Viernes 4 de mayo

Tras asistir a las nueve ediciones del SOS4.8 y perderme la primera del WAM el año pasado, en 2018 quería recuperar la tradición de comenzar la temporada festivalera en el recinto de La Fica de Murcia. Con un lío de nombres considerable (ahora el festival se llama WARM UP), sigue siendo el sucesor espiritual del mencionado SOS.

Cuando el viejo y lento tren por fin llegó a Murcia, entré al recinto a tiempo para disfrutar de la mayor parte del concierto de Nada Surf, y en un momento clave: cuando tocaban ‘Inside of Love’, uno de sus himnos. Esta ya veterana banda de indie rock y power pop tiene muchos seguidores en España y actúa a menudo en nuestro país (de hecho, el bajista es español, aunque sus compañeros son estadounidenses), y siempre es un placer verlos aunque el sonido fue ciertamente mejorable (sin llegar a ser desastroso).

A continuación, subía al escenario principal la propuesta nacional más destacada de la jornada, Iván Ferreiro, acompañado de una extensa y muy profesional banda de otros seis músicos. Desde la ruptura de Los Piratas, Ferreiro se ha labrado una carrera en solitario muy sólida que defendió en un excelente estado de forma, con una voz muy convincente y unos movimientos juveniles que no son habituales en alguien que se acerca a los cincuenta. En algunos momentos nos deleitó tocando al piano, y también nos regaló dos clásicos de los míticos Piratas: ‘El Equilibrio es Imposible’ y ‘Años 80′, uno de los mayores temazos de la historia musical española en mi opinión.

Los cabezas de cartel, los ingleses Kasabian, ofrecieron un espectáculo de rock en el que repasaron todas las etapas de su carrera, desde ‘Club Foot’ hasta canciones del nuevo disco como la radio-friendly ‘You’re in Love with a Psycho’, terminando con su gran tema ‘Fire’. En mi opinión, tienen su gracia y algunas canciones muy divertidas, pero también mucho relleno y un sonido que no termina de transmitirme gran cosa. Espero que en el Mad Cool programen algo que me emocione más a su misma hora (lo cual no será difícil, viendo todo lo que habrá esa jornada).

 

Para mí, lo mejor venía después de Kasabian, ya bien entrada la madrugada: los tres conciertos que más me apetecía ver de todo el festival, uno detrás de otro. Los navarros El Columpio Asesino estuvieron al nivel que nos tienen acostumbrados de principio a fin, y dieron una de sus lecciones de rock, adornos electrónicos y letras sombrías, bajo la batuta del líder, cantante y batería Albaro Arizaleta. Cerraron, cómo no, con ‘Toro’, otro de los mayores temazos de la historia musical española.

Más adelante era el turno de la electrónica salvaje de The Bloody Beetroots, el proyecto liderado por el italiano Sir Bob Cornelius Rifo. Ya lo petaron cuando estuvieron en el SOS hace unos años, y su arrollador sonido volvió a encender a los asistentes de este nuevo festival (o mejor dicho, a los que supieron apreciar su ruidosa propuesta, que hay que reconocer que no es para todos los oídos). Fue una combinación brutal de electrónica y rock, en la que instrumentos en directo como guitarra y batería se fusionaban con bases, sintetizadores y samples tan guais como el de ‘Immigrant Song’ de Led Zeppelin. Abrieron y cerraron con ‘My Name is Thunder’, canción de su nuevo disco cuya estructura homenajea al imperecedero ‘Thunderstruck’ de AC/DC.

El tercero de mi tridente de ensueño era !!! (también conocidos por el más pronunciable nombre Chk Chk Chk), que ya a horas intempestivas pusieron el broche a la jornada con su característico y bailable sonido dance-punk y el gran carisma de su cantante, Nic Offer, que no dejó de interactuar con el público ni de moverse por todas partes mientras cantaba junto a la vocalista femenina invitada para esta gira. Antes de volver a casa tuvimos un poco más de fiesta con la sesión de Elyella, cuyo punto álgido fue la interpretación de su remix de ‘Violins’ de I’m From Barcelona junto a un coro femenino.

Sábado 5 de mayo

La afición desenmascarada de Izal no permitía vislumbrar un hueco libre en el escenario principal del ocaso sabatino del WARM. Público juvenil y femenino en su mayoría tarareaba las letras muy conocidas de un grupo muy conocido, que sigue una línea tradicional y que no se curraba ni las presentaciones. “Con este público, nos lo ponéis muy fácil”, reconocía el cantante y vocalista Mikel Izal. Y si no teníais suficiente, siempre quedaba acudir a la parte textil de recinto y comprar una camiseta con el lema ‘Todos a la mierda, todos menos tú”, una de las tarareadas melodías de la banda. O unas alpargatas, o un mapa de Murcia, o un chubasquero o cualquier trapo hippy.

Yo soy más de Dorian, no como Roberto, qué le vamos a hacer; un grupo que como quien dice nació en uno de los tantos SOS a los que fue. Con su característica chupa negra Marc Gili nos deleitó con los clásicos ‘Cualquier otra parte’, ‘Paraísos artificiales’ o ‘La tormenta de arena’. Parece que una importante parte del público izalero pasó de Dorian y se fue a cenar directamente, por lo que hasta la medianoche las colas de los puestos de comida rápida y basura eran abundantes. Me sorprendió sobremanera la cafetería Salzillo (lo más murciano del festival junto a la clave wifi de prensa ‘murciaquebonicaeres’) que se plantó entre los puestos, sin pena ni gloria, lamentablemente. Como para intentar abrir un chiringuito de pasteles de carne, zarangollo o paparajotes. Los mandamases festivaleros rara vez apuestan por comida típica de la zona. Una pena, lo dicho.

La apuesta internacional de la noche fue Alt-J. La banda inglesa de indie rock con elementos electrónicos ofreció un directo con una gran puesta en escena, basada en una cuidada iluminación del escenario con barras que se encendían y apagaban continuamente. Sonaron muy bien, pero no es normal que a estas alturas más de medio concierto siga siendo con canciones del primer disco, y que apenas interpreten temas del tercero que se supone que están presentando. Vitalic no se quedó atrás con su artillería electrónica ya de madrugada, que se contrapuso al espectáculo de Yelle, la francesa que desplegó todo su estilazo con píldoras de pop aeróbico y filogay y con un ‘playback’ más que cantoso.

Carisma y energía de la que también hicieron gala una de mis revelaciones de la noche, Biznaga, los medio-malagueños/medio-madrileños que ya se han hecho un hueco en el panorama del punk en español. Un público modesto en un escenario modesto (por el que también pasó el atronador directo de los valencianos Dûrga, con su post-rock tirando a metal) pero con muchas ganas de pogos. Recuerden su nombre: Biznaga.

Cerramos noche y festival con Dj Coco. Dice Roberto que es una fiesta en los cierres del Primavera Sound. Lo tendré que comprobar allí, porque la sesión murciana fue más bien convencional, con alguna mezcla indielectrónica chula y poco más. Es de los que tocan sin guiños al público y sin despedirse de él. Todo lo contrario que en el Primavera, donde invita a decenas de personas a subir al escenario durante su sesión. Habrá nueva oportunidad.

En conclusión, a los dos nos gustó menos la noche del sábado que la del viernes, en la que hubo más cosas buenas que rascar a pesar de que el cabeza de cartel no terminase de entusiasmarnos al 100%. En general, creemos que lo que ofrece el WARM UP aún no está a la altura de lo que nos brindó el SOS4.8 en su día, pero consigue acercarse mucho. Tenemos la esperanza de que acabe alcanzando el nivel de sus mejores ediciones, o incluso superándolo… Un paso importante en esa dirección sería recuperar el Auditorio en la programación. Nos vemos a finales de mes en el Tomavistas de Madrid, festivaleros.

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