No piensen que esto es una locura o una afirmación sibilina. Todo parece dar a entender que los líderes de los dos principales partidos de este país no tienen muchas ganas de que se forme gobierno porque, según la interpretación de cada uno, el hecho de que la interinidad se mantenga les beneficia, a uno desde un punto de vista de intereses personales, al otro, desde el punto de vista de su partido.

Mariano Rajoy sabe perfectamente que los 137 diputados que tiene el PP son totalmente insuficientes para ser investido presidente y que va a necesitar del apoyo de otras fuerzas políticas. Sin embargo, un partido que se ha caracterizado durante toda su historia por la imposición de sus medidas cuando gobernó o por la negativa al consenso en los tiempos en que estaba en la oposición, tiene muy difícil llegar a algún pacto con otros partidos, cuando no imposible. Por otro lado, ninguna fuerza política tiene intención de acercarse mucho al partido que ha impuesto un régimen de dictadura parlamentaria desde el año 2011 y que gobernó de espaldas a los verdaderos intereses de los ciudadanos depositarios de la soberanía nacional y que legisló en contra de las necesidades reales de aquéllos para favorecer a las élites que les sostienen en el poder. Nadie va a querer ser cómplice de alguien que no sabe dialogar y con una concepción del consenso basada en la sumisión o en el «subirse al barco sin cuestionarse nada».

Nadie va a querer ser cómplice de alguien que no sabe dialogar

Mariano Rajoy sabe que nadie quiere pactar con el partido con mayor grado de corrupción de nuestra historia democrática, una corrupción cimentada sobre el hecho de que, al ser herederos de quien son, muchos en el PP piensan que pueden hacer y deshacer con los recursos de todos los españoles lo que les dé la gana porque, al fin y al cabo, creen que son suyos por la gracia de Dios.

Mariano Rajoy y el Partido Popular sufrieron algo que ya le ocurrió a Podemos en la campaña de diciembre: se les quedó corta. Tanto la apelación al voto del miedo que, por un lado, provocaba que muchos decidieran el 26J no votar a Unidos Podemos y, por otro, que cientos de miles que podrían votar al PSOE se quedara en casa por el temor a que Pedro Sánchez llegara a algún acuerdo con Pablo Manuel Iglesias como la apelación al voto útil para que muchos de los votantes que apoyaron a Ciudadanos en diciembre volvieran al nicho electoral del PP, les sirvió para recuperar parte de lo perdido el 20D pero no lo suficiente. Hubieran necesitado unos diez días más de campaña para acercarse a los 150 escaños que les dieran una posibilidad de gobernar en minoría, pero se quedaron en 137 y con esos diputados se plantea un escenario en el que el PP se siente muy incómodo porque le obliga a hacer algo con lo que no están de acuerdo ni con lo que se sienten a gusto: negociar y, sobre todo, ceder.

Por eso Mariano Rajoy está postulándose ante los españoles como candidato a la Presidencia pero con más ganas de que sus negociaciones fracasen a que se configure un nuevo gobierno. Tal vez piensen que este es el modo en que en unas terceras elecciones les puede hacer recuperar lo que no les dio tiempo en junio. Rajoy y su partido saben perfectamente que ninguno de los partidos de la izquierda le va a apoyar por ideología y, sobre todo, porque nadie quiere suicidarse políticamente al permitirle de manera activa o pasiva que forme Gobierno, sobre todo después de las barrabasadas y del daño que ha hecho al pueblo español en la legislatura en la que gobernó con mayoría absoluta. Sin embargo, esa táctica de utilizar esta ronda de negociaciones como el anticipo a una nueva campaña electoral tiene muchos riesgos, tal y como vimos en la anterior con Podemos, pero en Génova piensan que unos terceros comicios provocarán que ese voto útil y del miedo les hará llegar a más de 150 escaños y en esa situación el camino estará mucho más allanado.

nadie quiere formar gobierno con el pp después de las barrabasadas y del daño que ha hecho al pueblo español

La situación del Partido Socialista es diferente. Desde que Pedro Sánchez es secretario general la tendencia del PSOE es la de romper el suelo electoral en cada uno de los comicios convocados. Es como el boxeador que cuando le noquean la primera vez se cae a la lona en todos y cada uno de los combates que pelea cuando recibe un golpe en el mentón. Cualquier líder responsable hubiera presentado su dimisión por el escenario de fracaso constante en que ha instalado a su partido. Que se celebre que no se ha producido el temido sorpasso como un éxito cuando se han perdido votos y otros cinco escaños da mucha pena y, en algunos casos, hasta asco. Sin embargo, el PSOE está en manos de una persona que sólo tiene un objetivo: él mismo.

Pedro Sánchez ha dejado al PSOE en una situación que ya hemos analizado en anteriores artículos, una situación en la que haga lo que haga tendrá consecuencias negativas para el partido o para España. Es lo que tiene convertir a un partido de gobierno en un partido bisagra. Por eso el secretario general tiene los días contados y una persona como Pedro Sánchez no puede permitir eso.

El sector «pedrista» piensa que sólo hay dos opciones de supervivencia para el líder y se van a agarrar a ellas por encima de lo que sea. La primera es intentar formar gobierno junto a Unidos Podemos y Ciudadanos una vez que Rajoy fracase. La segunda es mantenerse en su negativa a que el PP logre formar gobierno (lo único lógico y coherente que ha hecho Pedro Sánchez en dos años) y provocar unas terceras elecciones en enero o febrero de 2017. La primera opción ya se vio que era imposible en la anterior legislatura. Tanto Ciudadanos como Unidos Podemos se han vetado de manera recíproca. La única e improbable salida sería que los de Iglesias renunciaran a todo lo referido al referéndum de autodeterminación de Catalunya y que los de Rivera renunciaran a su programa económico ultraliberal cosa que, como imaginarán ustedes, es imposible. La segunda opción es de una perfidia supina porque antepondría los intereses personales de Pedro Sánchez a los comunes, ya sean de partido, ya sean de España. El sector «pedrista» cree que logrará mantener Sánchez en la Secretaría General si se convocan nuevas elecciones porque, de este modo, se volverán a retrasar todos los procesos orgánicos que ya fueron aplazados en el mes de febrero. El hecho de que quieran mantener por encima de lo que sea al líder más nefasto que ha tenido el PSOE en toda su historia, muy por encima incluso de algunos líderes menores que lo dirigieron durante el exilio, les hace olvidar un hecho importante: el PSOE seguirá perdiendo votos y escaños porque las vías que tiene abiertas tanto en la izquierda como en eso que se ha dado en llamar centro son tan grandes que la fuga de apoyos por parte de la ciudadanía seguirá al mismo ritmo.

Sin embargo, para el PSOE no acaban ahí las locuras que podría emprender Pedro Sánchez con la idea de seguir en el candelero político. Unidos Podemos está planteando una opción en la que se incluirían a los partidos nacionalistas e independentistas y hay un sector dentro del Partido Socialista que tiene mucho miedo de que Sánchez se aferre a esa opción pasando por encima de los órganos del partido y volviendo a poner a la militancia como parapeto convocando una nueva consulta.

¿Iremos a unas terceras elecciones? Es bastante probable, sobre todo si los líderes de los dos principales partidos piensan que es la mejor solución para ellos… y muchas veces da la impresión de que la realidad es así.

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