Según Plutarco (cf. Vidas paralelas), la expresión “Cartago delenda est” (“Carthago debe ser destruida”), que he tomado prestada para titular este texto, es atribuida a Catón el Viejo. Este senador romano la utilizaba siempre, como un mantra, al final de todos sus discursos en el Senado romano, durante los años que precedieron a la tercera y última Guerra Púnica (149 a. C.-146 a. C.), que provocó la destrucción definitiva del peligro que representaba, para Roma, la poderosa ciudad de Cartago.

Con lo que está cayendo en España, la cita de Catón el Viejo les viene como anillo al dedo a los miembros y “miembras”, como diría la ínclita Bibiana Aído, de la casta política española: de viejo o de nuevo cuño; de derecha, de centro o de izquierda. Como Cartago, por muchas y variadas razones, la casta política española “delenda est” también. Este veredicto se lo ha ganado a pulso y es, además, un clamor popular, según los últimos barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): para los españoles, los políticos son uno de los problemas más graves e importantes; y, lo que es más grave, no son la solución de los problemas, sino parte fundamental de los problema. Por eso, la casta política hispana “delenda est”.

En efecto, para llegar al poder, los miembros de la misma prometen la luna y todo aquello que halague los oídos de los ciudadanos. Pero, una vez llegados al poder, sufren una metamorfosis y padecen una amnesia que les hace olvidar todo aquello que prometieron. El poder bien vale una mentira o las que hagan falta. Los de la casta política son mentirosos y caraduras; han perdido toda credibilidad; y han empezado a recibir la penitencia de la que habló Aristóteles: “El castigo del embustero es no ser creído, aunque diga la verdad”. Aunque sólo fuera por esto o también por esto, la casta política hispana “delenda est”.

Para controlar el poder y permanecer en él “sine die”, los de la casta política electa de todos los niveles (nacional, autonómico y municipal) y de todos los partidos se rodean de un ejército de personas de confianza, compuesto de familiares, amigos y compañeros de partido, a los que hay que dar pesebre y cubil. Esto constituye un ejemplo claro de nepotismo y un ejemplo de cordón sanitario, que les permite asegurarse el control del poder y la permanencia en él, así como el disfrute, para sí y para los suyos, de las prebendas del mismo. Son sectarios, egoístas y digitales (por lo de los nombramientos a dedo). Y, aunque sólo fuera por esto o también por esto, la casta política hispana “delenda est”.

Además del ejército de personas de confianza, los de la casta política —en general, sin músculo intelectual, indocumentados e incompetentes— se rodean igualmente de una legión de asesores fieles, tan incompetentes e indocumentados como ellos. Suelen ser también amigos, familiares o conmilitones del partido a los que se les dan unas canonjías suculentas. Esto y el nepotismo del que acabo de hablar dejan mano sobre mano a los competentes funcionarios, que superaron unas oposiciones, convocadas en función de las necesidades de la administración de la “res publica”. Son unos indocumentados, unos partidistas y unos incompetentes; para más inri, han salido del todo a cien de los partidos. Y, aunque sólo fuera por esto o también por esto, la casta política hispana “delenda est”.

Por otro lado, en la conquista, en el ejercicio y en el disfrute del poder, los de la casta política han prostituido la democracia española, desnaturalizando este sistema de gobierno y transformando a España en una auténtica “Granja Orwelliana”. En efecto, y esto vale para todos los partidos, la separación de poderes no es una realidad por estos pagos. Aquí, hace ya muchos años que Alfonso Guerra certificó la muerte de Mostesquieu y dio un aviso para navegantes: el que se mueva no sale en la foto. De aquellos polvos, estos lodos: la casta política ha colonizados todos los resortes del poder y monopoliza los tres poderes (el legislativo, el ejecutivo y el judicial). Y no piensa en servir a la ciudadanía sino en servirse del poder en beneficio propio, de sus familiares, amigos y compañeros de partido. Por eso, los ciudadanos estamos mayoritariamente, no en contra de la democracia, sino en contra del funcionamiento de este sucedáneo de democracia. Las hemerotecas están ahí para ratificarlo. Los de la casta política han sido los asesinos y los enterradores de la misma. Y, aunque sólo fuera por esto o también por esto, la casta política hispana “delenda est”.

En esta democracia a la española, el despilfarro, la corrupción y el latrocinio son las señas de identidad de la casta política; constituyen la moneda de curso legal que la casta ha puesto en circulación. Estos atentados contra la democracia son fenómenos transversales y generalizados, afectan a todos los partidos, que actúan como verdaderas familias mafiosas, que van escribiendo una enorme enciclopedia Espasa, a la que van añadiendo, cada día, nuevos volúmenes de fechorías. Se sienten impunes y actúan en consecuencia. Y cuando son cogidos con las manos en la masa, se defienden como gato panza arriba, dilatando los procesos, apelando a instancias superiores para seguir dilatándolos y para ser absueltos por esos jueces que la casta política ha aupado y nombrado. Y si, por casualidad, son condenados, ahí está el gobierno de turno para indultarlos y enmendar la plana a los tribunales que se atreven a impartir justicia: hoy, por mí; mañana, por ti. Y la casa sin barrer. Como escribió, hace algún tiempo, Ernesto Sáenz de Buruaga, “estamos rodeados de ladrones. Unos nos roban el dinero; otros, los sueños; muchos, las ilusiones; todos, la esperanza. […] La corrupción tiene nombres y apellidos. Nos están robando el futuro. No son líderes, sólo ladrones”. Y, aunque sólo fuera por esto o también por esto, la casta política hispana “delenda est”.

Por todas estas razones, contundentes y de peso (y no he querido ser exhaustivo), la casta política ha despilfarrado los recursos públicos, poniendo en peligro nuestro Estado del Bienestar, ha erosionado los derechos de los ciudadanos y ha prostituido todo aquello que ha tocado: la economía, la política, la educación, la cultura, la convivencia, etc. Por todo ello, hay que repetir, una y mil veces, como lo haría hoy Catón el Viejo: la casta política hispana «delenda est”. Y no sólo esto. Los ciudadanos debemos también pasar de las palabras a los actos para desalojar de sus poltronas a los de la casta política gobernante, responsable de todos nuestros males. O, mejor aún, como ha declarado recientemente Alberto Vázquez de Figueroa al ser preguntado sobre las soluciones posibles: “no se saca nada con meterlos en la cárcel. A muchos de ellos habría que fusilarlos o ahorcarlos en la plaza pública”, y no precisamente, puntualizaba, en sentido figurado. O, como ha propuesto Ernesto Sáenz de Buruaga, “es el momento de ir a por ellos antes de que ellos vengan a por nosotros”. O, como propondría hoy Catón el Viejo, la casta política hispana “delenda est”.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

7 Comentarios

  1. Estoy de acuerdo con tu articulo salvo que no mencionas que PODEMOS no está entre ellos, quizás porque intentas ser equidistante. El problema del periodismo que se dice progresista y/o imparcial es que intenta y presume de ser equidistantes. ¿Pero como se puede ser equidistante entre un criminal y su víctima? ¿Hay que ser equidistante entre un maltratador machista y la victima de sus malos tratos e incluso de su asesinato? Bueno pues en el caso de los partidos políticos no se puede ser equidistantes entre partidos corruptos que mienten y saquean al 99% de la población, como decían en occupy wall Street, llevando a una buena parte de los ciudadanos a la pobreza e incluso al suicidio, pero que están al servicio de ese 1% de privilegiados que su único objetivo es acumular cada vez más riqueza. Esos partidos políticos que unos presumen de ser de centroderecha y otros de centroizquierda para engañar a los “burros”, como los denominaba el criminal Alfonso Rus, son auténticos verdugos. Estos partidos que compran voluntades a políticos, jueces, policías, periodistas, etc. son auténticos verdugos. Así ha sido durante cuarenta años en una mal llamada Democracia heredera de una feroz Dictadura de la que no se ha desprendido todavía. Peo hete aquí que en un 15 de mayo de 2011, un buen numero de personas, en su mayoría jovenes se despiertan, “estábamos dormidos y hemos despertado”, y ponen a esos partidos en su sitio, “PSOE/PP la misma mierda es” y tres años más tarde surge PODEMOS, un partido diferente que escucha y pregunta a la gente, que se financia con los aportes de la gente, que no miente, que no se deja comprar, y que por tanto se convierte en victima de los verdugos. Como decía hace poco la jueza Victoria Rosell, ella sabe bien lo que es ser victima de esos verdugos, diputada de PODEMOS, “nos quieren matar porque no nos dejamos comprar”. Por eso no se puede ser equidistante entre esos partidos, verdugos, y PODEMOS, victima

    • Tiene toda la razón, quien mete en el mismo saco a Unidas Podemos comienza a ser sospechoso por razones obvias. Aunque quizás al no hacer mención expresa, no los esté incluyendo. De todas formas ya le he leído algo respecto a que el Podemos gaditano es el que vale…tome nota

  2. Unidas Podemos tiene como mínimo el beneficio de la duda a nivel política estatal.
    En política municipal, europea y autonómica está claro que hay muchísimas más luces que sombras. En estas políticas «menores» las élites parece como que miran para otro lado pero se ha demostrado que cuando la cosa puede pasar a mayores,como ha pasado desde el 28A,se le tira a degüello y los políticos llamados de la casta son comprados, porque no se puede llamar de otra manera, para que UP no toque pelo.
    Entonces ya me dirá quiénes son la casta.
    Usted lo sabe perfectamente. Otra cosa que que Kichi sea su debilidad (y una de las mías, conste).

  3. Que no, que todos los políticos no son iguales. Que unos están asentados en créditos bancarios y otros en pequeños créditos de la gente, que unos son cínicos e hipócritas y otros no, que unos poseen prensa, radio y tv y otros salen en las noticias tergiversados por los medios de las cloacas, que unos tienen un programa para las personas normales y otros para los capitalistas. Que hay que ser ciegos mentales, estúpidos u olvidadizos (o varias de estos adjetivos a la vez) para no saber distinguirlos. Que tenemos que votar una vez más, y las que sean necesarias, para intentar no seguir perdiendo derechos en favor de los privilegiados de siempre en este injusto sistema.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

15 − cuatro =