El pasado 4 de enero una tuitera de 21 años recibió una carta de la Fiscalía en la que se le pedían 2 años y 6 meses de cárcel, además de 3 años de libertad vigilada, por una serie de tuits en los que bromeaba sobre Carrero Blanco. Se llama Cassandra, y no ha sido la única persona que ha bromeado con el supuesto futuro sucesor del dictador Francisco Franco. Humoristas, incluso periodistas también lo han hecho.

Este chiste es un buen ejemplo de ello: “Carrero Blanco coge un taxi y pide que le lleven a Claudio Coello, ‘¿a qué altura de la calle le dejo?”. Pero no lo publicó Cassandra, ni Guillermo Zapata, ni Facu Díaz o una panda de titiriteros.

La editorial Alfagura publicó hace 17 años estas palabras en un libro titulado La agonía del Dragón escrito por presidente ejecutivo del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián. Hace unos días, el periodista Max Pradera recordó estas palabras, publicando un pantallazo de la página en la que se encontraba. En el tuit añadía “La agonía del dragón” de Juan Luis Cebrián prueba que en la dictadura se podían hacer chistes de CB y en democracia no”.

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Puede que no sea delito por el hecho de que está publicado en un libro y de una forma muy concreta. Dentro de este contexto sería lógico, pero ¿por qué a Cebrián no y a Zapata, que también entrecomillaba los tuits”, sí?

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