Vivan las ruedas reventadas y viva la lluvia y vivan los safety car y viva incluso, aunque esto ya es demasiado sacrílego, el miedo al coronavirus.

Vivan porque parece que es la única manera de que las carreras actuales tengan emoción y hagan que el espectador se levante del asiento.

Estábamos tan aburridos que hasta nos hemos levantado a mitad de la carrera a hacernos un café y mirar un ratito por la ventana. La supremacía de Mercedes es intolerable y algo habría que hacer para evitarlo; y dentro de Mercedes también es lamentable que el segundo piloto no tenga suficiente valor para realmente desafiarlo.  En la salida del Gran Premio de Silverstone 2020 Bottas podría haber luchado con Hamilton y en lugar de hacerlo le ha dado paso libre. Lamentable.

Cierto que para los numerosos seguidores de Carlos Sainz el precio del baile de ruedas reventadas ha sido tristísimo, porque Carlos había hecho la mejor salida de la parrilla y estaba gestionando sus neumáticos y la potencia del McLaren de modo impecable, maravilloso.

Pero aún teniendo que pagar ese precio no deseable ha sido una maravilla ver los globitos de Bottas reventar y también al final los globitos negros y redondos de Hamilton. Y aunque admiramos como ha gestionado esos últimos metros del campeón británico nos habría encantado que en Red Bull hubiesen sido un poco más audaces, como en teoría es la marca de la casa, y hubiesen dejado a Max Verstappen en pista,  que hubiera ganado, muy merecidamente, la carrera.

En cualquier caso es evidente que la Fórmula 1 actual necesita de factores exógenos: la lluvia, los neumáticos reventados, el positivo de Pérez, para convertirse en realmente emocionante.

En nuestra opinión la FIA tendría que mirarlo.

Y acabamos aplaudiendo a Leclerc, su diferencia con Sebastian Vettel el tetracampeón del mundo, al final de la carrera lo dice todo todo.

Más pinchazos y sorpresas, por favor.

Tigre tigre.

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