A finales de junio de 1982, España, apenas abría los ojos en su vuelta a la democracia. El PSOE aún no había cumplido los 100 días en el Gobierno, desde su victoria en las elecciones. Con el miedo en el cuerpo por la intentona golpista del 23F, el país se abría al mundo a través del fútbol, era el verano del Mundial de Naranjito.

El 23 de junio de 1982 Sevilla estaba de fiesta, el Brasil de Zico y Sócrates jugaba en el campo del Betis, toda la ciudad iba al partido, mi padre también. El 23 de junio de 1982 me violaron detrás de una fábrica de muebles. No era la primera vez que ocurría, ya llevaba tiempo pasando, ese día lo tengo grabado porque fue especialmente duro. Todavía pasó un tiempo hasta que aquel infierno parara, y mucho más hasta poder superarlo.

Ser es ser percibido, esto es algo que dijo un filósofo. Cuando sufres abusos sexuales en la infancia pierdes la condición de normalidad que la sociedad considera aceptable. No has hecho para que eso pase, solo tienes seis años, pero ya no eres como los demás. Te sientes culpable, sucio, no te gusta lo que sientes, y como no te gusta, mientes. Mientes y te ocultas, entonces ya nadie te ve, dejas de ser percibido.

Con la aprobación ayer de la ley de protección a la infancia en el Congreso, mi país me ha ayudado. Aún no ha hecho nada, pero ya lo ha hecho todo, me ha mirado y me ha visto, y conmigo a los cientos de miles de mujeres y hombres, que fuimos niñas y niños abusados hace 30 años, y con nosotros a todas las niñas y niños que hoy están viviendo lo mismo y a los que hay que sacar de sus infiernos.

En una época, en la que las gentes de este país tenemos escasas oportunidades de sentirnos orgullosos de nuestra clase política. Mientras una y otras, se ensalzan en lances de cuchilladas de a tanto el cuarto en busca de un voto. En tiempos en los que la política de clave baja, emborrona la mayoría de los renglones que escribe; en tiempos en los que es fácil caer en aquello del “son todos iguales”. Hoy, con la aprobación de esta ley, la clase política de este país ha demostrado que, en España, cuando se hace política, se sabe hacer política.

Durante todo este tiempo, en el que he luchado por sacar al niño que soy, del fondo del pozo de mierda al que lo arrojaron, solo he pensado en la posibilidad de que otros niños, cerca de mí, vivieran el mismo infierno provocado por las mismas personas. Hoy, puedo sentar conmigo a ese niño, que soy yo, y decirle: ¿ves como no podía pasar? Sabía que no nos dejarían solos. Hoy, mi país ha conseguido que termine de liberarme de un dolor, que gracias a todas las personas que han peleado por este logro, por fin desaparecerá del todo.

Con la aprobación de este texto, el estado español, consolida una trayectoria sostenida en el tiempo, que le sitúa en la vanguardia de las políticas de protección de derechos fundamentales. Ahora es el momento de que la misma voluntad que ha traído a la ley de protección a la infancia hasta aquí, la fortalezca y haga útil. En España quedan muchas cosas por hacer, aunque es cierto que cada vez nos parecemos menos a la España de Naranjito. Mientras sintámonos orgullosas por el trabajo ya hecho.

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1 Comentario

  1. Grande, Diego. Gracias a ti y a personas como tú el mundo se hace mejor.
    Gracias por visibilizar, por quitar vergüenzas, por celebrar por fin una ley así, que a nosotros no nos llegó, pero que es consuelo que a nuestros hijos e hijas sí… De este modo se hace justicia con nosotros también.
    Un abrazo

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