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El Cristianismo que conocemos tiene su origen en una imposición sucesiva de una mixtura de creencias grecorromanas sobre la fundacional; es la victoria de Saulo el persecutor frente a los cristianos que, de haber existido Jesús, compartieron su cultura, su religión y su familia y se pretendían sus legítimos herederos. Será el Emperador Constantino y sus alrededores quienes vean el interés de consolidar esta religión como unificadora de un Imperio realmente incontrolable e inunificable.

La filosofía de moda entre los poderosos romanos era el estoicismo. Identificar al Lógos que todo lo prevé con Dios no fue complicado; la asunción del Destino como voluntad de Dios, incluyendo la esclavitud, las clases, la riqueza o la pobreza, la conquista y el aplastamiento, resultaba muy cómodo intelectualmente, el cristianismo romano tiene mucho de elongación del estoicismo, más que de la fe original: incluso en su vertiente ascética y aquella idea de resistir el dolor como algo inevitable en nuestro sino. Curiosamente, un pensamiento mecánico, “físico”, se transformó lentamente en un providencialismo divino; digamos que el estoicismo fue el lecho sobre el que Roma pudo recostar la nueva religión cristiana. La idea de la Libertad no estaba en discusión, es absurda si Dios es omnisciente y eterno. San Agustín la desarrollará inventando el “libre arbitrio” y el pecado como lo entendemos ahora, siendo incapaz de justificarlo.

Jesús debió existir, aunque nada sabemos de él con certezas. Los evangelios son testimonios muy posteriores y no directos; claro es que la Iglesia mantendrá partes de su supuesto discurso pero cada vez de forma más incoherente: su antirromanismo anarquizante en favor de la entrega total a la devoción para preparar el Fin de los Tiempos, aquello del rico y el camello por el ojo de una aguja, algunas de sus doctrinas le llevaron posiblemente a la ejecución, pero Roma no solía matar por motivos religiosos sino por amenaza o insumisión política: probablemente su grupo no era tan pacífico como se nos vende, el eco literario de su detención muestra a unos romanos preparados en cantidad para enfrentarse a enemigos, y uno pierde una oreja por un arma; por cierto, polémico eso de la crucifixión, los romanos solían clavarte a un árbol o a un palo no muy alto, para que los perros pudieran comerte los pies…

La influencia del extendidísimo culto a Mitra, dios extrañamente análogo a Jesucristo, y de las repetidas historias mediterráneas sobre nacimientos de vírgenes, resurrecciones, milagros, vuelos, bilocaciones, curaciones… hacen muy difícil llegar a una conclusión; deslindar el cristianismo de ese batiburrillo indocumentable es siempre causa de debate, y quizá sea ésta la clave: hay tanta información mezclada, adulterada, ocultada, elevada, impuesta, repuesta o condenada que… “E falso sequitur quodlibet”, dice la Lógica.

Ante el Fin de los Tiempos y ofertando una salvación sin requisitos como saber leer o ser libre, el cristianismo se extendió por su zona originaria primero entre los cercanos y después entre los pobres. Los Evangelios, y resulta mareante pensar cuántas deturpaciones, manipulaciones o reescrituras han sufrido, ya están muy alejados de la figura originaria cuando se redactan: se entrevé pero transformada en el Dios sin tiempo y no el anunciador del final inminente, es un dios más vinculado a las tradiciones mistéricas que al judaísmo; no es éste el lugar, pero resumamos: la información intencionadamente velada evoca un enfrentamiento entre los primeros judeo-cristianos y los neoconversos greco-cristianos del autodenominado “poca cosa” Saulo de Tarso (“Paulus”, muerto cuarenta años después que Jesús); el Vaticano es más heredero del pablismo que del jesuismo, de pronto un intermediario con conexión divina desbanca la autoridad de los testimonios directos, queda a un lado el hombre que venía a hacer justicia para Israel y se eleva el Hijo connatural de Dios inspirado por el Espíritu Santo.

En el 313 el “Edicto de Milán” de Licinio y Constantino tolerará en Roma el cristianismo; será Teodosio en el 380 con el “Edicto de Tesalónica” quien vincule a Roma con el cristianismo oficial y definitivamente, por medio queda la oscura historia del asesinado neopagano Juliano el Apóstata y curiosamente la lucha contra la supuesta herejía de Arrio que niega la naturaleza divina de Jesús (tampoco le debió ser agradable echar las tripas por diversos orificios, supuestamente como señal de castigo divino tras el Concilio de Nicea, inicio del catolicismo). Constantino ni siquiera se bautizó, cuentan que lo hizo en el lecho de muerte por si acaso, su vida no fue un modelo de piedad; su madre Helena, tres siglos después de la muerte de Jesús encontraría en Tierra Santa intactas buena parte de las reliquias venerandas de hoy y señalaría los lugares santos como quien pone nombre a las calles.

Me gusta la historia del documento conocido como “Donación de Constantino” por el cual el Imperio se cedía a la Iglesia; a mediados del siglo XV Lorenzo Valla publicó sobre las incongruencias filológicas, el latín y los términos usados no eran de aquella época; y las inconsistencias lógicas, se hablaba hasta de ciudades no fundadas aún como si ya existieran. Kilómetros de cruz original, miles de espinas, pellejos variados de prepucios, cientos de clavos y documentos dudosos… Saquen conclusiones.

El verdadero cambio de era del siglo I se produjo, pues, a posteriori, tres siglos más tarde, y ha sido consolidado como una realidad durante otros mil setecientos años. Cualquier erudito leedor, lectora avezada, sabe algo sobre la deriva histórica de dogmas inventados para mayor gloria de los dominantes a fuerza de hierro candente: la Inmaculada Concepción o la Naturaleza de Cristo, la resurrección en cuerpo y alma, la transmisión del pecado original, la existencia o no del Mal, la infalibilidad papal o su poder político como Rey de Reyes… han sido “discusiones” sangrantes. Ni siquiera la cruz latina es un símbolo originario cristiano, como tantas cosas se le atribuye a San Agustín la explicación según la cual era así como crucificaban los romanos e hizo los primeros escarceos perifrásticos acerca de su simbolismo (ya vimos en el capítulo de Platón sobre el Símil de la Línea cómo la cruz latina se corresponde con una representación de la totalidad de lo real a través de la proporción áurea).

Para la Historia del Pensamiento lo relevante fue el proceso de abandono, destrucción, ocultación y distorsión de todo el legado antiguo, que lejos del tópico de haber sido conservado en los monasterios: volverá a llegarnos progresivamente desde el mundo árabe. En el siglo VI Cosmas Indicopleustes explicará el Universo cristiano y, sin ánimo de descontextualizar, su cosmología no es más que un garabato infantil a lado de la Antigua. Insinuemos aquí la gloria del estudio de Peter Brown, Autoridad sobre esta época, acerca de cómo la Iglesia empezaría a acumular riquezas prometiendo su salvaguarda hasta la llegada de Juicio Final (ya “sine die”) para su posterior recuperación, una especie de Banca Celeste que incluía la jerarquización de los turnos frente al Tribunal definitivo.

Esto debería estudiarse así en Primaria, para que cada cual con su formación personal sacara las conclusiones oportunas. Moraleja: no se defiende a la fe sino a una tradición tan cambiante como todo lo humano; la alternativa es el integrismo, no existe posición intermedia.

Como reza el tópico de Alfred Loisy: “Se esperaba el Reino, pero vino la Iglesia”.

“Incipit vita nova…”.

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

1 Comentario

  1. Esta frase que dejó escrita Eduardo Galeano, define muy bien, en el plano económico y ético lo que esta organización, multinacional, ha ido haciendo a lo largo de su tremebunda trayectoria: “Vinieron. Ellos tenían la biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “Cierren los ojos y recen”. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la biblia”. Y lo conquistaron mediante abusos, tortura, persecución, robo y asesinatos cruelísimos. Todo en nombre de su misericordioso, omnipotente y parece, cruel, dios. Resulta más que curioso, ¿quizás enfermizo?, que una organización que a través de los tiempos hasta el presente, ha sido la más cruel y sanguinaria, comparable a la de los nacis en Alemania, que sigue, hoy, ahora, poniendo piedras al camino de la razón y la inteligencia, usurpando el campo de la filosofía en la escuelas con sus dogmas, que ni ellos mismos los cumplen, robando, violando a menores y utilizando la pobreza y a los sujetos oprimidos de la misma, como materia prima, para enriquecerse; y rizando el rizo no sólo no pagan impuestos, no sólo se siguen apoderando de bienes inmuebles, fincas, cocheras, locales, terrenos, fincas,…, sino que además consiguen miles de millones de las arcas de los ciudadanos; decía que resulta pasmosamente sorprendente y a todas luces enfermizo que una sociedad moderna, laica, simpatice con tamaño maligno ente, sin cuestionarlo y ponerle límites a su despotismo, que se salta las reglas del césar y e incluso las de sus dioses, para hacer lo mejor que saben, aumentar sus riquezas en la tierra y, dejando que las criaturas se acerquen a ellos, pavos, chivos, corderos, langostinos, vinos, jamón, caviar, buenas carnes y mejores viandas que en ostentosos palacios, para mayor gloria de dios degustan agradecidos con humildad, viviendo como Él, en su ejemplo, en el reino donde habite… y, sin duda, no pensemos mal, no seamos envidioso y menos insidiosos, para la redención de los pecados a mejor gloria de…. Aluluya.

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