Es muy difícil contentar a todo el mundo, y en política mucho más. Sin embargo, es muy fácil lograr una decepción absoluta y eso es lo que le está ocurriendo a Donald Trump con las reformas que tiene preparadas para el control de armas en Estados Unidos, sobre todo tras los últimos tiroteos múltiples.

Por un lado, los demócratas consideran las reformas se quedan cortas porque no incluyen sus exigencias. Los republicanos, por su parte, son muy reticentes a modificar la legislación de armas por si eso afecta al lobby de las armas o a sus votantes. Ambos partidos comenzarán a lidiar con la legislación sobre armas de fuego cuando los congresistas regresen al Capitolio la semana que viene. El debate se prevé intenso y es probable que se desarrolle durante todos los meses que restan a 2019.

Las propuestas de Trump incluirán la aceleración de la pena de muerte para quienes realicen tiroteos masivos como los de este verano, la liberación de registros confidenciales sobre adolescentes con problemas a la base de datos de antecedentes y la exigencia al FBI para que notifique a las autoridades locales cuando un posible comprador de armas no realice la verificación de antecedentes.

En las reformas que pretende aplicar Donald Trump no se encuentra ninguna de las propuestas que los demócratas llevan defendiendo tanto en el Congreso como en la campaña de primarias, así como la verificación de antecedentes universales para la compra de cualquier arma.

Dentro de las propuestas que llegaron a la Casa Blanca se encontraba el proyecto de ley para aumentar las sanciones a los compradores de paja, es decir, a las personas que compran armas para otros a los que no tienen permitido hacerlo. Se espera que Trump apoye este proyecto, aunque, con este presidente, todo es posible.

También se prevé que Trump incluya acciones ejecutivas que aborden los videojuegos violentos y los tratamientos de salud mental.

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