Te coge de la mano, te acompaña hasta tu butaca, te pasa la mano por el hombro con suavidad y te sienta. Una palmadita en la espalda y un susurrado y cómplice «déjate llevar, colega, puede que ahí esté el paraíso». Más de dos horas después de forma ininterrumpida, se escapa un suspiro reconfortante, se reconduce discretamente hacia dentro esa última lágrima y se extrae una inmediata conclusión: es un genio, un Leonardo musical del siglo veintiuno. Así, sin más.

De gira mundial para presentar su último disco, ‘All’, recala en España y recupera sus aclamadas composiciones anteriores de una carrera de más de 30 años

Sólo los genios saben hacer esto. Y cuando alguien lo es en el mundo de la música es porque ha obrado el milagro de la emoción por evasión. Únicamente el poder hipnótico de la música logra este cometido. Sólo un genio tiene en sus manos ese poder. Y muy pocos músicos. Yann Tiersen es uno de los elegidos por los dioses del Olimpo. Y este que escribe lo vio y sintió -¡y de qué manera!- este viernes en Sevilla. Un privilegio de dioses.

El vendaval de emociones que provoca sin desmayo es torrencial y va directo al alma. Su poder curador de tensiones, frustraciones, egos desmedidos y ambiciones descontroladas lo aplica poco a poco, como un viejo gurú sanador, en un ‘in crescendo’ musical que lleva al espectador, ya totalmente prisionero de sus sonidos, hacia los rincones más insondables de sí mismo, de su yo, de esas zonas propias desconocidas de su alma en la que letargan sensaciones inexploradas. El músico francés sabe sacarlas de ahí, de ese pozo oculto, y hacerlas reflotar al exterior.

Tiersen es muchíiiiiisimo más que la dichosa banda sonora original de aquella romanticona película ‘Amélie’ del año 2001. Curtido inicialmente en el post-punk de los ochenta, estudió desde niño violín y piano. Como multiinstrumentista y compositor, a estas alturas de su ya dilatada y exitosa carrera musical, reconocida a nivel mundial, es muy difícil saber si hay instrumento o pequeño artilugio que se le resista tocar a este bretón nacido en 1970 en la isla de Eusa (que inspira y da título a su penúltimo trabajo), cercana a ciudad portuaria de Brest.

En esta gira mundial con la que recala estos días en España para presentar su último trabajo, ‘All’, elige los de cuerda y percusión preferentemente. Piano, todo tipo de órganos y sintetizadores, juguetes musicales de lo más variopinto, violín, campanas, xilófono, bongs, acordeón… Y, por si fuese poco, perfectamente acompañado por tres jóvenes talentos de voces envolventes, una chica y dos chicos, que parecen dignos futuros herederos del genio.

Un recital de sonidos que hacen del minimalismo expresivo, siempre apegado a la naturaleza, una excusa para experimentar constantemente con nuevos caminos creativos nunca explorados en su terreno, de ahí que sea muy difícil encapsular musicalmente las creaciones de Tiersen. Por momentos, tiene uno la sensación de que está ante un hombre de Renacimiento y, otras veces, ante un pionero lunático del siglo veintiuno que hace enloquecer al espectador de emoción. Porque su música qué duda cabe que sale del alma de un genio y va a parar directamente al corazón de todo aquel que se abra sin complejos a nuevas experiencias.

Entre lo místico y lo orgásmico

Durante un recorrido de dos horas por un paraíso de sensaciones entre místicas y orgásmicas, muchos de los afortunados testigos presentes no pueden evitar aplaudir fervorosamente tras cada canción ni sacar de sus bolsillos su pequeño aparato móvil para dejar constancia de que no ha sido un sueño, de que han estado ahí, lo han visto con sus propios ojos y escuchado con sus propios oídos.
No son conscientes de que no hay vídeo, foto o audio grabados que puedan dejar constancia de lo experimentado, porque todo eso se perderá, son apenas como lágrimas en la lluvia. Sólo quedará lo vivido allí mientras otros grababan y aplaudían.

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