Foto Agustín Millán

La secretaria general del Partido Popular ha protagonizado una de las imágenes más destacadas del Congreso Extraordinario, sus ojos vidriosos por las lagrimas eran el resultado del sonido del himno de España inundando la Sala. Con esta entrega, María Dolores de Cospedal se ha referido a un PP que merece ser defendido y ahora su papel como Secretaría General lega a su fin. Lo hace “con la conciencia tranquila, sin cuentas endientes y con mi lealtad intacta a esta formación política” aunque con la necesidad de pedir “perdón a todos aquellos a los que pueda haber ofendido”.

Cospedal ha iniciado su discurso recordando el que fue su mensaje durante el Congreso Nacional de Valencia en 2008 y acababa de empezar su andadura como Secretaría General del PP. “Somos un partido fuerte y hoy estamos demostrando que queremos tener un partido unido y abierto a la sociedad. Podría repetirlas hoy” ha comenzado.

La secretaria del PP ha insistido en el “camino de victorias electorales” hasta en “los momentos más delicados cuando sufrimos desgaste por la dura tarea de Gobierno los españoles siguieron eligiéndonos como primera opción”.

Un desgate, que Cospedal ha reconocido, viene provocado por los casos de corrupción dentro del partido. “A quienes más han indignado estos casos es a quienes queremos a este partido”. Por ello, “hemos de defender a los inocentes, a los hombres y mujeres honrados, buenos y patriotas”.

“En definitiva, este partido sería solo uno como cualquier otro si no fuera por esa espina dorsal que sois vosotros” comentaba emocionada y con la voz entrecortada. “Este partido nuestro merece ser defendido”, ha sentenciado.

Su discurso, empapado por relevantes gestos como una emocionada Cospedal, un Pablo Casado que al iniciar el discurso se ha levantado mostrando apoyo a su compañera y una inmóvil Soraya Sáenz de Santamaría ha finalizado con un mensaje de despedida.

“Dejo la Secretaría General con la conciencia tranquila, sin cuentas endientes y con mi lealtad intacta a esta formación política” empezaba su despedida. “Os pido perdón a todos aquellos a los que pueda haber ofendido. He hecho siempre lo que he considerado lo más justo, sin dejarme llevar por amistades o inclinaciones personales. Por eso, no albergo absolutamente ninguna frustración”.

 

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