Para los que entienden

 

Es una amistad muy larga en el tiempo; aunque raras son las épocas en las que se llaman y ven con frecuencia. Pero nunca dejan pasar más de tres o cuatro meses, ni uno ni otro, sin mandarse un mensaje o llamarse por teléfono.

-Tiempo sin saber de ti. ¿Nos vemos?

Y la respuesta, por supuesto e invariablemente, es sí. Y el mecanismo con el que se concreta la cita o el encuentro también se repite: León acude al barrio donde vive Marcos, y antes de ir a cenar, siempre es cenar, sube a casa de su amigo veinte años largos mayor que él, y le escucha tocar el violín. Después de jubilarse aprendió a improvisar y es capaz de momentos sorprendentes, de gran belleza.

Marcos suele tener elegido un restaurante donde ir, es tradición que invite él, incluso después de la jubilación, ganó mucho dinero cuando estaba activo, y León sigue siendo un “desequilibrista”, un escritor profesional poco dispuesto a hacer concesiones al mercado, y aunque ha publicado varias novelas y ganado algunos premios sus ingresos son exiguos, y además parece estar cómodo en esa situación, como si le gustase vivir lampando.

La primera vez que se lo dijo:

-Me he caído

León se preocupó. Pero la segunda vez se quedó mirando a su viejo amigo, septuagenario pero delgado y ágil como un adolescente; no era posible que se cayese con tanta frecuencia. Miró, discretamente pero sin disimulo, el golpe que tenía en el pómulo, la pequeña brecha en el labio. Marcos le explicó que al caer se había golpeado contra el bordillo de la acera. Y entonces supo que habría una tercera vez, incluso una cuarta, en la que Marcos le diría “me he caído”, aunque alguien de su agilidad y reflejos casi imposiblemente podía perder el equilibrio al cruzar una calle; siempre, según contaba, al cruzar una calle, la misma calle de hecho: una amplia y señorial situada en la zona noble del corazón de Mad Madrid.

Era evidente que no se caía, que los golpes eran golpes de manos, dedos, puños y quizá hasta pies. Sexo mercenario. La soledad el sexo el dinero ser homosexual. León le había conocido alguna pareja, especialmente un extranjero cuarenta años más joven que él y con aspecto de matón de gimnasio.

Marcos seguía explicando como se había resbalado, qué tonto y qué torpe soy, pero León ni le escuchaba ni le miraba por fuera, sólo por dentro. Y, para sorpresa de El Cazador de Cuentos, por dentro su amigo Marcos estaba contento, orgulloso de sí mismo, de ser todavía y a pesar de la edad, capaz de juntarse con hombres jóvenes y salvajes, aguantar que le abofetearan o vejaran sin lamentarse de ello, disfrutándolo.

Disfrutando…; ese era el brillo que asomaba en los ojos de Marcos mientras, imparable e interminable, continuaba explicando que se había caído y resbalado y golpeado en la cara con el borde de una acera cuando cruzaba una calle amplia, señorial y elegante. El muy pícaro.

(No sé si he llegado a escribir alguna vez este relato, pero lo tengo dentro, dándome vueltas por el corazón y la cabeza, desde hace unos diez años, cuando un viejo y muy estimado escritor me contaba “que se había caído”. Recuerdo que mi intención sí era hacerlo, escribirlo, y publicarlo en el periódico, pero he escrito tanto -y pensado escrituras aún más tanto- que no puedo asegurarlo. Y tampoco podría asegurar si lo que cuento es real o sólo se debe a mi forma de ver las cosas, de cómo miro el mundo exterior y a quienes en él habitan; quizá mi colega simplemente resbalaba y se caía de verdad. Lo que sí me atrevo a asegurar -porque sigo siendo un hombre audaz y un inconsciente- es que, en caso de existir otra versión de esta pequeña historia, difícilmente será tan lenitiva y elegante como esta)

Ensayista Gana Un Enorme Premio De La Once


 

(Javier Puebla es autor de El Año del Cazador, una suerte de novela neurológica formada por 365 cuentos escritos en 365 días. Un juego que anteriormente nunca se había hecho en la historia de la literatura. Aunque muchos de los relatos que conforman la obra han sido publicados en periódicos y revistas, servido de soporte para guiones de películas, o traducidos a distintos idiomas; uno, el relato 125, Mamá, se sigue utilizando en diversas escuelas y universidades para enseñar español en Estados Unidos y Canadá. En cuanto a la novela completa, El Año del Cazador, es ahora un magma vivo y en continuo cambio que de momento sólo puede conseguirse solicitándosela directamente al autor a través de Twitter, Instagram o Facebook, o en el correo elcazadordecuentos@javierpuebla.com

 

Esta Suite del Cazador para Diario16, es una apuesta del periódico y del autor para mantener viva esa mirada de Cazador, capaz de transformar cualquier cosa en un relato o cuento. Así que, si le conoces personalmente, te recomendamos midas tus palabras, pues podrían convertirse en las suyas, bajo un título y formando parte de un texto. Pieza 45.

 

https://www.facebook.com/ElCazadordeCuentos/

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https://www.instagram.com/elcazadordecuentos/

 

(Mecanografía: LF)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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