Veinte años sin Ernest Lluch. Veinte años ya desde que ETA acabó con su vida. El 21 de noviembre de 2000 se encontraba en el garaje de su domicilio, situado en la avenida de Chile de Barcelona, cuando fue asesinado de dos disparos en la cabeza. Su cuerpo fue descubierto por un vecino una hora y media después del atentado. Era un hombre valiente. Apenas unos meses antes del atentado había publicado un artículo en El Correo en el que aseguraba que la primera víctima de la banda no había sido el guardia civil de tráfico José Pardines, ni el policía franquista Melitón Manzanas, sino el bebé Begoña Urroz Ibarrola. Sus verdugos no le perdonaron semejante atrevimiento, como tampoco dejaron pasar que fuese un político estrechamente vinculado a San Sebastián y miembro de la organización pacifista vasca Elkarri.

Efectivamente, Lluch siempre se reveló como un gran defensor del diálogo y partidario de establecer puentes en entendimiento para lograr la ansiada paz que hoy, por fin y tras una larga pesadilla, pueden disfrutar los vascos y los ciudadanos del resto de España. Esa apuesta sin ambages por el diálogo fue lo que, según el fiscal de la Audiencia Nacional que investigó el crimen, le valió ser elegido como una víctima interesante para los terroristas.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha homenajeado hoy la figura del exministro socialista en el vigésimo aniversario de su asesinato y ha agradecido su labor con la Sanidad pública, destacando que gracias a ella «hoy se combate la pandemia y se salvan miles de vidas», informa Europa Press.

El presidente ha dado las gracias a Lluch por haber logrado que en España hubiese una Sanidad para todos, una Sanidad pública, gratuita y universal, por mucho que algunos se empeñen hoy en demolerla mediante infames procesos privatizadores. En el vigésimo aniversario del crimen, Sánchez ha querido ensalzar la «gran labor política» del exministro socialista, además de su ejemplo y valentía. «Gràcies, Ernest», ha concluido el jefe del Ejecutivo en su mensaje en redes sociales.

Una de las frases del político de Vilassar de Mar asesinado a los 63 años, cuando ya estaba retirado de la vida política, fue: «Gritad más, que gritáis poco. Porque, mientras gritáis, no matáis». Esa cita ha sido la escogida como emblema de la convocatoria en su recuerdo. Hoy que muchos alzan la voz contra el Gobierno por su acercamiento de presos etarras a cárceles vascas y por sus contactos con Bildu (dentro de lo que debe ser el proceso de normalización política), el ejemplo de Lluch es el que debemos seguir. Un hombre que luchó por la paz, por el diálogo y por el final de la violencia y que de seguir vivo hoy a buen seguro apostaría por la política y la palabra frente a los que justifican la violencia y los que instrumentalizan el dolor de las víctimas para hacer propaganda electoral.




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