la seguridad? Creo, más bien, que las medidas de seguridad aeroportuarias citadas, así como las adoptadas en los edificios oficiales, tienen muy poco que ver con la seguridad y son simplemente una línea de negocio más para que ciertas personas —amigas o testaferros de algún miembro de la casta política— se forren a costa del erario público, de los viajeros y de los ciudadanos. Para ilustrar y apoyar esta aseveración, voy a relatar tres vivencias personales recientes, que llevan el agua al mismo molino: el negocio lucrativo de la seguridad, pero que no proporciona seguridad a los ciudadanos.

Informo a mis lectores que, vaya a donde vaya, siempre llevo en bandolera un bolso de cuero de vaca, que merqué en el barrio de Plaka de Atenas hace más de 25 años, al regresar de uno de mis numerosos viajes a Grecia. Es un bolso en el que llevo siempre algún libro, algunos folios y un moleskine para tomar notas, así como una agenda. En un bolsillo lateral del mismo, nunca falta un bolígrafo, algún rotulador, un lápiz y también una navaja “made in France” Opinel (cf. mensaje icónico ut supra): 7 cm. de hoja y 9 cm. de empuñadura; en total, 16 cm. de “en-verga-dura”, como hubiera dicho el delincuente Iñaki Urdangarín, el Duque Em-Palma-do.

El 6 de mayo de 2014, a las 10 de la mañana, acompañé a una amiga a la Inspección de Trabajo de Barcelona, sita en Travesera de Gracia, 2. En la entrada del edificio, un agente de seguridad privado nos invitó a depositar nuestras carteras y bolsos de mano en el tapiz del escáner, que se los tragó sin detectar la presencia de mi peligrosa navaja Opinel, al tiempo que nos hizo pasar bajo el arco de seguridad. Hechas las gestiones previstas en la Inspección de Trabajo, mi amiga me acompañó al aeropuerto de Barcelona, donde tenía que coger un avión rumbo a Valladolid, en compañía de un amigo arquitecto, Ramón Auset. De nuevo, streaptis parcial, paseo obligado bajo el arco de seguridad y escaneado de mi equipaje de mano, bajo la mirada desconsiderada, bravucona y chulesca del jefe de seguridad privada, que no tuvo empacho en privarme de la pasta de dientes, del gel de afeitar y del after-shave. En el viaje de vuelta de Valladolid, el 8 de mayo: misma liturgia e idénticos resultados. A la ida y a la vuelta, los medios humanos y técnicos de los dos aeropuertos no detectaron mi amenazadora Opinel. En fin, en la segunda quincena del mes de agosto, durante mis vacaciones en un pueblo del Bierzo Alto, Almagarinos, tuve que dirigirme a la Delegación de Castilla y León en Ponferrada para realizar unas gestiones. A la entrada de la Delegación, me encontré con el mismo escenario: vigilante de seguridad privado, arco de seguridad y escáner; y el mismo resultado: ni el uno ni los otros detectaron mi temible Opinel.

Los hechos narrados son tozudos. La reiteración de los mismos, en tan corto espacio de tiempo, pone de manifiesto que la seguridad en los aeropuertos y en los edificios de los organismos públicos tiene más agujeros que un queso gruyer. El Estado no ha habilitado ni las medidas, ni los medios técnicos operativos y eficaces para garantizar la seguridad. Y para más INRI ha hecho dejación de una de sus funciones fundamentales, al poner en manos de empresas privadas, que buscan siempre el beneficio económico, la obligación de velar por uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos: la seguridad. Además, con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana (aprobada el 10 de julio de 2014), se limitarán aún más las competencias de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Si yo he podido pasar tres controles, en tres lugares diferentes, con mi amenazadora Opinel, uno se pregunta si, como repite la casta política privatizadora, la empresa privada ofrece realmente una mejor seguridad y más barata. Los hechos demuestran que no. Entonces, ¿por qué la casta política gobernante o la que ha gobernado en el pasado han privatizado y siguen privatizando la gestión de la seguridad de los ciudadanos españoles?

Como he sugerido ut supra, la privatización de la seguridad (como la privatización de otros servicios o empresas estatales) es una oportunidad de negocio más, amañada entre los miembros de la casta política y sus testaferros o amigos, con el único objetivo de amasar dinero, sin prestar, en contrapartida, un servicio real y efectivo. Están, en la mente de todos, los numerosos casos de miembros de la casta política, que han hecho de la gestión de la res publica su particular modus vivendi y que toman decisiones pensando, no en el bien común, sino sólo en el beneficio de sus futuros empleadores. En efecto, éstos, gracias a la “puerta giratoria”, los van a acoger en sus empresas, al terminar sus vidas políticas, como recompensa por los servicios prestados. Ante estos hechos y comportamientos, es lógico que, en sus investigaciones sociológicas periódicas, el CIS constate que, para los españoles, la casta política no es la solución a los problemas que aquejan a España sino, después del paro-crisis económica, el problemas más importante. Por eso, como he escrito en otro lugar, “casta política delenda est”.

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5 Comentarios

  1. La basura politica, cuando tiene uno de sus multiples problemas legales, por su habitual actividad de delincuencia organizada, suele exigir que el pueblo le aplique el principio juridico de presuncion de inocencia. Pero a mi por ejemplo, se me puede aplicar el principio de presuncion de culpabilidad, imponiendome una prueba de alcoholemia, cuando no existe un solo indicio en mi conducta vial con mi coche, que pueda hacerlo justificable. Porque esa prueba, es presuponerme la culpabilidad en un delito de posibles consecuencias penales. Es, tratarme, a mi, como un potencial delincuente. La injusticia, es el inexorable activador reactivo del despotismo. Todo llega. Y cuando en todas partes, no haya mas ley que la del realmente mejor, que gane el mejor

  2. Lamentablemente en demasiadas ocasiones hay que leer cosa como esta de personas que no se han molestado lo más mínimo en investigar (ni un sencillo wikipedia, google…) el autor del artículo, versado y doctorado en ciencias de la malacantrosis y gonorreosis en la Universidad de Villa Chilupa debería haber tenido en cuenta que los servicios que el menciona se licitan y normalmente las empresas van casi a coste.
    Así a modo de resumen.
    Por otra parte, estará el autor deacuerdo en que los furgones, estaciones de metro, centros comerciales (privados pero abiertos al público) y delegaciones de hacienda o S.S. deberían prestarlo agentes de las FFCCSE y así que patrulle las calles Rita.
    Con artículos así y autores así de esperpénticos ahora entiendo xq la edición impresa de Diario16 se fue al garete.
    Un crack.

    • Sr. o Sra. “Bartol ohme” (sic):

      • Así como los romanos no pagaban a traidores, yo no suelo responder a los internautas que utilizan seudónimos o que actúan en las redes sociales parapetados tras el burladero gallinaceo del burka. Sin embargo, hoy voy a hacer una excepción con Ud., ya que su nauseabunda vomitera lingüística ha mancillado las redes.

      • En primer lugar, quiero decirle que Ud. se comporta como el necio que mira el dedo que le señala la luna: en vez de centrarse en lo que el mensajero trae en su zurrón lingüístico, se ha fijado Ud. sólo en el mensajero. Por lo tanto, ha fracasado Ud. como lector.

      • Además, pretende hacerse el gracioso (por cierto, sin conseguirlo), al hablar de la formación del “autor del artículo, versado y doctorado en ciencias de la malacantrosis y gonorreosis en la Universidad de Villa Chilupa” (sic). Su actitud lo retrata a Ud. y lo deja con las flácidas y celulíticas posaderas culturales al aire. Su vomitera lingüística me ha hecho pensar en una cita de J. José Millás, que reza así: “Sólo el ignorante contumaz se revuelca feliz en su pocilga. Si no logra disfrutar de Shakespeare, lo borra de la historia de la literatura. Si no ha podido con el Quijote, lo califica de coñazo insufrible. Si no comprende la filosofía, la tacha de entretenimiento inútil para vagos”. Tome nota.

      • En tercer lugar, quiero indicarle que el punto de partida de mi texto (“Del negocio de la seguridad”) han sido unas vivencias personales reiteradas (4 casos), en muy poco tiempo (unos días) y en lugares diferentes (4 lugares). Y mi objetivo ha consistido en dar a conocer estas vivencias. Para ello, me he informado a partir de “mon vécu” Como dice una paremia castellana, un grano no hace granero, pero una acumulación de granos (reiteración de casos de fallos) hace granero y hace rico al molinero (en el caso que nos ocupa, a las empresas de seguridad privada).

      • En cuarto lugar, Ud. pontifica, sin dar datos, cuando afirma que “los servicios [mencionados en mi texto] se licitan y normalmente las empresas van casi a coste”. Eso no se le ocurre ni al que asó la manteca. En la lógica capitalista y en una economía de libre mercado, las empresas hacen y arriesgan unas inversiones porque van a tener beneficios. Lo comido por lo servido no es moneda de curso legal en una economía de libre mercado, regida por el beneficio, cuanto más grande mejor.

      • En quinto lugar, en todo Estado de derecho, los ciudadanos tenemos una serie de obligaciones y de derechos. Entre éstos, el derecho a la seguridad, en sentido amplio, que es un derecho fundamental. Y el Estado no puede subrogar la protección de este derecho. Y, aún menos, cuando la seguridad privada tiene más agujeros que un queso gruyer.

      • Finalmente, Ud. mezcla las churras con las merinas al afirmar, sin ton ni son, que “con artículos así y autores así de esperpénticos ahora entiendo xq la edición impresa de Diario16 se fue al garete”. Al farfullar esto, Ud. exterioriza su mala fe o está instalado y vive en Babia. Con la irrupción de las redes sociales, las ediciones impresas de todos los periódicos, incluso de los más prestigiosos, tanto de España como del resto del mundo, se han resentido: muchos han desaparecido para siempre; otros han hecho el tránsito digital (es el caso de Diario 16); y los que aún subsisten, tienen los días contados, a pesar de estar en la UCI, gracias a las subvenciones públicas. Hace algunos años, leí el siguiente grafiti en la ciudad de León: “Hazte un favor, piensa”. Aplíquese el cuento.

      Sin acritud, un cordial saludo y, por favor, quítese el burka.

      Manuel I. Cabezas
      12 de noviembre de 2019

  3. En los años de plomo en el pais vasco, un escolta de seguridad me comentó en consulta médica que el mayor empresario del ramo en ese territorio era un importante miembro del Partido popular.

    • Sr. Alonso:

      • Lo que Ud. aporta en su comentario, sin dar el nombre del “importante miembro del Partido popular” (sic), es una información que me llegó a mí, hace ya muchos años, por otros canales.

      • Según me informaron, un ex-ministro vasco del PP, seguramente se trata del mismo del que le hablaron a Ud., empezó a privatizar la seguridad que el Estado debe asegurar y se convirtió en uno de los mayores empresarios del sector.

      Manuel I. Cabezas
      13 de noviembre de 2019

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