Armenia ha perdido aproximadamente más del 60% de los territorios que ocupaba a Azerbaiyán desde la primera guerra del Cáucaso (1991-1994), habiendo tenido que devolver la “franja de seguridad” que rodeaba al disputado enclave de Nagorno Karabaj y algunos territorios del mismo  que le fueron arrebatados por los azeríes en el campo de batalla, como la emblemática ciudad de Shushi y numerosos pueblos y aldeas.

Las razones de la derrota de Armenia en la reciente guerra del Cáucaso tienen mucho que ver con la superioridad tecnológica y técnica de Azerbaiyán en los campos de batalla junto con el factor sorpresa. Esta victoria azerí, con humillantes concesiones por parte de los armenios, tiene consecuencias geoestratégicas bien claras, como el reforzado papel que obtienen Turquía y Rusia en la región.

Azerbaiyán se había armado hasta los dientes en los últimos años, aprovechando su bonanza económica a merced de su potente industria petrolera y sus buenas relaciones con Rusia, Turquía e Israel, y estaba bien preparada para la guerra. Los azeríes habían comprado para librar esta batalla contra los armenios helicópteros T129 turcos, aviones F-16, 36 sistemas Smerch rusos, varias baterías de Polonez bielorrusas, drones de última generación Bayraktar TB-2 fabricados en Turquía,  21 T-300 Kasirga también turcos y misiles balísticos israelíes LORA, un ingente material listo para una guerra quizá de larga duración y destinada a recuperar unos territorios que siempre ha considerado suyos, aunque le fueran entregados injustamente y sin ningún criterio racional y étnico en los años veinte del siglo pasado. 

Otro aspecto fundamental en este conflicto, y novedoso también, ha sido la integración del apoyo de fuego terrestre y los drones, que cobran gran importancia en la guerra moderna, algo que ya se había probado con suerte en Siria por casi todos los bandos en liza. El periodista argentino Leo Moumdjian habló con varios soldados implicados en la breve contienda, quienes le contaron que muchos militares armenios murieron sin llegar a las trincheras porque sucumbieron al ataque de drones silenciosos. Según relata el argentino, para los soldados en las trincheras no había enemigos: solo ataques con drones, cuya efectividad quedó demostrada en esta guerra y que seguramente marcará un antes y después en la historia de los conflictos bélicos.

«En el inicio de la guerra entre Armenia y Azerbaiyán, en septiembre de 2020, estuvo implicada Turquía. El apoyo del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, a Azerbaiyán fue esencial. En julio de 2020, el mandatario turco subrayó durante su discurso que Turquía estaba llamada a terminar con el trabajo que iniciaron sus ancestros», asegura el periodista argentino Leo Moundjian, textigo del conflicto entre azeríes y armenios por anexionarse el enclave de Nagorno Karabaj

Pero también Israel ha tenido un papel muy destacado en la guerra, dotando de sofisticados drones a las fuerzas de Azerbaiyán, como las municiones israelíes de “holgazanería”, o los llamados “drones kamikazes”, que han  estado en un primer plano en este conflicto. A diferencia de otras líneas de sistemas aéreos no tripulados, los “drones kamikaze” llevan una ojiva inclinada sobre la plataforma. 

Armenia desarrolló una guerra convencional, con menos medios técnicos y tecnológicos, mientras que Azerbaiyán gozaba de una ventaja tecnológica clara  y combinó la guerra con drones con una sólida capacidad de combate; la campaña ofensiva ha tenido que utilizar conceptos y armamento tradicionales para mantener los territorios ocupados. Fue una guerra abrumadora  de desgaste impulsada por aviones no tripulados junto con otros elementos de la guerra convencional, como tener la capacidad para limpiar, mantener y denegar territorios al enemigo como factores cruciales en la batalla. Así las cosas, y ya perdida la contienda, Armenia tuvo que aceptar unas duras condiciones para evitar una derrota mayor y la conquista de todo el territorio del enclave de Nagorno  Karabaj por parte de los azeríes, algo que hubiera supuesto un revés mucho más grave del ya sufrido.

Fuerzas de paz rusas para el incierto futuro para Nagorno Karabaj

El acuerdo firmado entre las tres partes, pues Rusia es garante de los mismos, prevé un una unidad de mantenimiento de la paz de supervisión de lo rubricado. De esta forma, Rusia seguirá manteniendo su capacidad de influencia en la región del Cáucaso y vuelve a mostrar a las claras que es el único actor que puede presionar a las dos partes para que cesaran sus combates, aunque ha quedado claro que su apoyo a Armenia tenía ciertos límites y que, a última hora, dejando a los azeríes avanzar casi sin resistencia sobre el territorio controlado por los armenios, Moscú no movió sus fichas por evitar la humillante derrota de Armenia en el campo de batalla.

Aparte de estas consideraciones, hay que reseñar que el acuerdo tiene una vigencia de cinco años, en que se retirarían las fuerzas de pacificación rusas si una de las partes lo solicita, lo que implicaría, previsiblemente, que Azerbaiyán pudiera iniciar una nueva guerra por recuperar los “restos” del enclave todavía en poder de Armenia si Moscú retira ese contingente militar, y la vulnerabilidad de Nagorno Karabaj quedaría al descubierto. 

Consecuencias geoestratégicas de la derrota de Armenia

En términos geoestratégicos, hay que reseñar que los acuerdos fortalecen el papel de Rusia en el Cáucaso, que tendrá la llave para evitar la guerra en la región, y que seguirá contando con una gran capacidad de influencia en ambos países, a los que, paradójicamente, ha vendido armas en los últimos años. La tradicional solidaridad de Rusia hacia Armenia, fortalecida porque ambas naciones son cristianas, se ha visto resquebrajada por el nulo apoyo de Rusia a la causa de este país en Nagorno Karabaj. Pero, a cambio de esa cesión coyuntural a los azeríes y a los turcos, Rusia contará con una base militar desde la cual controlar el proceso de paz, seguirá contando con el apoyo de Armenia, que tras la crisis se vuelve más dependiente  de Moscú por razones obvias, controlará el corredor de Lachin que comunica a Armenia con Nagorno Karabaj y mejorará sus relaciones con el mundo musulmán, muy deterioradas desde la carnicería perpetrada por los rusos en Chechenia.

Mientras que Rusia sale reforzada de la crisis, Turquía se apunta un tanto a su favor y un gran triunfo de su principal aliado y socio en el Cáucaso, Azerbaiyán, claramente victorioso en esta guerra.  Incluso ya se está hablando de una supuesta base militar turca en Azerbaiyán, constituyendo un desafío para Rusia, toda vez que significaría el interés de Ankara por disputar el liderazgo de Moscú en el espacio postsoviético. 

En lo que respecta a Erdogan,”para Turquía, la guerra en Karabaj fue una vitrina en la que se exhibió el creciente papel de Ankara en el estratégicamente importante Cáucaso meridional. El ejército turco abasteció, entrenó y apoyó al victorioso ejército de Azerbaiyán. Algunos informes sugieren que oficiales turcos desempeñaron un papel clave dirigiendo ataques con drones que desempeñaron un papel decisivo en este conflicto, aunque Ankara lo ha negado”, apuntaba una nota de la cadena británica BBC al referirse a este asunto. 

Ankara puede exhibir su éxito en esta guerra del Cáucaso. Gracias a su rotundo apoyo político a Bakú y a su inestimable y moderna ayuda militar, el ejército azerí ha recuperado desde el sur una parte de los territorios que servían de tapón a la autoproclamada República de Artsaj y también la emblemática ciudad de Shushi, cargada de un enorme significado para todos los armenios. Pero en esta guerra tampoco Azerbaiyán sale bien parada, como señala el ya citado Moumdjian: «Los armenios en aquella guerra han perdido territorios, pero los azerbaiyanos han perdido soberanía porque hemos visto cómo Erdogan se ha hecho de la mano de obra de Azerbaiyán y de su soberanía para seguir extendiendo». Turquía gana el acceso al mar Caspio y determinará, en gran medida, la agenda de la diplomacia azerí en los próximos años. El Cáucaso queda, pues, en manos de Ankara. 

Luego está Israel, que ha traicionado su tradicional solidaridad con el pueblo armenio a cambio de algunas ganancias en su guerra no declarada contra Irán, su principal enemigo declarado en la escena internacional, y ha armado hasta los dientes, incluyendo asesores y oficiales de inteligencia, a Azerbaiyán. Hay registros satelitales de aviones que volaban de Turquía, Ucrania e Israel, triangulando, y sus vuelos terminaban en Bakú. Pese a que ambos pueblos comparten sus respectivos genocidios, Israel no quiso desaprovechar la ocasión de que Azerbaiyán tiene límite con Irán y este país sigue siendo, al día de hoy, el «gran satán» de Israel. Y después de la guerra, los israelíes eliminaron a uno de los artífices del programa de la bomba nuclear en Irán. La inteligencia israelí en aquel momento estaba en Azerbaiyán. Estaba muy cerca del enemigo y todos esos «juegos», en términos geoestratégicos, se estaban dando en ese mismo momento y al mismo tiempo.

Finalmente, la gran derrotada en esta corta guerra, Armenia, pierde la “franja de seguridad” que protegía a Nagorno Karabaj y la comunicaba con el territorio armenio, numerosos territorios en este enclave, incluyendo una buena parte del patrimonio histórico de los armenios, como iglesias y monasterios con un gran significado espiritual para este pueblo, y su capacidad defensiva frente a los azeríes, que ahora tienen los cinco años que duran los acuerdos para rearmarse y prepararse, quizá, para la ofensiva final que les permita recuperar todos los territorios de este emblemático enclave, aspiración final de esta guerra no concluida. Armenia debe aprender que el tiempo de las guerras convencionales ha pasado y quesin sensores adecuados, cobertura de guerra electrónica y armamento contra drones, las unidades terrestres tradicionales están en problemas y pueden ser derrotadas fácilmente, tal como aconteció en este breve pero contundente conflicto. Pero también los armenios tienen que tejer nuevas y más sólidas alianzas porque este conflicto mostró a las claras sus debilidades en sus relaciones internacionales porque «el apoyo de Turquía fue esencial para ganar esta guerra por parte de Azerbaiyán. Sin Turquía esto no hubiera pasado», sigue señalando el periodista argentino Moumdjian. Armenia, en resumen, se quedó sola y el tímido apoyo de Irán y el silencio de Rusia no sirvieron para ganar la batalla final.

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