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Recapitulemos, no estamos haciendo una Historia de la Filosofía sino repasando los lugares comunes de la misma para sacar alguna utilidad práctica, pensando, no en usted, lectora avezada, erudito leedor, sino en quienes por lo que sea jamás se pararon a pensar en estas “cosas”.

Porque la Historia es una modalidad del cuento tradicional. Ejemplarizantes, en el sentido de servir de modelo, los cuentos educan para la vida transmitiendo advertencias. La Historia es lo mismo, quizá un poco más sofisticada, a veces. Los hechos, la realidad: no interesan a nadie. ¿Qué porcentaje del oro que conforma nuestras riquezas contiene restos de dientes judíos? Ese dato sería relevante, pero ¿quién renuncia al oro?: nadie; no queremos los hechos, sí la Historia, bonita y autojustificante.

Para entender el origen del Cristianismo debemos empezar casi trescientos años después de su supuesto inicio, porque en realidad los primeros siglos de la Era Cristiana son la superposición paulatina (de “Paulus”, se verá lo ingenioso en la broma) de una religión grecorromana sobre un culto de origen judío-gnóstico hasta su total destrucción. O sea, lo que acabo de afirmar en modo caldo gordo es que el cristianismo es un invento de Roma que nada tiene que ver con el cristianismo. ¿Cómo ha llegado esta gran mentira a consolidarse? Poder político, dinero y violencia hacen mucho más que la fe en mil setecientos años; la Iglesia, a pesar de sus divisiones y batallas intestinas, ha sido un Estado transnacional con todas sus ventajas y ningún inconveniente, ha podido trabajar sus intereses manteniendo sus “leyes” incrustada en la mayor parte de los sistemas político-jurídicos, lo que le ha permitido jugar simultáneamente mil partidas de cartas con todos los bandos, lo mismo puede ser acusada de criminal como encomiada por pacifista, lo mismo fue cooperadora integrante del nazismo que adalid en la defensa contra el “judenrein”, mártir que golpista…

Pero además, una religión tiene un contexto ideológico y cultural; o, si está en posición de imponer, es ella misma la que lo conforma. Asumir que el cristianismo del siglo IV es la misma religión de hoy es formar parte de esa secta, es tener fe en la imperturbabilidad del dogma y la providencia divina; por cierto, la palabra “secta” responde perfectamente como definición de religión, son sinónimas, no se engañe, depende sólo de la intensidad y de cómo se hace presión para doblegar (dinero, moral, política…), nada más. Y tampoco existen diferencias entre la religión y la magia, son lo mismo disfrazado de otra manera; sólo los sectarios propenden a justificar las diferencias.

Hasta el racionalismo cartesiano del siglo XVII, que distinguirá intelectualmente de manera radical dos sustancias, dos realidades diferentes (lo extenso y lo “no-extenso” y que no sabrá cómo conectar ni explicar pero que inauguran un “más allá” nuevo) el cristianismo es materialista: no concibe ni necesita lo “espiritual” (entendido como hoy lo explican). Un señor colocado en un cohete, teóricamente, en el siglo VII podría atravesar las esferas de los planetas y llegar hasta el fogoso Cielo Empíreo “Habitaculum Dei et Omnium Electorum”. Nótese como el cristianismo popular actual es una religión politeísta en la que se mezclan magia, animismo, tradiciones, política, enfermedades mentales…

Seamos brutos por partes, en concreto tres partes.

PRIMERA parte: si quieren entender Roma, han de ver El Padrino de Coppola; la adorada civilización romana, permítanme epatar, no es más que una desproporcionada venta de protección estratificada, como una mafia gigantesca, lo diré al revés: si quieren entender a la mafia actual: estudien Roma; porque junto con El Vaticano la Cosa Nostra es arqueología viva y visible del Imperio Romano. La referencia civilizada del romano (rico, claro) era el mundo griego; Roma es la USA de la época, capaz de lo mejor por poseer ingentes toneladas de tiempo libre (“Otium”… y “Negotium” para los que no podían), formación, capacidad de inversión, etc., pero amoldada ideológicamente a sostener el sistema que les genera esa felicidad aparente, sin otra base que la explotación. Chomsky y Trump. Una mezcla extraña de orgullo y frustración, la imposición mundial de un modelo cultural que curiosamente es deudor de aquello a lo que aniquila mientras lo imita. Roma y USA generan basura intelectual porque son sistemas en los que las bases (y cada capa estructural de la ciudadanía es base de la superior) pagan por ser protegidas, hasta el “Capo di tutti capi” que cobra de todos, protege a todos y emana (como un dios) la justificación del sistema, no tolerando contestación. Las mafias son ilegales, los Estados dictan leyes. Conste que prefiero lo segundo, pero con plena consciencia. Roma era ecléctica por definición, se dejó permear por toda creencia o idea que satisficiera su poder.

SEGUNDA parte. El mesianismo judío coetáneo de Jesús en Nazaret es complejo. Saben que no hay un sólo dato o testimonio histórico de la vida de Cristo fiable. El magma en el que pudo moverse era una mezcla, o a veces una convivencia forzada sin misceláneas, de creencias mistéricas del helenismo, paganismo romano, religiones orientales a veces en desbocado sincretismo, grupos judios tradicionales dispuestos a usar la sica o espada corta contra los opresores impíos (de ahí viene “sicario” y es el posible apodo de Judas Iscariote)… La invasión romana asentó la idea del Fin de los Tiempos y la llegada del Mesías: fariseos, saduceos y esenios representan las tendencias generales del judaísmo, resumo a mi manera: tradicionalistas, racionalistas y rigoristas; entre estos últimos, en la rama ebionita (pobrista) habría que situar a Jesús, de haber existido: limitación del sexo a lo reproductivo, bautismo en el agua por inmersión como preparación al bautismo de fuego del Fin del Mundo, el culto a seres intermediarios con Dios, condena de las posesiones y las riquezas, antihedonistas, misóginos, amantes de la purga y el sacrificio, desprecio por lo corporal especialmente por sus secreciones… Prácticamente son un resumen de la mentalidad cristiana tradicionalista hasta hoy.

TERCERA parte: la Gnosis. Sumándome a una tendencia cada vez más generalizada, voy a negar que los cultos gnósticos sean derivas sectarias del cristianismo, aunque en algún momento la creencia cristiana llegara a ser muy variada y confusa . Pero antes expliquemos que el término “Gnosticismo” es moderno, la “Gnôsis” es el conocimiento o revelación para alcanzar la verdad; en el contexto del primer cristianismo, designa a la religión verdadera y se habla de “gnosis falsas”. Vean cómo se estructuran estas doctrinas: 1. Hablan de conocimiento (gnosis) o revelación de la verdad, no es una mera creencia. 2. Dualismo anticósmico, el Creador es la verdad, la bondad, y por tanto el mundo material la maldad y el engaño pergeñado por un dios menor, la gnosis o sabiduría nos enseña que nuestra aspiración está en los cielos con el Dios verdadero, no aquí. 3. La clave está en el alma; el alma es una especie de chispa divina atrapada en la materia, para eso nos mandan a un Salvador con la misión de revelarnos la verdad: abriéndonos camino de vuelta al cielo con su Padre: la negación del mundo, nos libera de la opresión de éste y sus maldades.

Adelanto mi tesis: la conjugación de Roma, mesianismo judaico y religiosidad gnóstica de alguna manera es el cristianismo, nunca nada fundado por el mito de Jesús. Este período, la Antigüedad Tardía, curiosamente ha sido la época que tradicionalmente acumula más oscuridades desde el punto de vista del estudio. Roma fue el Oriente Próximo y el Norte de África mucho más que Europa, a pesar de que la metrópoli fuera “italiana”; los estudios económicos y geográficos (bastaría ver un mapa señalando las ciudades en el año 300) muestran que la mayoría de la población y de la actividad radican en esas zonas, respecto de una “Europa” semivacía e intransitable, y tiene su lógica, el Mediterráneo fue el medio por el que la civilización romana se expandió; las invasiones bárbaras por aquí realmente no lo fueron, salía más barato dejarse asimilar, eso de la decadencia y caída es muy relativo, sí hubo refriegas en la Roma de verdad, la de África y el Oriente Próximo, lejos de esta idea europeizante que estudiamos. Esta idealización históricamente tiene mucho que ver con la centralización del papado en la capital y nos impide ver y entender cómo, dónde sucedió el cristianismo y qué importancia tuvo; recuerden que la imagen iconográfica de Jesús es el resumen del racismo y los complejos de nuestro continente: rubio, ojos claros, piel blanca, rasgos germánicos… un palestino del siglo I, vamos, ¿no?.

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

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