Twitter oficial del FC Barcelona.

Se acabo la agonía. Fin a la incertidumbre. Alivio para el aficionado culé. Día histórico. Hoy, martes 27 de Octubre, en medio del año más complicado y extraño en décadas, Josep María Bartomeu y toda su junta directiva han decidido dar un paso al lado, y dimitir de sus cargos de manera irrevocable, tras la reunión de urgencia celebrada esta misma tarde.

La decisión llega, tan solo, 24 horas después de que el propio Bartomeu afirmará con rotundidad que: “Jamás se le había pasado por la cabeza la idea de dimitir”. Este giro de los acontecimientos ha venido propiciado por la decisión firme de la Generalitat de Catalunya de mantener la fecha prevista para la celebración de la moción de censura en el FC Barcelona (1 y 2 de Noviembre).

Fuertes críticas a la Generalitat

Los responsables del Barça defendían que esta fecha debía aplazarse, al menos, 15 días, alegando como principal razón, la virulencia con la que está azotando la segunda ola de COVID-19 a la región catalana. La Generalitat no ha cedido. No hay, según éstos, motivo alguno para retrasar los comicios. El propio Bartomeu ha tachado en la rueda de prensa de hace escasos minutos de “medidas irresponsables” y “lavarse los manos” los argumentos esgrimidos por el principal órgano de gobierno catalán. El ya expresidente del FC Barcelona, se agarraba a un clavo ardiendo, como lo lleva haciendo meses (muchos, quizás), para salvar su puesto.

Las nuevas elecciones podrían celebrarse en diciembre

Lo que está claro es que hasta aquí ha llegado la era Bartomeu. Una era, que títulos aparte, será recordada por el 2-8 del Bayern de Múnich, las decenas de escándalos que han rodeado a la directiva de Bartomeu, la destitución de Valverde, una pésima gestión económica que lastrará al club durante muchos años, y hasta una disputa realmente triste con el mejor jugador de la historia de esta entidad. El próximo presidente, que presuntamente será elegido en el mes de diciembre, tiene por delante un auténtico reto para levantar y reestructurar un barco a la deriva. Fin a una etapa a la que los culés no les costará olvidar.

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