Soy socialista, y para más inri, del Psoe murciano. Me dedico, hasta dónde yo sé, en solitario, a hacer crítica política en el seno de mi partido, filosofía de lo que yo entiendo debe ser el Nuevo Psoe, y me considero además un adalid de la renovación orgánica que ha de pasar por la mejora de la participación, la democracia interna y la transparencia. Defiendo el Progresismo, no solo como estrategia política, sino también como necesidad vital, y he manifestado muchas veces la necesidad de reinventarnos orgánica y filosóficamente para adaptarnos a los tiempos actuales y conectar así con esta sociedad cambiante y esta juventud, sin la cual, estamos muertos y aún no lo sabemos.

Hacer las cosas bien no garantiza el éxito en política; pero hacer las cosas mal sí garantiza el fracaso. La desafección de la ciudadanía murciana con el PSRM se inició con la defenestración cainita de Carlos Collado (sí, el mismo presidente que intentó poner en marcha una Ley de Protección del Mar Menor…); después de unos años de vaivenes, Rafael González Tovar se hizo cargo del partido y, con una oposición interna inmisericorde y todavía por nadie explicada, consiguió unos resultados superiores a la media del partido a nivel nacional en unas condiciones electorales absolutamente infames: un PP exultante (el más poderoso de España), una región antisocialista (la más antisocialista de España), y un Podemos en ebullición y en su mejor momento electoral. Sin embargo, tuvo la generosidad de apartarse y la honradez de no mover un dedo a favor de su hija cuando ésta se presentó a la secretaría general del PSRM en las primarias que ganaría posteriormente Diego Conesa. Con Rafael González Tovar se daba la batalla ideológica, se hizo un avance en la modernización del Psoe (fue uno de los grandes defensores de las primarias), y, desde luego, los dirigentes eran compañeras y compañeros que sabían lo que se hacían. Y no me sirve, por supuesto, el argumento actual de haber conseguido diecisiete diputados en las últimas elecciones autonómicas en unas condiciones históricamente inmejorables para haber conseguido la mayoría absoluta.

Había muchas ganas de cambio en el Psoe y en el PSRM cuando Pedro Sánchez primero, y Diego Conesa después, surfearon por la ola de la renovación ganando sus respectivas primarias con más o menos holgura. Pedro Sánchez solo habló un poco de renovación, y Diego Conesa directamente nada. Sin embargo, como en esta vida la gente cree lo que quiere y lo que tiene necesidad de creer, en ambos dos se identificaron las expectativas de cambio. Posteriormente pudimos ver cómo ante el empuje de Vox y su España del NODO, el PSRM solo opuso como resistencia la filosofía de la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones), manifestándose el compañero Diego como el dirigente del Psoe más conservador de España (debemos recordar que él mismo dijo que le gustaría ser “el nuevo Jesucristo”, y también puso de manifiesto estar deseando que su hijo hiciera la comunión para “irse de crucero”). No es ilegal ser conservador. Pero igual deberíamos haberlo sabido antes de votarle creyendo que él iba a traer la renovación. Así pues, si el PSRM, que debería ser la referencia del Progresismo en la Región de Murcia, es en realidad un partido muy conservador incapaz de dar la batalla ideológica por un modelo de sociedad distinto al del PP de los últimos veinticinco años, ¿debemos extrañarnos de que el sesgo ideológico de la ciudadanía murciana esté tan a la derecha?

Me parece inaceptable decir que la culpa del ascenso de Vox la tienen PP y Ciudadanos cuando son sus dos directos y mayores damnificados, y, además, se culpabilice a la ciudadanía de haber votado, libremente, lo que le ha dado la gana. Faltaría más. Si en vez de estar tan preocupados por “arrasar” a todos los seguidores de María González y de meter a Pedro Sánchez, presidente, en una carpa navideña, se hubieran preocupado nuestros dirigentes por dar la batalla ideológica, a lo mejor esta región habría tenido una auténtica alternativa mayoritaria. Pero entre conservadurismo y más conservadurismo, la ciudadanía de Murcia ha elegido lo segundo ¿No quieres sopa? Pues dos tazas.

Unas listas electorales hechas para contentar a unos hoy, y asegurarse la miseria mañana, tampoco han ayudado a que el militante socialista, perfecto conocedor de la idiosincrasia de cada cual, se haya lanzado como loco de manera entusiasta a hacer la campaña en la cola del supermercado.

Tenemos mucho que reflexionar, pero, por favor, no le echemos la culpa a otros partidos, y, mucho menos, a la ciudadanía. Demasiado hace estando huérfana como está de un proyecto socialista ilusionante.

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