Había una vez una colonia de escarabajos peloteros que vivían en el paraíso de la mierda. Bajo una bóveda de basura compuesta por todo tipo de heces de animales, la colonia prosperaba. No había lujos. Tampoco superpoblación. Se ajustaban al montón de estiércol y eran felices creando sus bolas de mierda para el cortejo. Ponían los huevos que eran necesarios y se sentían dichosos viendo nacer a sus crías. A veces había bronca. Algunas peleas sin importancia por la disputa de alguna bola de estiércol. Rencillas que la mayor parte de las veces se acababan en el momento que uno de los dos contrincantes desistía y se iba en busca de una nueva pelota.

A la colonia de peloteros llegó un fornido escarabajo con pinzas de muchos colores al que acompañaba un harén de escarabajos hembras. Entre los más viejos del montón de estiércol fue recibido con recelo. No les gustaba su altanería, su chulería y sobre todo, que usase a las hembras para ganarse el favor de los escarabajos macho. Pero a las hembras de la colonia les gustaba el tipo duro, chulo y sus extravagantes colores. Los jóvenes machos, atraídos también por el tipo duro y sobre todo por sus doncellas, acabaron también sucumbiendo a la influencia del novato.

Poco a poco las ideas del nuevo macho fueron calando en la colonia. Pronto se convirtió en el jefe de la tribu pelotera. Raudo, empezó sutilmente a introducir cambios en los usos comunales de la basura. En la sabana, había varias colonias de peloteros, pero ninguna que estuviese instalada en un lugar con tanta riqueza de hienda. El nuevo, comenzó a extraer pelotas de mierda del fideicomiso comunal que vendía a las otras colonias a cambio de posesiones en las que instalar a sus nuevos hijos que nacían en abundancia fruto de las numerosas relaciones que ahora mantenía con diversas peloteras del basural.

En pocos años, algunos de los que en su día fueron obnubilados por el nuevo chamán de colores, comenzaron a sospechar que en realidad habían metido un Caballo de Troya en su paraíso. Y que, o le paraban los pies, o acabaría con lo que era de todos. Otros, los menos, los que siempre se habían opuesto al nuevo, los que siempre habían creído que solo era un charlatán embaucador, un vendehúmos, no solo estaban de acuerdo en que estaba dilapidando el tesoro mancomunal sino que además lo hacía en beneficio propio y que, de seguir así, en poco tiempo no tendrían donde vivir.

El día en que se derrumbó parte de la bóveda como consecuencia del gran agujero, que el estiércol había dejado al ser sacado masivamente del montón, comenzó el pánico. Los viejos levantaron la voz contra lo que ya era un hecho. Pero el pinzas de colores atajó el problema acallando a los críticos asegurando que solo era un agujero de ventilación y que eso beneficiaría a las crías. Los pobres escarabajos atenazados por el miedo, pensaron que bastante tenían con intentar conseguir su bola de mierda, porque ahora había que pedir permiso al líder para cualquier cosa que se hiciera en el basurero, y prefirieron callar y seguir sufriendo para conseguir un par de cagadas de gacela, que luchar contra el proxeneta que les estaba robando lo que era suyo.

Al primer derrumbamiento le siguieron otros. Y después muchos más. Para cada uno de los cuales el charlatán vendehúmos tenía una explicación, que aunque ya nadie creía, seguían aceptando como mal menor. Con cada derrumbamiento los críticos levantaban más la voz. Muchos de ellos fueron expulsados de la colonia. Otros silenciados encerrándolos en huecos ocultos.

El basural seguía perdiendo consistencia por dentro hasta que un día, completamente vacío por dentro, al haber sido expoliado completamente, acabó derrumbándose y convirtiendo lo que había sido una gran montaña de mierda, llena de vida, en una alfombrilla de estiércol seco en el que nadie sobreviviría.

El vendehúmos de colores, emprendió camino en busca de otro paraíso. Tenía suficiente basura acumulada como para aguantar el envite. Los demás acabaron sucumbiendo.


 

Veranillo en Carnaval

Sábado 3 de marzo de 2019. Me encuentro en el pueblo. En el centro de la provincia de Burgos. Salimos a pasear. Son las 17:30 de la tarde. El termómetro del móvil marca 22 grados. Estamos en pleno invierno. Hace cincuenta años, la nieve cubría el paisaje casi permanentemente entre los meses de noviembre y de abril. El río se helaba de tal manera que jugábamos a una especie de hockey golf sobre el persistente y duro hielo del cauce. Hoy, en el paseo nos tenemos que quitar el gorro que nos hemos puesto por precaución y el forro polar que cubre nuestra camiseta, porque estamos sudando. El río apenas es un reguero en el que, aunque hiciera frío, el agua no da ni para hielo. Mi vecino me comenta que acaba de romper la reja de un cultivador porque el suelo que está intentando arar, está más duro que el cemento. En el verano de 2017 se secaron el 90% de las fuentes de todos los pueblos de la comarca. Entre mayo de 2016 y noviembre de 2017 apenas habían caído 230 litros de lluvia. Luego llegaron las lluvias torrenciales. Ahora lleva dos meses sin caer una sola gota de precipitación. El sol calienta como antes no lo hacía en agosto. Para los que estamos de visita, un lujo que nadie se puede permitir.

Sin embargo, ese mismo día, leo en uno de los periódicos digitales que los de siempre, el zarrapastroso tramposo de Trump, acompañado por su colega en Brasil, el fascista Bolsonaro y los cantamañanas indocumentados de la COZ, esos que han vivido durante toda su vida sin trabajar, del salario escandaloso que percibían si control de alguno de los chanchullos públicos creados por las Aguirres de turno para amamantar a sus cachorros, niegan que el cambio climático exista. Según ellos que en Burgos en marzo, tengamos que salir a pasear en chanclas y manga corta es producto de la normalidad. De los altibajos normales del clima.

Leo en este artículo que concentraciones de CO2 por encima de las 1200 partes por millón harán desparecer los estratocúmulos, esas nubes negras que provocan la lluvia. Esto producirá un aumento de la temperatura en la tierra de 8º centígrados (que puede no parecer mucho, pero que es una auténtica barbaridad). Estas nubes cubren el 20% de los océanos subtropicales. En la actualidad la concentración de CO2, está en torno a las 410 partes por millón (ppm), pero lleva aumentado considerablemente desde la mitad del siglo XX y al ritmo que lo hace, llegará a esa cifra fatídica de las 1200 ppm, dentro de unos sesenta o setenta años.

Vivimos en un sistema despiadado cuyo principal problema a largo plazo no son las desigualdades que genera, ni los pobres que deja en la cuneta, ni las injusticias en las que el sistema se asienta, ni siquiera el demencial reparto de la riqueza en el que, ese 1% tiene más que el 99% restante. El principal problema de este demencial sistema especulativo es el agujero que está provocando en nuestro paraíso llamado tierra, en el que vivimos todos porque es de todos, que hará que colapse en tan solo ochenta años y que haga imposible la vida humana en el planeta. Mientras vivimos subyugados, llenos de miedo, rascando nuestra bola de mierda hecha de migajas en la que sobrevivimos, los asquerosos manipuladores que nos están robando el medio ambiente como nos roban los derechos, la cartera y hasta la vida, están viviendo a todo trapo por encima de nuestras posibilidades y lo que es peor, consumiendo un entorno que es de todos y que va a acabar colapsando.

El movimiento estudiantil Greta Thunberg se ha dado cuenta de que, sin planeta no hay futuro y ha comenzado una lucha por la supervivencia. Como bien dicen los estudiantes, no hay carrera, ni estudios, ni trabajo, ni futuro, si no existe un lugar en el que podamos sobrevivir.

Mientras el indeseable tramposo de Trump, abandona toda organización mundial que tenga que ver con el medio ambiente, mientras abandona el acuerdo para limitar las emisiones de CO2 a la atmósfera, mientras el otro indeseable tramposo de Bolsonaro abandona la protección al pulmón de la tierra y permite que la especulación agraria y maderera acabe con los indios y la vegetación del Amazonas, desde occidente estamos alimentando esos comportamientos blanqueando el fascismo que crece como una plaga de piojos en el caldo del populismo, las falsedades y las mentiras que los medios de incomunicación y adoctrinamiento extienden como esporas que calan entre los imbéciles que creen que cualquier cosa que sale por la tele tiene patente de veracidad.

El problema de destrucción del medio ambiente que padecemos no tiene unas causas ajenas al resto de problemas que soportamos. Todo viene de la misma esencia: un sistema que abusa del egoísmo del ser humano para expandirse. Un sistema que consiste en denominar progreso a la destrucción de las personas, el medio ambiente y la convivencia. Un sistema que insiste en derrochar recursos públicos como el agua para un uso particular que provoca riqueza monetaria en unos pocos y la miseria en el resto de la humanidad.

Es un aviso. No estoy exagerando. Solo difundo lo que los expertos en el cambio climático y en la ecología llevan gritando al aire, sin que nadie les escuche, años. Nos estamos jugando no solo el futuro de nuestros hijos, sino el futuro de la humanidad. En un planeta sin hielo en los polos, con una temperatura media de 25 grados, la vida tal y como la conocemos será inviable. Con grandes periodos de sequía acabarán despareciendo los insectos (eso es un hecho, ya hay menos que nunca). Sin insectos las plantas no polinizan. No hay cadena alimenticia y por tanto, no hay vida.

Sigamos sacando el coche para ir al centro de las ciudades a comprar tabaco. Sigamos dejando que los fascistas acaben con toda la naturaleza. Sigamos pensando que todo, absolutamente todo, está supeditado a un puesto de trabajo y a la supervivencia individual y a corto plazo. En un abrir y cerrar de ojos, acabaremos preguntado, como siempre, en qué lugar se torció la línea como si eso fuera consecuencia de una sola acción.

No hay futuro de vida sin un lugar en el que poder vivirla.

Salud, feminismo, ecología república y más escuelas públicas y laicas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

1 Comentario

  1. entre la contaminacion y ls incendios qe reducen arboles no llueve ni hay nubes ni en gipuzkoa qe llegan de galicia y pasan por asturias

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