La oligárquica que ha dirigido históricamente España ha sido incapaz de compartir su monopolio del poder en un estado federal y con separación de poderes. Su representante político actual, el gobierno del Partido Popular, no ha sido una excepción, incapaz de afrontar la vía política de la negociación para resolver cualquier conflicto.

Policía, justicia, medios de comunicación, grandes corporaciones empresariales de este capitalismo de estado vinculado al BOE y al IBEX35, sistema de partidos (donde el bipartidismo corrupto de PP y PSOE busca sustitutos lampedusianos como C’s), monarquía,… en definitiva, todos los resortes del estado, han sido utilizados (y quemados) para perpetuar el statu quoy mantener y incrementar las desigualdades en favor de los privilegiados.

Las distintas estrategias diseñadas por los responsables políticos del Gobierno y sus aliados para hacer frente al denominado “desafío catalán” se han ido saldando en fracasos, seguramente por un diagnóstico equivocado, al creerse sus propias mentidas, tan repetidas por unos medios de comunicación sumisos y complacientes.

La burda utilización de la policía el 1 de octubre se tradujo en el fracaso de la vía  represiva, al menos en su primera intentona. La aplicación del 155 y la consecuente ilegítima convocatoria electoral del 21D tampoco dio el resultado esperado por sus promotores: la estrategia electoral, estéticamente democrática, no dio la mayoría parlamentaria pretendida, fracasando la vía electoral por unos resultados tozudos que no han sido respetados, recurriendo a la vía jurídica.

Las últimas decisiones de la justicia europea dejan en evidencia el fracaso de una  justicia politizada como instrumento del estado para enterrar el proyecto democrático republicano.

Injustificable una perpetuación de la represión del 1-O manteniendo la apariencia democrática, perdida la partida electoral el 21D, fracasada la vía jurídica más allá de las fronteras del estado, estamos viendo aplicar la siguiente estrategia del estado para “resolver el problema catalán”: el recurso a la violencia como instrumento político que justifique, ahora si, una mayor represión.

Estrategia esta apuntada en repetidas ocasiones a pesar de carecer de una base real: “Antes que España, se romperá Cataluña”,predecía uno de sus ideólogos. El mensaje de la violencia esta siendo utilizado y magnificado, concientemente o no, por los medios de comunicación. La utilización de la violencia por parte de las elites del estado para conservar el poder no es nueva en nuestra historia contemporánea. Baste recordar la restauración borbónica de 1875, la aplicación de la Ley de Jurisdiccionesmilitares de 1906 para enjuiciar supuestos delitos civiles contra la unidad de la patria, el recurso al pistolerismo entre 1917 y 1923, o los golpes militares de Primo de Ribera en 1923 y Franco en 1936, el primero precedido y bendecido por la monarquía borbónica, heredera del segundo.

Ni los atentados de falsa bandera ni los confidentes utilizados como agentes dobles, ni la utilización manipulada de grupúsculos violentos son únicamente patrimonio hispano para lograr que una opinión pública mayoritaria justifique una represión generalizada o una intervención bélica.

El mensaje, como instrumento, es claro: criminalización de organizaciones cívicas y democráticas capaces de articular pacíficos movimientos de masas, impunidad para los desmanes violentos de grupúsculos fascistas utilizados como aparato del estado.

La vía de la confrontación social fracasará también, a pesar de que nos puede dejar lamentables episodios en su camino al descalabro. Fracasará por partir de un a priori falso: la división de la sociedad catalana en dos identidades nacionales dicotómicas. Esta visión del nacionalismo español identitario no se ajusta a una sociedad de identidades múltiples, complejas, cambiantes, dinámicas, como la sociedad catalana. Entre el nacionalismo identitario que nos quiere condenar a ser inmigrantes toda la vida, o incluso a nuestros hijos y nietos a ser inmigrantes de segunda o tercera generación, y nos quiere manipular para utilizarnos como instrumento de confrontación para mantener unas desigualdades no defendibles por la vía democracia y la justicia, optamos por un republicanismo cívico, abierto, que no considere ninguna identidad nacional como cleavagepolítico, si no que las supere en la lucha por un futuro mejor compartido.

Desde el Área Metropolitana de Barcelona, desde una periferia demasiadas veces marginalizada por todos, desde el gobierno de un municipio donde en las últimas elecciones del 21D Ciudadanos ha sido la fuerza más votada, seguida de ERC como segunda fuerza, hacemos nuestras las palabras de la diputada Jenn Diaz en el pleno del Parlament del pasado jueves:Combatiremos la mentira y el discurso de la fractura como hemos hecho hasta ahora, con la mano extendida y sumando cada día más complicidades dentro y fuera de Cataluña”. Y, dirigiéndose a los representantes de Ciudadanos, añadía: “Seguiremos hablando de un solo pueblo, que les incluye a ustedes y a sus votantes. Y gobernaremos para todos”.

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Licenciado en Ciencias Políticas por la Facultad de Ciencias Políticas i Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1994. Licenciado en Historia Contemporánea por la Facultad de Filosofía y Letras de la UAB en 1995. Trabajando en la empresa privada, en una multinacional francesa, hasta junio de 2015, cuando cojo una excedencia por ocupación de cargo público, a raíz de las elecciones municipales de mayo de dicho año, en las que me presento como candidato a la alcaldía de Montcada i Reixac en la candidatura de ERC. En el nuevo gobierno municipal constituido después de las elecciones, detento el cargo de Primer Teniente de Alcalde y Regidor de Urbanismo, Vía Pública, Servicios Municipales, Transporte i Movilidad, así como la portavocia de ERC en el Ayuntamiento de Montcada i Reixac.

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