Viendo las reacciones por parte de los políticos «constitucionalistas» cualquiera pensaría que efectivamente lo son. Defensores de ese texto que consagra la igualdad ante la ley, el respeto a los principios fundamentales del Derecho, el cumplimiento de las normas internacionales…. etcétera etcétera, están demostrando que en realidad lo de ser «defensores de la Constitución» era lo que algunos siempre hemos dicho: fachada y relato, pura pose. Porque lo único que le importa a todos estos que llevan dos días escupiendo barbaridades, es mantener sus «chiringuitos». ¿Cómo se traduce esto?

Sencillamente España ha sido (y es) un entramado de chiringuitos, de «pa’quí pa’llá» superpuestos que ha contado durante décadas con el conchabeo, la complicidad y el compadreo de clases de distinto tipo: políticos, empresarios, y colegas dentro de las distintas administraciones públicas. Periodistas, cadenas informativas y grandes empresas. Cada uno cumpliendo su función para que la rueda siga girando.

Pongamos un ejemplo (por supuesto imaginario): el de aquella familia de señoritos que, a raíz de un golpe de Estado (lo que ellos llamarán el «Glorioso alzamiento») se dedicaron a arrasar con todo lo que pudieron. Le quitaron las tierras al «rojo comunista», aprovechándose de un sistema de denuncia anónimo, por el cual, a ese vecino al que se la tenían jurada (a veces por pura envidia), le enviaban a una cuneta, o a la cárcel o al exilio. Y se quedaban, por vía de expropiaciones y lo que fuera menester, con las tierras, las propiedades, el dinero contante y sonante. El golpe de Estado de los nacionalistas españoles en 1936 trajo consigo asesinatos, violaciones, procesos «judiciales» aberrantes, y el empobrecimiento de los «sometidos». A los que defendieron al república o les acusaron de ello, les dejaron absolutamente en la ruina. Y a partir de ahí otros construyeron sus emporios. Bastaría con revisar la Historia de algunas empresas que hoy son tan punteras en nuestra economía.

Pasan los años, viviendo los «vencedores» en un sistema -la dictadura franquista- que les enriquece continuamente: a través de leyes creadas para ellos, de expropiaciones y regalos que caen en sus manos como «agradecimiento a los servicios prestados». Piensen en Queipo de Llano y la finca que le regalaron. Un sencillo ejemplo entre otros tantos que nunca han sido depurados.

Llegó la «transición», por la cual, se abría el pastel a algunos más, de manera controlada, y sobre todo, con la condición de no revisar nada de lo sucedido anteriormente. Básicamente porque como todos los emporios, fincas y bienes se heredan, las sagas familiares han mantenido su control, sus posesiones y su poder. Y una vez abierta la nueva fase «democrática», se encargaron de dejarlo todo «atado y bien atado», a través de un sistema en el cual, los poderosos no verían peligrar aquello que habían ido almacenando durante la dictadura. Para ello, se han ido colocando en cargos políticos (algunos llevan ya casi el mismo tiempo que duró la dictadura sentados en escaños); otros en la administración de justicia -basta con revisar algunos escándalos recientes que ha protagonizado la hija de algún juez para ver cómo funciona esta casta-. Se hacen sus leyes, se las interpretan y además, tienen los medios de comunicación también dentro de su «haber». Para ello, basta con revisar quiénes son los propietarios de los principales canales de comunicación de este país y hacer un recorrido por la historia. Son precisamente los emisores de propaganda, que fundamentalmente consiste en que no se hable de sus socios, que no se destapen sus escándalos y que se haga creer a la opinión pública que los problemas que tiene esta sociedad son unos cuando en realidad son otros que quedan bien protegidos.

Su manera de actuar, la del amiguismo, clientelismo, la de la trampa en su beneficio como norma, se ha extendido de tal manera que al final ellos mismos creen que es así como se hacen las cosas. Porque «usted no sabe con quién está hablando» es el lema para este tipo de gente que controla los hilos.

Y claro: en Europa están muy ocupados haciendo cosas. Entre otras, inyectándonos pasta durante estos años para que pudiéramos incluirnos en un sistema capitalista donde España ha puesto alfombras rojas a los poderosos, donde ha perdido aquello en lo que tenía potencial para ser sostenible: pesca, agricultura, energías renovables… Pero lo ha hecho manteniendo el mismo sistema: basta con revisar a quién van a parar los millones de ayudas y subvenciones europeos, y no tardarán mucho en encontrarse a estas familias de nuevo, a estos grupos de amiguetes que se las saben todas para recibir dinero a costa de nada.

Sin embargo, Europa no era solamente una manguera de dinero. También conllevaba otras cuestiones que a España le han interesado más bien poco (normal): la justicia independiente (o al menos más que otras), que ha ido marcando un camino por el que sus estados miembro debían transitar. Y a España siempre le ha costado transitar esos caminos, porque suponían tener que tomar medidas incómodas que cabrearían a los que verdaderamente son Dueños de España  (y olé).

Esos mismos son hoy los que dicen que Europa es una vergüenza, que está contra España y su soberanía (¿de qué soberanía hablan cuando España forma parte de una comunidad superior en la que ha delegado precisamente ciertas competencias para un beneficio común?). Ah, no: Europa molaba cuando nos daba pasta, porque éramos los pobrecitos españoles. Ahora que Europa nos da un bofetón con la mano abierta por saltarnos a la torera (y nunca mejor dicho) los procedimientos que garantizarían un sistema independiente y objetivo, ahora es cuando Europa odia a España.

La reacción de González Pons, Dolors Monserrat, Santiago Abascal, y tantos otros comentaristas que están intentando hacer la cuadratura del círculo para no tener que reconocer que en España se hacen algunas cosas muy mal, está siendo realmente digna de ver. Como escuchar a Losantos soltar espumarajos, insultando a los tribunales europeos. Ahora proponen poner fronteras de nuevo, salirnos de Schengen, incumplir sentencias injustas. Ver para creer. Son ellos, esos de los que les vengo hablando, los que ven peligrar sus chiringuitos, esos que tienen desde la cuna, desde sus padres, desde sus abuelos. Lo que tienen es lo que son y no están dispuestos a que nada ni nadie se lo cuestione: por eso hablan de honor, de dignidad patriota y de tantos conceptos lejanos a la justicia real y a la transparencia.

El bofetón no van a ser capaces de encajarlo. Porque no les interesa. Porque tendrán que desviar la atención para criticar cualquier cosa, no vaya a ser que su castillo de naipes se desmorone y vean cómo, de redactarse leyes realmente justas para la población y aplicarse sin interpretaciones torticeras, su situación de privilegio se desvanecería.

 

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre