Albert Rivera ha pasado su noche política más amarga. Desde el mismo momento de conocerse el debacle de Ciudadanos, ya hay voces internas con peso en la ejecutiva que han pedido su cabeza.

Mientras, el líder de Cs en Castilla y León -la región más castigada por el batacazo de los naranjas al pasar de seis a cero diputados- trata de hablar del país y su futuro mientras reconoce que su líder tendrá que asumir responsabilidades.

No hay que olvidar que en mayo, cuando el PSOE ganó las elecciones en Castilla y León tras tres décadas del gobierno del PP, Igea quiso pactar con los socialistas que habían ganado las elecciones y fue Rivera quien impuso el pacto con el líder del PP en esta comunidad, y cercano a las ideas ultraderechistas, Alfonso Fernández Mañueco.

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