Está afeitándose Panizo, Javier Panizo, esa bestia que se sueña inteligente, diferente ¡y hasta coherente! Él, el ingenuo que se sueña genio, ese pobre piernas que está seguro que pasará a la historia y conquistará la inmortalidad, porque se le ha pasado por la cerebelia una teoría: Las Carpetas del Tiempo; aunque ni él la comprende muy bien, y por lo tanto nunca ha sido capaz de escribirla entera… No importa, algún día lo hará. Está afeitándose, recordemos.

Ah Panizo Ah El Tiempo Ah Afeitarse… afeitarse en pelotas delante de un espejo, los pies grandes como palas de pato bien asentados en el suelo, relajado, injustificadamente contento, indiferente a que su espalda, y también reflejándose en el juego de espejos, pasen niños, ancianos, jóvenes y -estamos en los vestuarios de un club- ningún perro.

En suma, y vamos de una vez al cuento, está afeitándose Javier Panizo y como no piensa demasiado, está -como ya he dicho- injustificadamente contento; de repente se mira los rizos y decide que puede recortarlos un poco con la cuchilla de afeitar de triple hoja. ¡Vamos a ello! Zás zis zos zuuus. Se va animando, pero ¡qué tontería es eso de ir a la peluquería! Sin ningún esfuerzo y con absoluto arte se está cortando él mismo el pelo. Baila la maquinilla de afeitar feliz entre sus dedos. Y entonces sucede. La cuchilla. El pelo. El espejo. Esa mancha blanca. No es una mancha. No es pelo. Es un agujero blanco en el mapa del cuero cabelludo y ¡cómo lo tapo yo ahora padre mío no hay ninguna manera de hacerlo! Pero como está de buen humor se ríe, bah, no será para tanto. Y al primero con el que se topa en la ducha se lo cuenta.

-Mira Jose, mira que trasquilón me he hecho.

Esas cosas se dicen para que el interlocutor responda que no tiene importancia, que ni se ve, que seguro que no será para tanto.

-Eso no tiene importancia, ni se verá, seguro que… a ver. ¡Dios mío, muchacho que estropicio te has hecho!

Y a Panizo se le encoge el corazón, y también los huevos -lo cual, estando en una ducha y en canicas, es de lo más molesto. Pero se ríe, aunque ya nada le hace gracia. Se ríe y se refugia bajo el chorro de la ducha. La lluvia controlable a voluntad, la lluvia caliente, templada, ¡fría de repente y me cago en todos sus muertos!

Cuando por fin sale de la ducha intenta ponerse de perfil para que no se le vea el pedazo de agujero en el bosquecito de cabellos. Entonces Jose, el mismo a quien ha enseñado unos minutos antes el estropicio se acerca con expresión confidencial y cómplice, y le susurra al oído:

-Cómo se decía antiguamente: burro trasquilado a la semana igualado.

Un burro. Panizo es un burro. Panizo nunca ha tenido una relación próxima con un burro. Lo de Juan Ramón Jiménez nunca lo comprendió y siempre le pareció un exceso. Y sin embargo…., sin embargo basta con que escuche la palabra burro, el pobre burro trasquilado, trasquilado como él, para que se inunde su corazón de amor por todos los pollinos que en el mundo han sido. E inmediatamente una tristeza enorme por no haber tenido nunca un burro, por no haber acariciado las orejas de miles de burros, hablarlos, montar sobre sus lomos, descubrir su olor que seguro sería como una colonia de niños; si hay que creer lo que escribe JRJ sobre su blandiblup Platero.

Y sale del club, desconcertado, desconociéndose a sí mismo, odiando la época que le ha tocado vivir, la ciudad que le rodea donde la naturaleza y los animales son apenas adornos en los que casi nadie se fija. Un burro, debería comprarse un burro. Irse a vivir al campo. Mirar al noble rucio cada día y escribir sobre él. En fin, montañas de estúpidos pensamientos que utiliza como maraña para no pensar en lo torpe e idiota que es, ¡mira que hacerse un trasquilón en el pelo!

 

(LA JAVIER PANIZO COLLECTION. Descubrí a Panizo, Javier Panizo, ensayista y profesor, una noche cuando ya empezaba a no poder más con el desafío del cuento diario, aunque sólo era el día 12 de El Año del Cazador. Estaba Javier dentro de mí, agazapado y crecientemente molesto con mi pretencioso proyecto: se parecía a mí, aunque con el pelo rizado y más bien rubio y ojos azules de huevo, siempre sonriendo; perfecto pretexto para reírme de mí mismo. La Javier Panizo Collection o The Javier Panizo Collection debe su nombre a las colecciones Primavera-Verano que hacía el fotógrafo Jorge Rueda en la revista Nueva Lente satirizando el efímero mundo de la moda. De El Año del Cazador ha sido Panizo el personaje que más popularidad ha logrado y también, creo, el que protagoniza un mayor número de cuentos. Es un piernas y es un pobre tipo, y casi siempre está contento. Aquel primer relato, el 12 de El Año del Cazador lo titulamos, Panizo y yo:
UNA MUJER EN LA VENTANA
Hay una mujer en la ventana, de espaldas, a punto de desabrochar el corchete de su sujetador negro, y Javier Panizo maldice su suerte, su mala suerte, porque la noche anterior los cristales de sus gafas se hicieron añicos al estrellarse contra el suelo y el oftalmólogo le ha indicado que no utilice sus lentillas al menos durante cuarenta y ocho horas para así poder graduar con precisión las dioptrías, más de seis en cada ojo, que deberán llevar las nuevas lentes, por lo que en el presente momento la visión de nuestro héroe es claramente borrosa y deficiente.
Aún así Javier, orgulloso de ese instinto que le permite localizar a una mujer desnudándose incluso en su actual condición de tientaparedes, se apresura a cruzar la calle, desierta pues son las tres de la mañana y estamos en la apacible y quieta ciudad de Murcia, con el pulso acelerado y los párpados guiñados hasta conformar la más estrecha de las ranuras posibles, fantaseando con la posibilidad de acercarse lo bastante a la ventana como para alcanzar a distinguir los pechos de la mujer, que ya imagina grandes y blancos, anubados, cuando ésta se gire, porque seguro que se girará, tras haber interrumpido con un indiferente movimiento de dedos la sugerente línea negra que dibuja en su espalda el tirante del sujetador negro. Está sólo a un metro de distancia, el corazón burbujeante, el cuello alargado como en la facilidad de un sueño, cuando comprende que la negra línea del sujetador no es tal, sino parte de un dibujo. Un dibujo que representa a un hombre ciego con un bastón. Y lo que está mirando no es una ventana, sino un cartel retroiluminado de la Organización Nacional de Ciegos, la Once.

Pequeño Funeral


(Javier Puebla es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito todos los días durante un año un cuento o relato literario: El Año del Cazador, una suerte de novela neurológica que sólo puede conseguirse completa y editada en papel solicitándosela directamente al autor a través de Twitter, Instagram o Facebook, o en el correo elcazadordecuentos@javierpuebla.com

Esta Suite que se está publicando en Diario16 y que en principio se prolongará durante 33 días está inspirada por el deseo de recuperar el espíritu y la forma de observar la vida con unos ojos distintos, ojos de Cazador de Cuentos, y es también un exponerse ante el mundo, un “aquí estoy, aún estoy aquí y tú puedes verlo y compartir conmigo este imprevisible juego”.) Día 13.

 

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(Mecanografía: LF)

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