Vamos a decirlo lisa y llanamente: la gestión del gobierno del señor Sánchez en toda esta Crisis ha sido un total y absoluto desastre. Que con toda probabilidad la oposición no lo hubiera hecho mucho mejor no es excusa ni es consuelo. Ha sido una catástrofe total.

En primer lugar, si se hubiera tomado la decisión de cerrar una semana o diez días antes, si no se hubieran permitido las manifestaciones masivas, el fútbol, las celebraciones y demás, hoy tendríamos, como indican varios estudios, un 60 % de casos y de muertos menos. Que no se sabía es una majadería sin paliativos: se estaba viendo lo que sucedía en Italia si no se quería ver lo que había sucedido en China, y los avisos de la OMS eran evidentes. Por no hablar de que los profesionales sanitarios estaban desesperados ante la inacción del Gobierno y de sus expertos de la nada. Hoy tenemos más de 25.000 fallecidos oficiales, probablemente más de 30.000 reales, el equivalente  a como si una ciudad como Teruel hubiese sido arrasada por las bombas o a que se hubiesen estrellado 150 aviones.

Pero es que después de que estallase la Crisis del Coronavirus, la gestión ha continuado siendo un total desastre. Tenemos el record mundial de porcentaje de personal sanitario infectado, personal al que se mandó a primera línea sin protección y sin nada. Tenemos el nauseabundo escándalo de los ancianos a los que se les ha dejado morir en las residencias o en sus casas y en que en la mayoría de las ocasiones no se ha permitido su traslado a hospitales. Tenemos el lamentable protocolo de la falta de test y de quédate en tu casa, toma paracetamol y luego ya, si están muy malito, vente para el hospital. Y mientras a los políticos bien que se les ha hecho test desde primera hora. Tenemos la compra fallida de material. Tenemos la penosa situación de que a estas alturas se sigue racaneando la realización de test a personas con síntomas, mientras los fabricantes españoles tienen un millón de test listos. Tenemos, tal vez una de las más tristes consecuencias, un falangista cierre de filas por parte de los opinadores afines, aspirantes a carguitos y carguetes, que no han dudado en tildar de facha, de irresponsable y de cualquier cosa al que planteaba la más mínima duda o discrepancia. Y por acabar: tenemos una lamentable negociación con la Unión Europea, donde hemos abandonado la posición común con Italia, y que se traducirá en brutales hachazos y recortes.

Por buscar algo positivo. La gestión de Ximo Puig, que me ha sorprendido por su templanza y sentido común. Esperemos que dure.

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