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Se hace muy pesado soportar la cantidad de gente orgullosa de su ignorancia, casi siempre ajena por completo al estudio y a cualquier tipo de desarrollo personal vinculado a la reflexión crítica organizada, también llamado Cultura. Cansa explicar a quienes se enorgullecen de la “Universidad de la Vida” que quienes dedicamos parte de nuestra existencia al pensamiento y al trabajo individual de entender y reconocernos, también tenemos ese título y, a veces, más bregado que los suyos… por lo que su reconocimiento de lo que la vida enseña es más un demérito, es admitir sólo la mitad del esfuerzo posible que cualquier persona puede o debe hacer para vivir.

No es ésta una invectiva contra quienes no han tenido las oportunidades de acceder a una formación profunda, sino un retomar de aquel consejo epicúreo que decía: “Nadie es demasiado viejo para filosofar”. Repito, saquen de este ataque a quienes no disfrutan de las circunstancias para dedicarse al estudio… Pero podría pensarse que quien no estudia lo hace siempre por alguna causa que lo justifica, y hay que poner un límite pues podríamos concluir que nadie fuera responsable de nada, ¿por qué no suprimir el Código Penal? No, hay veces en las que las consecuencias de los hechos son demasiado graves como para prescindir de la exigencia de responsabilidades, lo que no es menoscabo del análisis de las causas para evitarlas o corregirlas.

Lo diré directamente: en la mayor parte de los casos, en una sociedad como la nuestra, si usted no estudia es porque no le da la gana. No hablamos de estudios reglados, sino de formación personal para vivir (de hecho esto puede ser aplicable a una parte importante de la población universitaria): comprender de dónde vienen las emociones, profundizar en lo existencial y estudiar históricamente las religiones y sus creencias y el folclore, entender los rudimentos básicos de la Naturaleza, de la Ciencia, analizar las sociedades y la construcción del discurso histórico y sus relatividades, profundizar en la expresión artística y formarse un criterio, en definitiva: conocerse a sí misma, entrar en la complejidad de saberse inmerso en un caos de probabilidades que nunca podremos controlar…

Si usted no hace nada de esto, las tradiciones (que no son Cultura) prostituirán a su conocimiento y se enorgullecerá de la Universidad de la Vida y creerá que comulgar con sus costumbres y creencias es una posición tan digna como la de quien, heredando lo mismo, construye además su saber con esfuerzo y dedicación. Será usted, aparte de un cretino voluntario, una fanática convencida de que le ampara la libertad de pensamiento, ésa que, precisamente, no respetará: porque jamás se someterá a la Razón ni al análisis público de sus propias ideas. Yo le acuso.

No hay democracia sin conocimiento, no hay libertad de ideas sin ideas (Lledó dixit), no se puede concebir un sistema cuya esencia es el análisis crítico y la vigilancia sin la promoción de las herramientas necesarias para ello, del conocimiento como responsabilidad ciudadana. Si usted es inculta, si usted no sabe y es su culpa: usted es un enemigo de la democracia, una adversaria de la libertad. Y los demócratas debemos defendernos señalándole, mostrando su ignorancia, afeándosela, no callándonos en la convivencia diaria sino promoviendo el debate, recomendando y aprendiendo… no se trata de pelear sino de no callar ante la estupidez y la falta de formación avasallante.

El abandono de la Educación, la indiferencia hacia el debate en este ensimismamiento enfermizo que promueve nuestro modelo de vida, este egoísmo económico que nos ha llevado (estúpida y autodestructivamente) al desmontaje de la protección laboral y social… nos han traído a despreocuparnos de las consecuencias de no saber: intoleracia, folclorismo, fanatismo religioso, conservadurismo y reivindicación de símbolos acríticos como la familia, los himnos, las banderas, el pueblo, la fe… quiero decir: la concepción prejuiciosa de la “normalidad” entendida como lo nuestro.

España ha vuelto a la senda del carpetovetonismo y, en una triste práctica, podemos elucubrar sobre su futuro inmediato, que ya estamos sufriendo en forma de tensiones nacionalistas, reaccionarismo neonacionalcatólico, partidismos de hinchas sin análisis (el independentismo catalanista es una prueba: o de los nuestros o de los otros, aplíquese donde proceda)… todo eso mientras un tercio de la población no tiene acceso a los recursos justos que les pudieran permitir una vida con una mínima dignidad, por culpa de la legislación laboral redactada por aquéllos a quienes han votado, y mientras los servicios públicos se hunden en favor del AVE y otras parafernalias de nuevo rico comisionado y sobrecogedor…

Volvamos el foco hacia nosotros mismos: estudiar es una responsabilidad cívica y así deberíamos enseñarlo desde el colegio al instituto dando ejemplo (temo que no van por ahí ni las Facultades de Magisterio ni el ambiente deseado en la Secundaria). Debemos empezar por ser exigentes con nosotros mismos, no debemos acusar a los demás sin autoexigirnos el máximo, no se trata de un “ora et labora” monacal sino de encontrar el placer que genera el Arte y la producción cultural inteligente y hacerla un bien compartido como debería ser la honradez…

¡Acabáramos!, dijo aquél; no, no soy tan inocente para creer ni en las virtudes automáticas del conocimiento ni para confiar en la naturaleza humana, sino que, precisamente por eso, creo en la libertad y en la necesidad de favorecer las circunstancias que puedan dar un fruto mejor, el abandono confundido con la libertad sólo trae, oh casualidad, el beneficio personal de quienes lo promueven.

 

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

2 Comentarios

  1. Uffffff…no sé por donde empezar! Deberían hacer copias de su artículo y leerlo en todos sitios y lugares, públicamente y en privado.
    Uno por uno y en grupo,en colegios y universidades…ah! y sobre todo en las televisiones, en los telediarios!!! Exagero,verdad? Lo peor es no saber que no se sabe. Qué pena de sociedad vamos a dejar a nuestros nietos! Desgraciadamente el objetivo del SISTEMA empieza a cumplirse. Esto no ha hecho más que empezar.

  2. Alfonso Sánchez, normalmente jamás comento un comentario a mis artículos… pero quiero agradecerle el elogio implícito no por gloriavana sino por el compromiso que compartimos… usted lo ha dicho, la Ilustración empezó hace tiempo a perder la partida y ahora vemos las consecuencias… Gracias.

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