Ante las puertas de la investidura para la formación del gobierno del país, todavía no encajan los números ni fructifican los acuerdos tras las últimas elecciones.

Maniobras imposibles, engaños, falta de palabra, estampidas y pactos imposibles es lo que estamos viendo en esta «cuadratura del círculo» que están suponiendo los acuerdos de gobierno postelectorales.

PSOE: la dirección acaba de dar luz verde a un gobierno en solitario

Acaban de presentar el documento para elaborar el acuerdo con Unidas Podemos. El título es «Propuesta Abierta de Cooperación para un Gobierno Social, Feminista, Ecologista, Europeísta y progresista». 30 páginas para encontrar acuerdos y compromisos. Pero no «sillones».

Concretamente, por unanimidad, la dirección del PSOE ha aprobado respaldar a Pedro Sánchez para la formación de un gobierno «monocolor», en solitario; esto significa que no se ofrecerá ningún espacio de responsabilidad a los de Iglesias.

Será Adriana Lastra quien negocie con Podemos la «necesaria cooperación» que ha de darse. Será mañana, martes, cuando tenga lugar la reunión con Podemos.

Navarra: gobierno socialista con el apoyo del independentismo y soberanismo

Terminábamos la semana pasada con la noticia sobre el gobierno de Navarra, que previsiblemente obtendrá los apoyos necesarios para que lo encabece el Partido Socialista de Navarra, con el apoyo de formaciones soberanistas e independentistas progresistas. Y por su parte, el Secretario General de EHBildu, apuntó durante el fin de semana también que desde su formación no tiene intención de obstaculizar gobierno a los socialistas (refiriéndose a Sánchez).

Cataluña: la confrontación entre independentistas podría llegar a su fin

Cataluña es un punto fundamental del panorama político actual: la resolución de la situación, tanto desde la perspectiva del gobierno de España, como desde la de los propios líderes independentistas y soberanistas definirá el futuro, tanto inmediato como a medio y largo plazo.

A nivel electoral, el independentismo ha aumentado apoyos que dieron fuerza y mantuvieron la tensión hasta que, siempre en términos electorales, las principales fuerzas independentistas se presentaron por separado a las elecciones. Concretamente la ruptura se intuía ya desde el 21 de diciembre, aquellas elecciones impuestas desde Madrid, a golpe de 155CE, en las que JunsxCat y ERC decidieron presentar listas diferentes. Los resultados para ambas candidaturas fueron positivos, quedando ligeramente vencedora la lista encabezada por Puigdemont. Sin embargo, el hecho de presentarse de este modo sirvió para que Arrimadas pudiera arrogarse el título de ser la «lista más votada». Aunque no de haber ganado las elecciones.

Desde aquel momento, no ha resultado sencillo unificar posturas: mientras el PDeCat ha sufrido su «regeneración» interna -donde Puigdemont tomó el timón del partido a pesar de estar en el exilio-, ERC ha quedado con su presidente en prisión y su Secretaria General en el exilio, JusxCAT ha planteado un proyecto que va más allá del concepto habitual de partidos políticos (y todavía no ha terminado de germinar), y la represión que han venido sufriendo (prisión, exilio) finalmente han pasado factura.

Es cierto que hasta las últimas elecciones, aunque había distancia entre las formaciones políticas, procuraron ser prudentes y poner como nexo el objetivo: república catalana, derecho de autodeterminación y mantener, sobre todo, el espíritu del 1 de octubre del 17, momento en que las metas iban más allá de siglas y de bandos ideológicos.

Sin embargo, a pesar de los múltiples intentos que se han dado para procurar unificar en un proyecto político que mantenga el pulso al estado español, que persista en la convicción de la celebración de un referendum, desde ERC se mostraron reacios en todo momento a juntar proyectos políticos. Entendían que se sumarían más votos si quedaba clara la diferencia de formaciones.

Previamente a las últimas elecciones hubo estudios que señalaban a una victoria en la práctica totalidad de los municipios de Cataluña si se apostaba por presentar listas conjuntas desde el independentismo y el soberanismo. Intentaron llevarlo a cabo, y en algunos municipios se ha conseguido, a pesar de que en la mayoría de los casos no ha sido así.

Y llegados los resultados electorales, se ha podido ver cómo se ha querido repartir el apoyo entre unas formaciones y otras dependiendo de si el ámbito era regional, local o europeo.

Después de contados los votos, al llegar la formación de gobiernos, las distancias se han hecho todavía más evidentes. La batalla que se dió en el Ayuntamiento de Barcelona ya mostraba sin tapujos las tensiones reales entre ERC y JunsxCAT. Y la guinda vino a ponerla Valls, dándole el salvoconducto a Colau para no crear un gobierno que apostase por sumar con el independentismo.

Elsa Artadi ha reconocido, en este sentido, que «el independentismo está más fracturado que nunca». Y es evidente. La confrontación pública surgida a raíz de haber dado al PSC la diputación de Barcelona, por decisión de JunsxCat ha sido la gota que colmó el vaso. Tras una reunión con los principales líderes de la formación, la hoja de ruta se enfoca hacia hacer un giro, a terminar con la confrontación entre independentistas.

Como respuesta a la indignación de ERC, el conseller de Territorio y Sostenibilidad, Damià Calvet planteó revertir todos los pactos que se han cerrado después de las elecciones con los partidos del 155 (refiriéndose al PSC). Por su parte, el portavoz de ERC y vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, ha ofrecido la presidencia de la diputación a JunsxCat para que «la tercera institución del país quede en manos independentistas».

Desde el PSC avisan de no querer un «Santa Coloma de Farners II». El secretario de organización, Salvador Illa ha querido mostrar plena confianza en que JunsxCat respetará los acuerdos alcanzado y ha criticado la propuesta de ERC.

Madrid: simbólico acuerdo con 155 puntos entre Ciudadanos y PP

No han sido 154 ni 156 las medidas acordadas. Han sido 155, en claro recordatorio del artículo de la Constitución por el que abogan las formaciones de derecha españolas.

Desde Vox, consideran vergonzoso el acuerdo  (porque se quedan fuera) y Abascal estaba pidiendo en los últimos minutos una reunión con Casado y Rivera. Y es que, la formación verde de ultra derecha hará valer sus votos, ya que son imprescindibles para que salga adelante la investidura de la derecha.

Por el momento, siguen sin presentar un candidato para la investidura que tendrá lugar en dos días: ninguno de los candidatos (Isabel Díaz Ayuso por el PP y Ángel Gabilondo por el PSOE) reunen los apoyos suficientes.

 

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